"Veo un cambio de actitud en la Presidenta"

La integrante del grupo Pampa Sur, que pasó de la militancia en favor del campo a un cargo en el Gobierno, dice que Kirchner es autoritario pero que ella quiere dejar "la tribuna del odio"; dice también que el miedo es una característica de Reutemann
Muchos podrían pensar que Walt Disney tomó el poder en la Argentina. No sólo porque en la política local hay bastante dibujo animado dando vueltas (la excepción son los dibujos del Indec, que son inanimados). También porque existen varios Pinochos, algunos personajes con tanta sensibilidad como Cruella De Vil o menos vuelo que Dumbo. Hay algunos tan buenos como Winnie Pooh o tiernamente torpes como Tribilín. E incluso un todopoderoso con el carácter más crispado que el Pato Donald (y un patrimonio digno del Tío Rico).

Pero la que logró encumbrarse como ninguna es "Pocahontas", apodo con el que se la conoce a María del Carmen Alarcón, la integrante del grupo Pampa Sur que pasó de la militancia en favor del campo a un cargo en el Gobierno, con previas escalas al lado de Carlos Reutemann e incluso, últimamente, como funcionaria de la administración socialista de Hermes Binner, en Santa Fe.

Para el oficialismo, su decisión fue valiente, pero entre sus ex aliados lo más suave que cosechó fue el mote de "traidora". Es que en la Mesa de Enlace, por ejemplo, no pueden olvidarse de que la flamante secretaria de Integración Nacional fue una de las primeras víctimas del conflicto entre el campo y el Gobierno, cuando, en mayo de 2006, fue desplazada por el kirchnerismo de la presidencia de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados. ¿Su delito? Haber criticado la política de carnes. En ese momento advirtió: "En mi casa me enseñaron lo que es la lealtad política, todo lo contrario de la obediencia debida y de la obsecuencia".

Desde entonces, esta morocha nacida el 4 de agosto de 1954 en Villa Ana, un pequeño pueblo del norte de Santa Fe, con sangre criolla y guaraní en sus venas, se convirtió en una de las caras visibles del conflicto desatado por la resolución 125, siempre opuesta al Gobierno, hasta tal punto que estuvo entre los dirigentes que fueron procesados por los piquetes ruralistas en la ruta 9.

Su apoyatura política era, y sigue siendo, el grupo Pampa Sur, que se define en su sitio web como "el primer grupo de trabajo político para el sector productivo argentino", creado en 2004 por Alarcón y por otro dirigente peronista, Miguel Saredi, ahora ex representante del gobierno de la ciudad de Buenos Aires en el Mercado Central.

Es precisamente Pampa Sur la clave para entender, según ella, el porqué de esos virajes políticos que la sociedad suele no entender y castigar duramente. Alarcón, en la entrevista con Enfoques, admite que el grupo al que pertenece efectuó "una reflexión" sobre el conflicto entre el campo y el Gobierno, luego de lo cual le propuso al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, crear algo similar al Ministerio de la Integración Nacional que tiene Brasil, que desarrolla "una tarea intergubernamental para que se vayan destrabando muchas gestiones o para ponerse en el medio del conflicto."

"Sé que muchos argentinos no me entienden", admite la funcionaria, que explica sobre su cambio de camiseta: "Primero tengo que decir que Néstor Kirchner es democrático; después puedo decir que es autoritario [...] María del Carmen Alarcón tiene tres etapas. La primera, donde soy legisladora de un bloque oficialista y en la cual Néstor Kirchner llega a la Presidencia. Después vino una etapa de enfrentamiento absoluto. Y luego esta etapa, donde no soy kirchnerista, pero veo un cambio de actitud de la Presidenta."

-Trate de convencerme: ¿por qué usted no es una nueva Borocotó?

