Le cambió la careta.

RIVER: Fabbiani logró que el peor equipo del Apertura sea uno de los líderes del Clausura: transformó en rebeldía y diversión lo que para muchos de sus compañeros hasta hace poco era temor e impotencia. ¿A lo Ortega?.
"Este tipo está tocado por la varita mágica, no se puede creer".

Paco Gerlo se reía como no se había reído en los últimos seis meses: ese nuevo compañero que un ratito antes estaba sentado a su lado era ahora un inmenso imán que sacaba de quicio a los rivales, que contagiaba a los propios y que con un bombazo le daba el triunfo a un River que había empezado perdiendo en su visita a Central.

En apenas 93 minutos (¡un partido y el descuento!), Cristian Fabbiani transformó, como si nunca hubiera salido de la película y sus acciones se rigieran por las leyes de la ficción, al peor de todos los equipos del Apertura en un bosquejo de un aspirante al título en el Clausura. Un antihéroe, un gordo (cariñosamente) al que sólo le falta pintarse la cara de verde, que dibujó sonrisas en hinchas y compañeros.

¿Para cuándo las caretas de Fabbiani?

Las plateas del Monumental se llenan de máscaras de Shrek. En varias páginas de Internet ya se venden remeras del Ogro. ¡Un hincha le escribe y le dedica una canción! Y todo porque el tipo transforma en diversión y rebeldía, lo que para la mayoría de quienes ahora son sus compañeros fue pesadez, insomnio, temor e impotencia en el semestre pasado. Fabbiani inclina la cancha sin importarle su exceso de equipaje.

La historia, que ya es cuento y va camino a convertirse en leyenda, empezó cuando el delantero mostró una decisión impropia para un futbolista de estos tiempos: el deseo por encima del dinero. No, no juega gratis, pero no se dio por vencido ni aun cuando los directivos de River ya habían guardado los trapos. Se plantó, se bajó de Vélez e insistió con jugar en el único club que lo desvelaba, aun a riesgo de quedarse parado. ¡Y River había salido último! Está más que claro que Fabbiani juega bien al fútbol. También, que sabe cómo y por dónde hacer ruido con su labia. En pleno novelón, declaró que él defendería a Falcao la próxima vez que los jugadores de San Lorenzo buscaran al colombiano (a prepararse para el domingo, eh). Se ríe, como siempre hizo, de la balanza. Y quien para Néstor Gorosito puede transformarse en el "Guillermo de River" no deja de alimentar un presente ruidoso.

Jura, el Ogro, que su corazón no palpita en demasía de cara al superclásico de la 10ª fecha, aunque no es más que una mentirita piadosa que sirve de puerta de entrada para una chicana: "No miro el fixture. Hoy estamos primeros nosotros...". Hoy, también, el delantero sienta un precedente que puede ser enrostrado cuando un colega, propio o ajeno, se queje por la "falta de oportunidades". Fabbiani exprime al máximo el hecho de ser suplente. Es clave ante Nacional de Paraguay, para ganar un partido que se encaminaba al 0-0 y parecía una prolongación del River 2008. Es determinante para convertir la derrota contra Central en un triunfo. Es decisivo para asegurar la victoria ante un Banfield que merodeaba el 1-1. Muchos lamentan que quien decía pesar "97 kilos, y me la banco" y, según la balanza del club, ya bajó casi tres, no debutara ante Colón... Este nivel de Fabbiani obliga a sus compañeros a no guardarse nada: sólo así evitarán odiosas comparaciones. Eso, justamente, los hace mejores futbolistas. Así como Ortega potenciaba a muchos en el River campeón, ahora es el Ogro el que les cambió la careta, les sacó presión, los invitó a jugar y pidió la pelota cuando otros botines se incendiaban. En un rato, pasó a ser el bueno de esta película. Para la próxima, la del "reencuentro" del Ogro y el Burro, falta...

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