"Cambiaremos el sistema de subsidios"

Schiavi adelantó que habrá más control en la asignación de fondos públicos al transporte privado de pasajeros. Informó que se estudia un régimen que subsidie directamente al usuario. Destacó que las tarifas en la Argentina son unas de las más baratas de la región.
Juan Pablo Schiavi se acaba de hacer cargo de la Secretaría de Transporte, un área polémica por denuncias de falta de transparencia y eficacia. En una entrevista con Página/12 aseguró que está trabajando en un plan para que el ferrocarril vuelva a ser un factor de integración territorial y de mejora de la productividad nacional. Aseguró que los controvertidos subsidios al transporte van a ir directamente a los usuarios y no a los concesionarios, diferenciándolos por su poder adquisitivo. Piensa que el tren de alta velocidad sería un gran generador de nuevas tecnologías en el país. También está convencido de que el país debe tener una línea aeronáutica de bandera.

–¿Qué va a hacer con el sistema de subsidios?

–En Latinoamérica el transporte público es mucho más caro que en la Argentina. En promedio, cuesta un dólar. Nosotros tenemos tarifas muy bajas, lo que obligó a generar un sistema de subsidio. En el mundo desarrollado el transporte está subsidiado, para que sea universal. En la Argentina tenemos un sistema de subsidio que tiene como particularidades tres temas centrales. Primero: que surgió de la necesidad, en medio de una terrible crisis social. La segunda: el tema de la dificultad de control, es decir que es un sistema muy grande, con un subsidio generalizado. El tercer punto es que es injusto en la distribución. Se subsidia por igual a quien vive en Belgrano o en La Matanza.

–¿Cómo van a trabajar en el control y la mejora de la distribución del subsidio?

–Vamos a trabajar en la idea de que el monto del subsidio debe ir a la gente y no a los sistemas ni a las empresas. Queremos subsidiar a las personas, que estudian y trabajan y son los que usan mayoritariamente el transporte.

–¿Cómo se implementaría?

–Eso puede ser a través de una tarjeta, que brinde a grupos de argentinos que tienen una situación socioeconómica compleja, que no han podido insertarse en el mundo del trabajo, un tipo de tarifa determinado. Y a los que trabajen en blanco, la idea es generar otro tipo de sistema de compensación. Incluso los que no tienen ingresos no deberían pagar. También analizamos que el subsidio vaya directamente al bolsillo del pasajero junto con la asignación familiar.

–¿Qué se hizo mal en ese tema?

–El sistema de transporte está funcionando: el obrero viaja, existe un parque amplio de colectivos, la hidrovía se desarrolló, los aviones vuelan y los puertos funcionan. Pero todo hay que mejorarlo. Diría que me parece que no fue buena la comunicación para discutir estos temas. Hay que integrar la sociedad para debatirlos. Se trata de temas que deben ser prioridad pública nacional.

–La principal crítica al actual esquema de subsidios es que se presta a hechos de corrupción.

–La corrupción, como la vida, existe, pero, como decía Perón, el hombre es bueno, pero si se lo controla es mejor. Es un lugar muy complejo de trabajar, con muchos sectores, con muchas cosas, pero debo decir que yo voy a controlar hasta la última moneda. Yo estoy acá como un servidor público para controlar todo. Creo profundamente en el control social. No hay que hacer una declaración periodística en un medio, hay que pasar por la puerta de la Secretaría de Transporte y entrar. Esa va a ser mi impronta, una secretaría de puertas abiertas; de debate con la comunidad.

–En términos generales, ¿cuál es la situación del sistema de transporte nacional?

–En la Argentina, en los años cincuenta, el 50 por ciento del transporte de carga era ferroviario; hoy, el 6 por ciento. Pensar que el de-sarrollo de un sistema de alta sustentabilidad, como el ferroviario o la hidrovía, es competencia del sistema de autotransporte de carga es un error. Hay que lograr que cada sector logre la mejor eficiencia posible: habrá que estudiar un sistema que utilice de la forma más eficiente el transporte ferroviario, fluvial y de camiones.