-Son diferentes decisiones políticas. Nos hemos acostumbrado a que ese pase de vereda política tenga que ver con una costumbre de irte con el dirigente que marcan las encuestas o que está de moda. Eso no es bueno para la política. En 2006, yo me fui de un gobierno que tenía mucho poder y vengo a colaborar con un gobierno que no está de moda, que no mide bien en las encuestas y que necesita gobernar hasta 2011.

-¿Por qué lo hizo? ¿Cambió el Gobierno o cambió usted?

-Hubo un gesto del Gobierno de convocarnos. Eso sucedió en una Argentina donde todo pasa a ser blanco o negro, peronismo o antiperonismo, con una confrontación muy fuerte que viene desde hace mucho tiempo. En Pampa Sur habíamos hecho una reflexión, pero cuando nos convocan a conversar hay un gesto, el de conversar con una persona que tres días antes estaba enfrentándote desde otra tribuna. Y el gesto también es nuestro, mío, de tener ese momento de paz y de decir. "Me voy a sentar a conversar". Nosotros acercamos una propuesta, pero sobre la base de un diálogo abierto.

-¿Para qué sirve esta Secretaría de Integración Nacional? ¿Y para qué sirve realmente?

-La primera dirigente que se enfrenta al gobierno de Kirchner es María del Carmen Alarcón y esto lleva a mi expulsión de la presidencia de la Comisión de Agricultura y Ganadería. Hoy, la Argentina necesita resolver temas coyunturales muy fuertes. La idea fue llevar una propuesta para ver desde dónde podíamos empezar a conversar institucionalmente, cómo destrabar el conflicto. Y lo hicimos sin pensar en lo técnico, desde una acción directa política, tomando ejemplos de otros países en los que se desarrolló una tarea intergubernamental para destrabar gestiones o para ponerse en el medio del conflicto. El Ministerio de Integración Nacional de Brasil hace una acción parecida y tomamos ese modelo.

-Pero el presidente Lula tiene un estilo negociador que seguramente habrá permitido el éxito de esa idea. No es el mismo estilo de los Kirchner. ¿No evaluaron eso?

-Evaluamos todo. Si pensábamos hacia atrás y escribíamos el libro del conflicto, tal vez no hubiésemos tomado la decisión que tomamos. A riesgo de perder el capital político construido durante muchos años, debíamos dar este paso, pero no pensando en Néstor Kirchner. Yo fui de la tribuna del odio, de la confrontación. ¿Quién mejor que yo podía pararse y decir: tenemos que llevar resultados? Desde 2006 nos hemos enfrentado, pero los más perjudicados son los que están esperando el resultado. No somos los dirigentes.

-La Presidenta anunció la eliminación de los derechos de exportación del trigo y del maíz, pero la Mesa de Enlace no está muy contenta.

-Nadie esperaba esos anuncios, pero son muy buenos. Fue una satisfacción enorme llevarle una respuesta a un sector de la producción que desde hace mucho viene con un reclamo de atender estos pequeños o medianos volúmenes de producción, de no segmentarlos. La alegría del anuncio es que estamos hablando de retención cero. Me hubiera gustado que la Mesa de Enlace hubiera concurrido a Olivos porque era un buen anuncio. También, para que se empezara a restablecer la confianza.

-Ahora crearán un Ministerio de Agricultura y Ganadería y estará al frente Julián Domínguez, un dirigente del PJ bonaerense. ¿Esto no le resta poder a usted?

-No, al contrario. Pedí justamente que mi tarea no se superpusiera con la de la Secretaría de Agricultura. Esta decisión nos cae muy bien. Se confirma lo que dije el día que asumí, cuando todos me atacaron. Vi un cambio de actitud. Van pasando los días y esto se confirma. Que en dos semanas que llevo en el cargo sucedan tres cosas así...

-¿Cuáles son las tres?

-Las retenciones cero, la creación del ministerio y la lluvia, que lleva alivio.

-No me va a decir que en la lluvia tuvo que ver la Presidenta...

