Los cambios en el Gabinete perfilan la interna macrista de cara a 2011

Nada es lo que era en el universo PRO.

Gabriela Michetti pensó que la querían correr de la Ciudad y aceptó con resignación su salto al Congreso de la Nación. No hace tanto: menos de medio año. Hoy siente que se sacó la grande. "Gaby mira todo por TV", la describió un amigo y actual funcionario que trabaja para verla en el sillón de Macri

El azar hizo que el escándalo del espionaje se destapase con ella afuera de la vicejefatura. Pero arrastra dos problemas: muchos creen que "se borró" a la hora de defender la gestión en los medios y recuerdan cada tanto su performance electoral, que aún despierta cuestionamientos rumbo a 2011. Hasta Macri dijo en reserva que está por verse su postulación.

Curioso también el caso de Horacio Rodríguez Larreta. Su falta de carisma no le impidió nunca aspirar, al igual que su enemiga interna, a suceder a Macri. Le encanta que lo manden a medir. Se ilusiona cada vez que sube algún punto en el conocimiento de los porteños. Larreta pensaba que la caída de Michetti, con quien recrudece su pelea en estas horas de cambios en el Gabinete, lo potenciaba. Pero ahora él también cae: su presencia ha perdido vigor, hasta el propio Macri lo acusó delante de tres ministros de hacer operaciones en los medios. Los macristas que no lo quieren superponen su figura con la de Alberto y Aníbal Fernández. "A Macri le entran todas las balas. A Cristina no", lo zarandean.

Y encima bajaron a su delfín para Educación, Esteban Bullrich, nombramiento al que se opuso con diplomacia Michetti. La diputada lo niega, pero tres fuentes de PRO lo confirman.

A los dos les asoma tímidamente como rival interno Diego Santilli. El flamante ministro de Espacio Público y Medio Ambiente llega con aires de exhibir perfil propio. "El Colo es el Colo", dijo alguien que lo conoce bien, como para marcar la cancha de entrada. "Además es peronista. Ama el poder". Toda una definición.

Como si no faltaran aspirantes y discrepancias, el secretario general del Gobierno, Marcos Peña, hace su labor con mesurado perfil y genera más de una vez la envidia de sus compañeros de ruta. Un ejemplo: se había pensado en él como opción para las elecciones pasadas. "Si se va Marcos, pierdo una pierna", resumió el jefe en el momento de la verdad. Peña tiene el despacho pegado al de Macri y almuerza con él varios días a la semana. Es uno de sus confidentes predilectos en las sobremesas. En una de esas charlas, Peña tiró el nombre de Abel Posse cuando todo parecía cerrado con Bullrich. "Sumó un poroto", se oyó en Bolívar 1.

Macri se exalta cuando saltan a la luz las peleas. Sin ir más lejos, la semana pasada despotricó luego de una reunión de Gabinete porque Guillermo Montenegro había cuestionado a Eugenio Burzaco, quien aún no asumió en la Metropolitana. "Así no vamos a enderezar el rumbo", dijo un funcionario. Y vaticinó: "Así no habrá 2011 para nadie".

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