El cambio está vinculado con los enredos judiciales

Por Carlos Pagni

El alejamiento del Gobierno del secretario de Transporte, Ricardo Jaime, ha sido hasta ahora la única señal nítida de que Cristina Kirchner advirtió que, desde la derrota del domingo, hay costos que no podrá seguir afrontando.

La de Jaime fue una renuncia entre muchas. También Julio De Vido ofreció alejarse. Le habría sugerido lo mismo a Guillermo Moreno, quien prefirió hablar con la Presidenta. Anoche se especulaba con su inminente salida.

Sin embargo, la razón más evidente por la cual Jaime debió dejar el cargo no tiene que ver con la orientación de su gestión. La extensión de escandalosos subsidios a las empresas de transporte y la sospecha de que ese método dio lugar a infinidad de corruptelas; el acoso regulatorio y sindical a los concesionarios de Aerolíneas Argentinas para que entreguen la compañía, y la consecuente estatización de la empresa, que por añadidura dañó de manera irreparable las relaciones con España, eran razones suficientes para que la Presidenta se hubiera deshecho hace tiempo de este funcionario.

Pero, al menos hasta anoche, no había indicios para suponer que el reemplazo de Jaime representa un cambio de política. Juan Pablo Schiavi pertenece a la misma gestión y está a cargo de uno de los tantos emprendimientos apetecibles del oficialismo en el área de Transporte: el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, detrás del que esperaría un gran negocio inmobiliario.

La salida de Jaime es, antes que nada, estética. Sobre el secretario pesan varias causas judiciales difíciles de remontar. En especial una, sobre la que LA NACION informó con detalle: es difícil explicar de quién es el avión que utilizaba el secretario de Transporte como si fuera suyo. O, dicho con mayor precisión, comenzaron a aparecer informaciones, sobre todo por las infidencias de algunos pilotos, que dejaban demasiado en claro de quién es.

Los enredos penales de Jaime enemistaron a Néstor Kirchner con algunos jueces federales. Magistrados que habían asegurado un sobreseimiento fueron corregidos por la sala II de la Cámara Federal (Ballestero, Farah, Freiler) a la que apeló la fiscalía. El ex presidente había prometido que, en caso de ganar los comicios, se vengaría de ese -llamémosle así- malentendido con el juez que prometió la absolución. Pero para Diana Conti y Carlos Kunkel -garantes del oficialismo en el Consejo de la Magistratura- será cada vez más difícil hacer tronar el escarmiento. En el caso del exonerado de ayer, la oposición pedirá que no se lo deje salir del país. Presagios inquietantes para otros funcionarios con problemas en los tribunales.

La permanencia de Jaime en el Gobierno fue un motivo constante de discordia entre la Presidenta y su esposo. Los memoriosos aseguran que la única vez que los Kirchner discutieron a los gritos a la vista de terceros fue cuando estalló el escándalo de Southern Winds, una compañía subsidiada por Transporte que fue descubierta llevando una carga de cocaína entre la Argentina y España. "¿Hace cuánto te vengo diciendo que por culpa de Jaime vas a terminar preso?", gritó, desencajada, la entonces primera dama a su marido, mientras tres ministros escuchaban el cruce de palabras desde la antesala del despacho presidencial.

La Presidenta nunca aceptó el estilo de Jaime. Le molestó la sospechosa confraternidad del funcionario con varios empresarios del sector, algunos de los cuales hasta le proveyeron sus secretarias privadas. Y se quejó de detalles más superficiales: su propensión por las corbatas amarillas o los gemelos y las cadenas de oro, que lo convertían en una planta exótica, casi de los 90. Hasta el humor que -como buen cordobés- prodigaba en las tertulias enojaba a quien ayer lo expulsó. Sin embargo, Kirchner lo seguía sosteniendo.

Antes que Cristina Kirchner durante el affaire de Southern Winds, Hugo Moyano también soportó la predilección del ex presidente por Jaime. Entre la primera y la segunda vuelta electoral de 2003, el camionero había acordado con el senador santacruceño Nicolás Fernández la continuidad de Guillermo López del Punta, el secretario de Transporte de la gestión de Eduardo Duhalde. De Vido bendijo ese pacto, que volcaba a favor del kirchnerismo a sindicatos y empresarios que venían apoyando a Adolfo Rodríguez Saá. Se publicaron solicitadas y se hicieron aportes de campaña para sellar ese respaldo.

Sin embargo, Kirchner ignoró esas tratativas y designó a Jaime. Según varios testigos, Moyano montó en cólera, visitó a De Vido y le adelantó: "Así como volteamos al gobierno de De la Rúa con la historia de la Banelco, esperaremos a que se encuentren débiles para empujarlos a ustedes también". De Vido promovió, en ese clima inquietante, la primera reunión entre Kirchner y Moyano, de la que el sindicalista salió con el número de celular del ex presidente en un bolsillo y la designación como subsecretario de Jorge González, un dirigente de su gremio, en el otro. En la CGT alguien fantaseó ayer con la designación de González y explicó: "Es uno de los pocos eslabones disponibles para que los Kirchner mantengan la lealtad de Moyano a pesar de la derrota".

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