-No tiene nada que ver el Gobierno, pero es la Providencia.

-Los Kirchner suelen hablar del ánimo destituyente del campo. ¿Usted coincide?

-No, nunca lo he visto de esa manera. Pero en esta coyuntura, más allá de que me hayan llamado, ¿qué hacemos? Cuando todos sólo critican y, sobre todo, critican mi actitud, quiero que me traigan la tercera salida de este conflicto. Una salida es ayudar a un gobierno elegido por el pueblo, democrático, con mandato hasta 2011, y tratar de resolver todos los temas. La otra salida, ¿cuál es? ¿Que se vaya este gobierno?

-Puede ser esperar al recambio legislativo, hasta el 10 de diciembre, y con la nueva relación de fuerzas en el Congreso impulsar iniciativas que beneficien al campo.

-Eso me parece bárbaro, pero el problema es que el 28 de junio se eligieron los legisladores que van a actuar el 1° de marzo de 2010. Y entre el 28 de junio y el 1° de marzo de 2010 hay muchos productores que no van a existir si no les llevamos auxilio.

-¿Cómo califica a Néstor Kirchner?

-Un político de raza, con el que uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo.

-¿No cambió su opinión sobre él por el hecho de ser funcionaria?

-No. No me gustan los autoritarismos. Tiene un carácter fuerte. Después hay que analizar si eso le hace bien o mal al país. Acá tuvimos presidentes que fueron muy silenciosos, muy calladitos, pero...

-Si usted es partidaria del diálogo, no deben compartir el mismo estilo.

-Mire que fui una dirigente muy confrontativa. Tuve gestos muy fuertes.

-No autoritarios, ¿o sí?

-No tenía poder para ser autoritaria. Y no me gusta eso. Es como en la vida cotidiana: si sos un padre permisivo, los chicos hacen lo que quieren. Si ponés orden, los chicos comen bien en la mesa.

-Usted asocia a Kirchner con el autoritarismo, pero también he leído que lo trata de demócrata.

-Un periodista me preguntó si Kirchner era antidemocrático. El fue elegido presidente de la Nación. Me guste o no, tengo que decir que es democrático. Después puedo decir que Kirchner es autoritario y que el kirchnerismo es un espacio donde marca una autoridad algunas veces en forma exacerbada. Marcando las distancias, más allá de su formación militar, Perón tenía una impronta muy fuerte y autoritaria.

-Pero, aun así, ¿no le genera ruido trabajar a las órdenes de Kirchner?

-Mi línea hacia el pasado tiene tres etapas. La primera, donde soy legisladora de un bloque oficialista y en la cual Kirchner llega a la Presidencia y yo me enfrento con él. Después vino una etapa de enfrentamiento absoluto. Y luego esta etapa, donde no soy kirchnerista, pero veo un cambio de actitud de la Presidenta. Si no, no podría estar trabajando como lo estoy haciendo. Nadie me llamó para decirme: "No hagas esto".

-¿Le molesta que le digan que ahora igual se hizo kirchnerista?

-No, porque no soy kirchnerista. Nunca lo fui. Tuve una formación peronista y después de 2004 y 2005, cuando comenzamos a armar Pampa Sur, el grupo se abrió y es casi heterogéneo. Para nosotros es un concepto como el del movimiento australiano.

-¿Australiano?

-Australia formó un movimiento nacional agropecuario muy fuerte, que después se transformó en un partido, el Partido Nacional, directamente vinculado a la defensa de la cadena productiva, de la agroindustria. No es mayoría nunca, pero tiene inserción en el poder. A veces está con los laboristas y otras, más inclinado hacia el Partido Conservador. Esto es lo que tratamos de hacer. Los frentes se van delineando, pero no perdemos la convicción.

-Lo de ustedes parece una pyme que se vende al mejor postor. Usted pasó de Carlos Reutemann a Hermes Binner, y de las filas del campo al kirchnerismo. Su compañero Saredi llegó al Mercado Central por un acuerdo con el macrismo. ¿No creen en las ideologías?

