Cambio climático: ¿Hacia un nuevo mapa vitivinícola?

Un estudio revela el impacto en las viñas. En San Juan, el grueso de vides del valle Tulum sería perjudicado.
De mantenerse en el mundo el cambio climático, en las próximas décadas las zonas cálidas serían más calientes y las zonas frías, más cálidas, lo que podría generar un corrimiento de las zonas vitivinícolas en el país.

Esta es una de las conclusiones a las que llega la ingeniera agrónoma Carla Aruani, del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) en la primera parte de su informe Cambio Climático y Vitivinicultura.

"Si la temperatura sigue aumentando cambiará totalmente la industria en las zonas cálidas. Por ejemplo en la Patagonia, donde ya hay plantaciones, en futuro habrá nuevas zonas que se dediquen a la vitivinicultura porque si bien la temperatura hoy es fría, ésta aumentaría en los próximos años y las condiciones climáticas serían propicias. Claro, esto nos dejaría un nuevo mapa vitivinícola en el país, siempre y cuando lo que predicen los modelos sea verdad", dijo a DIARIO DE CUYO Aruani.

Por todo esto, asegura que los cambios ambientales producidos por el calentamiento global, "traerán consecuencias importantes en el manejo de los viñedos y en la producción vitivinícola de nuestro país".

Las proyecciones realizadas en base a modelos globales del calentamiento en el mundo, indican que esta tendencia al calentamiento continuará durante el siglo XXI junto con un aumento de la frecuencia de eventos extremos (olas de calor, sequía, granizo).

Por eso las zonas vitícolas de climas templados-cálidos, aquellas donde hoy se registra mayor calor, como el Valle del Tulum en San Juan (ver aparte), serán probablemente las más afectadas, ya que si la temperatura en esa zona aumenta más de lo "ideal", el proceso biológico de la planta se producirá más rápidamente y esto dará como resultado una acumulación acelerada de los azúcares y pérdida de acidez por respiración, produciendo vinos "sosos" y poco balanceados.

En cambio resultarán beneficiadas las zonas frescas-frías, donde los cambios hacia un clima más benigno generarían condiciones más propicias para la producción de azúcares, compuestos fenólicos (responsables del color de los vinos) y compuestos aromáticos, lo que aumentaría la calidad y variedad de esos vinos.

Más calor, más sequía, más pestes, heladas extratemporales, mayor temperaturas nocturnas (que disminuyen la productividad de la vid), menos nieve, mas lluvia y más granizo. El panorama del cambio climático de las próximas décadas no es nada alentador para la vitivinicultura. Sin embargo las perspectivas son buenas si se comienza a investigar y a trabajar desde ahora, según concluye el informe.

Los cambios

"Investigar, investigar, investigar", repite Aruani, para reforzar la idea de que de ello depende la supervivencia de parrales y bodegas en el país.

Pero, ¿investigar qué? ¿para qué? Aruani destaca que hay que estudiar en profundidad las nuevas zonas vitícolas, nuevas variedades -resistentes a las nuevas características climáticas-, nuevos estilos de vino y nuevas tecnologías.

Mientras tanto, sugiere como estrategias de adaptación, la contratación de seguros agrícolas, el uso de malla antigranizo, adoptar sistemas de riego por goteo para aumentar la disponibilidad y la eficiencia en el uso de agua.

También propone el documento del INV disminuir el raleo de hojas alrededor de los racimos, para evitar daños extremos; y ordenar el territorio, para localizar las actividades agrícolas en lugares que minimicen la vulnerabilidad.

"¿El futuro? Es super incierto. Muchos productores y bodegueros me han dicho que no tenían ni idea de todo esto, pero ese es un gran paso, que se informen y tomen conciencia de los cambios que se vienen", dijo la ingeniera.

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