Hay un cambio de dirección pero no de roles

Por Hernán de Goñi

Que los nuevos consensos globales surjan de un nucleamiento como el Grupo de los 20 (el único que mezcla dueños de ostensible poder planetario, como EE.UU. y China, con inquilinos que tratan de rescatar su hipotecada economía, como la Argentina) es un dato que representa la aspiración de crear un nuevo rumbo, pero que no cambia los fundamentos del orden precedente.

Es cierto que los países desarrollados fueron el epicentro de la crisis, pero eso no les quitó ni poder ni recursos. El documento instaura un nuevo eje de dirección, en el que los antiguos socios del G-8 se reservan la capacidad de decidir qué se va a controlar y cómo. La industria financiera será sujeto de nuevas regulaciones, pero continuará como principal activador de la producción y el consumo. Su negocio no será tan secreto pero una vez que la economía se recupere, seguirá siendo un gran negocio.

El FMI, al que se acusó de miopía frente a la crisis, será el nuevo supervisor. Lo mismo sucedió tras los derrumbes bursátiles de Asia y Rusia, que en ese momento dieron lugar al G-20.

Los u$s 5 billones a inyectar hasta 2010 componen una meta muy poco transparente. Si ese es el marketing del nuevo orden, entonces aún manda lo viejo.

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