Cambios en la educación superior

Por: Juan Carlos Tedesco

DIRECTOR UNIDAD DE PLANEAMIENTO ESTRATEGICO Y EVALUACION DE LA EDUCACION ARGENTINA

En la medida en que el conocimiento es el factor fundamental en la dinámica del nuevo capitalismo, el mundo entero debate hoy cómo crear, apropiarse y distribuir saberes. La Argentina debe hacerse cargo de la importancia de esa discusión.

La necesidad de introducir cambios en la educación superior, acordes con los desafíos de construir una sociedad justa en el marco de un modelo de desarrollo basado en el uso intensivo de conocimientos e información, es motivo de debates en casi todos los países. La explicación es clara: en la medida que el conocimiento es el factor fundamental en la dinámica del nuevo capitalismo, la pugna por apropiarse de los lugares de creación y distribución del conocimiento están hoy en el centro de los conflictos sociales.

El primer punto a discutir consiste, por eso, en definir el carácter público o privado de la educación y el conocimiento. La reciente Conferencia Internacional sobre Educación Superior, organizada por la UNESCO, ratificó la importancia y validez de declarar a la educación y al conocimiento como un bien público. Esta declaración pone un freno a las tendencias que pretenden imponer la lógica del mercado en la producción y distribución de los conocimientos y brinda el marco político para las estrategias con respecto a financiamiento, gobierno de las instituciones, expansión, acreditación, certificación de títulos, ética profesional y científica y procesos de internacionalización, entre otros. Pero el carácter público de la educación obliga a que los conocimientos que ella produce y distribuye sean socialmente significativos. En otras palabras, que la educación sea de excelente calidad.

En segundo lugar, es necesario otorgar a la enseñanza superior un financiamiento dotado de garantías de continuidad. No se trata sólo de aumentar los recursos sino de brindar a esos recursos un carácter protegido de cualquier tentación de ajuste.

En tercer lugar, es importante definir regulaciones con respecto a los procesos de expansión. El desarrollo social y productivo del país requiere una población cada vez más educada, pero la expansión de la cobertura obliga a adoptar nuevas estrategias institucionales. La expansión tiene que estar asociada a la mayor diversificación de la oferta, que se adapte a la diversidad de los estudiantes pero también a las demandas de la sociedad. Para que esto sea posible, es necesario asociar la creación de nuevas instituciones y carreras a procesos de planificación, que permitan introducir perspectivas de mediano y largo plazo.

En cuarto lugar y estrechamente vinculado con lo anterior, es importante discutir los problemas vinculados a diseños curriculares, pedagogía universitaria, utilización de las tecnologías de la información y formación docente. Por un lado, es necesario atacar el grave problema del fracaso en los primeros años de estudio. Por el otro, hay que enfrentar los desafíos de la renovación acelerada de los conocimientos, que obliga a aprender a lo largo de toda la vida. Necesitamos enfocar este problema con políticas integrales, que involucren la formación docente, los títulos intermedios, la recertificación, las tutorías y una fuerte política de becas para los estudiantes más desfavorecidos. Asimismo, es fundamental otorgar mayores niveles de prestigio a la enseñanza en los primeros años de las carreras.

Particular importancia tiene en esta discusión el tema de la educación a distancia. Algunos piensan que esta es la solución al dilema de aumentar la cobertura con alta calidad y pertinencia. Sin embargo, la experiencia internacional muestra que la realidad es más compleja ya que la educación a distancia obliga a los estudiantes más desfavorecidos a realizar esfuerzos de autoaprendizaje muy importantes, para los cuales no están preparados. Es necesario definir pautas para la regulación de la oferta a distancia, que no frenen el dinamismo de esta modalidad pero que eviten fraudes o inversiones ineficientes.

Por último, el debate internacional muestra la importancia que ha adquirido la formación ética de los profesionales, científicos y técnicos. El uso de los conocimientos tiene hoy gran impacto social. El concepto de "responsabilidad social" resume esta preocupación y por eso es tan importante que se introduzcan en los planes de estudio la prescripción de realizar experiencias de aprendizaje que fortalezcan en nuestros universitarios valores tales como democracia, justicia social, respeto a los derechos humanos y cuidado del medio ambiente.

Nuestro país ya ha iniciado este debate. La Unidad de Planeamiento Estratégico de la Educación, recientemente creada en el ámbito de la Presidencia de la Nación, sumará sus aportes para que podamos llegar a acuerdos que brinden al país una ley y una política de educación superior que se constituya en un instrumento apto para enfrentar los desafíos del siglo XXI.

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