"Cambiaría mis títulos por la Copa del mundo".

Las primeras sensaciones de Sorin ex jugador. Su paso por las ligas más importantes, su prestigio, su capitanía en la Selección, sus 13 vueltas olímpicas... Devolvería todo por el campeonato que no pudo ser.
"No me voy triste, estoy feliz". Casi como muletilla, Juan Pablo Sorin se las ingenia para colar la frase varias veces. El último capitán de la Selección en un Mundial arrancó su vida como ex jugador cuando parecía que las lesiones quedaban atrás, aunque la decisión la venía madurando. ¿Puede estar contento alguien que deja de hacer lo que tanto quiere? ¿Y por qué no creerle? Hace un par de horas que anunció su retiro y atiende la llamada de olé en voz tan baja que sorprende.

–¿Estás bien?

–Estoy durmiendo a mi hija. Esperá que la acuesto.

Se escucha un mimo, la acuesta, le da un beso y vuelve al teléfono...

–Elisabetta será una gran contención para este momento.

–Sí, pero insisto y quiero dejar en claro que estoy contento por haber ganado esta última batalla. estar bien, entrenar, sentir que podía volver a jugar. Quizá no tuve el espacio y preferí irme ahora.

–Sorprende que si estabas recuperado hayas decidido dejar.

–Quizá la sorpresa vino porque no dejé cuando se dieron las seguidillas de lesiones. Pero lo más importante para mí era llegar bien tanto para el clásico como para la definición de la Libertadores. De hecho fui al banco en el clásico y estuve concentrado para la última final, pero me quedé afuera... Prefiero dejar ahora sintiéndome bien, sabiendo que podría jugar tranquilamente y no retirarme por una lesión y que se transforme en una decepción, una desilusión. o desgastar la relación que tengo con

los hinchas de acá.

–¿Y si estabas bien, por qué no retirarte en Argentinos?

–Porque en definitiva no quería seguir si no había podido lograr continuidad en el juego. Me encantaría jugar en Argentinos un partido de despedida. Sería cumplir un sueño y devolverle al hincha tanto afecto, agradecerles a los dirigentes que me buscaron y me buscan. En lo que pueda ayudar al club y al Bichi Borghi, lo haré. Pero es una decisión más de vida.

–Aunque lo ibas madurando, no te conmovió hacer público el retiro.

–Fue un momento de abrirme como siempre con la gente de Cruzeiro. Soñaba volver, recuperarme y jugar con continuidad, pero jugué apenas seis partidos en siete meses. Obvio que fue un día movilizante, lleno de amigos llamando, mensajes, mails, pero no quiero que se tiña de tristeza ni de angustia. Fue una historia maravillosa y quiero que se termine así. Me caí, me levanté. Jugué, gané, me equivoqué, aprendí. el click me hizo antes de jugar con Universidad de Chile. Me desgarré y me recalenté. Me tomé una tarde para pensarlo y decidí darme la última chance.

–Y ahora te espera el paraavalanchas de la Selección.

–La verdad, hace rato que estoy ahí, en el paraavalanchas. No es que es una decisión tomada con dos días.

–Por los puntos, como ex debutás nada menos que contra Brasil.

–Es el partido que siempre querés jugar. Y ganar. encima es un clásico que llega otra vez, como en la clasificatoria 2005, en momentos determinantes. Ojalá que ganemos y ya estemos casi adentro. Además, para poder cargar a todos acá, je. Seguro que lo veré con algunos brasileños, apuestas incluidas. Pero no tengo miedo con la clasificación. Argentina tiene equipo de sobra y vamos a estar en Sudáfrica. De alguna manera, iremos al Mundial.

–¿No tenías esperanzas reales de volver a la Selección?

–(Interrumpe) sinceramente desde un tiempo largo a esta parte me transformé en hincha, sólo en eso. No tener continuidad te aleja. Más allá de los sueños, uno tiene que ser realista con su realidad. Siempre estaré apoyando y peleándome por quienes defienden los colores. Los que se tienen que jugar batallas por la clasificación. Yo estuve adentro y sé lo que significa cuando los de afuera hablan.

–¿Qué fotos damos: campeón Juvenil o capitán en la Mayor?

–Yo elijo las dos. Capitán levantando la Copa en Qatar y con la cinta en el Mundial 2006. Y me quedo con esta sensación de alegría, de emoción, de adrenalina, de garra de darlo siempre todo. Mi físico debe haber pagado por haber jugado con tantos dolores y ese esfuerzo por estar en la Selección. Me quedo con la identificación que no se compra ni se vende en los quioscos. me pasó en Argentinos, en River, con la Selección. En cualquier lado que voy de la Argentina soy querido y respetado. Eso no tiene precio.

–¿Por qué creés que se dio esta identificación tan fuerte?

–Fueron 11 años con la Selección y todo el mundo sabe cómo me entregaba. Cada paso en mi carrera profesional, en vez de ir a lugares o a un fútbol en los que las elecciones eran más personales, siempre importó más estar cerca de la Selección. Tratar de jugar ligas importantes, enfrentar a los mejores.

– ¿Por ejemplo?

–En el PSG francés me fue bárbaro. Ganamos la copa de Francia, segundos en la liga y el equipo nunca perdió estando yo en cancha. Todo perfecto, pero por jugar en la Selección no terminé arreglando para continuar.

–¿Qué te quedó por hacer en el fútbol?

–Es muy simple. Cambiaría los títulos por ser campeón con la Mayor. Nos quedamos muy cerquita con el 2006, estaba muy ilusionado y esa es la meta importante, el sueño que no pude cumplir. Creo que gané como 13, 14 títulos, la Libertadores, la Champions, jugué en las ligas más importantes del mundo, estuve en un club como el Barcelona, viví una experiencia a los 19 en la Juventus, aquel River espectacular... cambiaría todo por ser campeón mundial con la Argentina.

–¿Cuál fue el mejor Sorin jugador?

–Por suerte, tuve bastante regularidad, muy necesaria para mantenerse en la Selección. No hay otra, nadie te regala el puesto. Y elijo al River aquel del 96, el de Cruzerio en el 2000, el.... ¿Ya empiezo a elegir muchos, no? el de la selección general, el de París.

–¿Quién no puede faltar en el partido despedida?

–Empezando por la categoría 76 de Argentinos. Pasando por Hernán Díaz, el Loco Berti, Astrada, Burgos... y todos con los que jugué y me quieren.

No se le escapa ni un verbo en presente. Horas atrás aún era un jugador, pero ya habla

como ex. A los 33 años se sacó una mochila que él jura no le pesaba y enfoca su energía en ser feliz. Esquiva ser impulsivo y se tomará un tiempo en Brasil para decidir por dónde irá su futuro (Cruzeiro le ofreció continuar ligado al club). Tendrá más tiempo para su hobbie por la escritura, para disfrutar de sus amigos "mineiros", de vivir intensamente sus primeros meses como padre sintiendo que él dejó el fútbol antes de que el fútbol lo dejara a él.

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