-La Argentina no tiene tradición de esta práctica política. Sí importa la ideología y la convicción de lo que uno está defendiendo. Un ejemplo claro: con el socialismo hay diferencias bastante grandes que pusimos bajo un paraguas para poder armar un frente en donde el sentido común prime y la política sea lo que la gente necesita.

-Puede interpretarse, en realidad, que sólo buscan ocupar cargos.

-Si era buscar la permanencia en el poder podía haber estado en una lista de candidatos a legislador nacional. Este año hubo elecciones y ni Saredi ni yo buscamos una banca. El Poder Ejecutivo, para nosotros, era una etapa para cumplir. Necesitamos ejecutar y reforzar la resolución de los temas. El Poder Legislativo cumple un rol muy importante, que tiene más lentitud que en el Ejecutivo. Las decisiones son políticas y pertenecen a los cargos ejecutivos. Yo sé que muchos argentinos no me entienden. Y tampoco exijo a todos los sectores que me entiendan. Tengo que tener paciencia y memoria como para avanzar. Si me detengo en la incomprensión de algunos, no puedo trabajar.

-¿No hay incoherencia, entonces?

-Para nada. Con el Frente Progresista de Santa Fe, donde hay radicales, socialistas y otras fuerzas, nunca perdí mi convicción ideológica. Y el respeto, porque el respeto por el pensamiento del otro en una construcción colectiva es muy importante. En la Argentina somos exitosos individualmente y raros para juntar los éxitos. Lo colectivo es muy difícil. Esa confrontación no viene sólo desde arriba, también desde abajo.

-¿Qué va a hacer en 2011? ¿A quién piensa votar?

-No hay muchos en quiénes pensar.

-¿Y Kirchner?

-No estoy pensando en nadie para 2011.

-¿Pero lo respaldaría?

-No. No tengo decidido hacerlo ni lo he pensado. Ni en él ni en ningún dirigente de los que están en la grilla.

-¿Y Reutemann?

-Hay dirigentes que ya fueron. Uno puede tener muchos problemas para decir que sí o que no, pero la historia te marca responsabilidades y existe mucha gente a la que tenés que responder. Hay dirigentes que dejaron pasar la historia.

-Usted que lo conoce mucho, ¿cree que será candidato a presidente?

-Hasta que no hable, nunca se sabe.

-Usted declaró que a él lo dominaba el miedo. ¿Es tan así?

-El miedo es una característica de él. Será también por su carrera deportiva. Quien se está jugando la vida tiene que tenerlo.

© LA NACION

Mano a mano

María del Carmen Alarcón se esforzó por explicar sus virajes políticos, habló de la inspiración en el modelo brasileño de negociación, de las semejanzas de Pampa Sur con un partido australiano, pero es difícil que le alcance para convencer a la gente de que su cambio de piel no se parece al de un camaleón de la política. Ella lo sabe. A mí me resultó complicado entender esa suerte de pyme que se vende al mejor postor con tal de aplicar sus propuestas y que puede trabajar con Reutemann, Binner, Macri y Kirchner. Pero fue bueno escucharla y no condenarla a fuerza de prejuicios. Hablamos, curiosamente, en el mismo salón del Hotel Castelar en el que entrevisté a Alfredo De Angeli. Alarcón no tuvo problemas en contestar las preguntas más ásperas, pero sus zigzagueos políticos se traslucen en algunas contradicciones. Se nota que aprecia a Cristina Kirchner, pero que no quiere mucho al esposo de la Presidenta. ¿Kirchner se lo perdonará? Uno está tentado de afirmar que será una más entre otros dirigentes estigmatizados que no podrán tener futuro fuera del circuito K. Pero se sabe: la corporación política argentina es una madre que perdona hasta a sus hijos más descarriados.

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