Cambios obligados, cuando ya no hay margen para "hacer la plancha"

Por: Daniel Fernández Canedo

Apenas 48 horas antes, la Presidenta había descartado cambiar el Gabinete. La renuncia de Ricardo Jaime, anoche, dejó en claro que en los tiempos que corren las afirmaciones rotundas deben ser tomadas con pinzas.

Más allá de los motivos de su alejamiento, que hombres del Gobierno ligaron al avance de una causa judicial por el supuesto uso indebido de un avión, su salida implica quedarse sin el hombre que, entre otras cosas, negoció grandes contratos de servicios, subsidios al transporte, parte de las tarifas y la estatización de Aerolíneas Argentinas.

Jaime es un operador de máxima confianza de Kirchner y casi imposible de reemplazar en términos de lealtad kirchnerista. Anoche las versiones sostenían que el próximo en salir sería el secretario de Comercio. Guillermo Moreno ya no contaría con el aval del ratificado Julio de Vido.

El ministro de Infraestructura considera que la estrategia ríspida de Moreno con los empresarios pasó de moda y que ahora son tiempos de recomponer relaciones con los industriales.

La danza de rumores sobre posibles alejamientos alcanzó al ministro de Economía, pero allegados a Carlos Fernández dijeron que nadie le había pedido que se fuera.

Además de desatar una oleada de versiones sobre posibles cambios, la salida de Jaime desterró una idea que tuvo patas cortas: no hay margen para que el Gobierno haga "la plancha" en materia económica.

Pasadas las elecciones, la economía requiere de cambios importantes.

La fuerte caída del superavit fiscal de mayo, que fue de 85% respecto del año anterior, fue la señal más clara de la necesidad de correcciones.

Moderar el ritmo de aumento del gasto público era impensable antes de las elecciones.

El problema ahora es que el Gobierno deberá intentar bajarlo después de perder la elección y cuando los reclamos sectoriales irán en ascenso.

Las cuentas públicas proyectan un déficit de la Nación del orden los $ 15.000 millones a fin de este año.

Y a eso se le sumará un déficit provincial que en conjunto superaría los $ 12.000 millones y por el que muchos gobernadores triunfantes reclamarán auxilio a la Nación.

Además, en tiempos de reclamo, el campo presionará por una baja de las retenciones, la industria por un dólar más alto y la pelea por la CGT podría desembocar en una puja para ver quién logra mayores aumentos salariales.

Esos pedidos, por justos que puedan ser, chocarán con la necesidad real que tiene el Gobierno de aumentar la recaudación impositiva y bajar sí o sí el ritmo de aumento del gasto público. Es un dilema a resolver cuando la fortaleza política no lo ayuda.

La escasez de fondos en la caja quedó en claro anteayer, cuando el Tesoro se quedó con $ 3.000 millones de los más de $ 4.500 millones de las ganancias que había obtenido el Banco Central en su último balance. Los expertos dicen que sin esa partida, los números fiscales hubiesen terminado en rojo ya en junio.

Por otra parte, hay un esfuerzo oficial para dejar en claro que la Argentina podrá hacer muchas cosas en materia financiera menos quedar en cesación de pagos.

El Gobierno ya separó unos $ 7.300 millones de pesos de organismos oficiales que estaban depositados en el Banco Nación para comprarle dólares al Banco Central y pagar la deuda que va venciendo.

En agosto debe pagar US$ 2.300 millones de los Boden 2012 y para eso está dispuesto a rascar hasta el fondo todas las latas que pueda, para hacerlo puntualmente.

Pagar en término es importante pero no es suficiente. La Presidenta deberá dar señales claras sobre el rumbo que proyecta en materia económica y con qué colaboradores seguirá.

La suba de la soja en el mercado internacional brinda un marco favorable para hacer crecer las exportaciones y el sector externo.

Pero las acechanzas son muchas y la confianza es escasa. Hacer retornar al país los US$ 23.000 millones que se fueron en el último año para incorporarlos a la inversión y al consumo requerirá mucho más que el pago puntual de la deuda y el alejamiento de Jaime.

La salida de Guillermo Moreno, si se produce, permitiría pensar en algún cambio en un estilo de gestión que dio muestras de agotarse.

Atrás quedaron los tiempos de vacas gordas cuando la política, la economía y el crecimiento relucían. Ahora hasta la gripe A acecha a la actividad económica.

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