–¿Existe un plan completo sobre ese desarrollo?

–Nosotros lo estamos planeando. La problemática de transporte es una tema nacional y de todo orden. Hay zonas que van a ser más sustentables e integradas en la medida que haya un sistema de transporte integrado, que incluya el ferrocarril, la hidrovía, los colectivos, los camiones y aviones. El segundo ítem es el de la integración territorial. El tercero, incorporar a la agenda de transporte el tema de la sustentabilidad ambiental. La sustentabilidad ambiental es la seguridad; el transporte en el mundo es seguridad. El cuarto punto es el de la calidad de vida: los argentinos deben viajar cómodos, en tiempo y a una tarifa razonable. Promoveremos un compromiso académico de las universidades nacionales para trabajar en esa materia. Hasta inclusive pensamos en la posibilidad de crear una Universidad del Transporte.

–¿En qué se piensa que podrá avanzar más rápido?

–En lo ferroviario trabajamos en un plan de obras, muy distribuidas en el territorio y muy federal, con trenes urbanos en distintas ciudades del país. El paradigma que tenemos es que el ferrocarril es nacional; no solamente del área metropolitana. Y si hay que tener una justa estructura de subsidio, tiene que ser nacional y no sólo metropolitana. Ayer ya comenzamos a trazar un plan de trabajo con el gobernador de Santa Fe, Hermes Bi-nner, para un tren urbano en Santa Fe. Vamos a mejorar sustancialmente los ferrocarriles de carga, haciendo eje en el Belgrano Carga, que es un ferrocarril productivo de integración de personas y de integración territorial, que llega a 14 provincias argentinas. Además, hay un plan para remodelar totalmente 207 estaciones.

–¿Va a ver ferrocarriles estatales o seguirán con las concesiones al capital privado?

–El modelo de privatización de los ’90 tuvo el error más grave, que es dejar librado al mercado el uso ferroviario. Entonces lo que era rentable siguió y lo que no era rentable se cerró. La recuperación de los ferrocarriles tiene que tener otra óptica. Hoy el Estado maneja ferrocarriles a través de regímenes de emergencia. Nosotros vamos a poner en funcionamiento la compañía estatal de operaciones, que tiene que ser la que resolverá todas las cuestiones de la prestación universal del sistema ferroviario. Luego podrá hacer asociaciones estratégicas, concesionar o manejar directamente determinados ramales. Vamos a un sistema mixto, con un Estado inteligente, activo, controlador y gestionador.

–Todavía se ven pasajeros de tren viajando arriba del techo. ¿Qué va a hacer con ese tema?

–Lo que me parece es que hay que hacer un mejor control estatal y sumarle el control social, con un número telefónico para llamar y una página de Internet para entrar e informar sobre esos problemas. Va a haber mucha atención a la comunidad y tiene que ser un tema de agenda nacional. En el sistema de transporte falta inversión y ahora se va a hacer.

–¿Aerolíneas Argentinas seguirá siendo del Estado?

–El Gobierno demostró valentía política recuperando una compañía que iba a la bancarrota. Recuperar una línea de bandera, hacerla eficiente. Aplicar todos los mecanismos que tienen todas las compañías del mundo estatales o mixtas o privadas, para ser eficientes mediante el plan de gestión, para mejorar la productividad e integrar la Argentina,

–¿En un mercado internacional tan competitivo, donde la mayoría de las compañías se están fusionando, Aerolíneas puede convivir sin asociaciones?

–Obvio, lo que tenemos que hacer es recuperar a la compañía, hacerla trabajar, funcionar y que recupere niveles de eficiencia para ubicarla en igualdad de condiciones que el resto. Una vez que suceda eso, como argentinos debemos definir qué hacemos con nuestra línea de bandera saneada y con aviones. Ya reducimos el déficit de 435 millones a 55 millones de pesos por mes. El futuro dirá cuáles son los sistemas de gerenciamiento más eficaces que le podemos dar. Pero que nunca más el Estado dude de que debe tener una línea de bandera que cumpla sus objetivos de productividad y de integración territorial.

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