En la UCR cambian de apuesta.

La líder de la Coalición Cívica perdió terreno frente a Julio Cobos. En el radicalismo suponen que no saldrá bien parada de las elecciones. Analizan que habrá un cambio en los liderazgos y que es el vicepresidente quien los puede llevar de vuelta al poder.
"En eso los radicales son iguales a los peronistas, también huelen la sangre." En el seno de la UCR comenzó a agitarse una idea que golpea a todo el espectro político de origen radical. Si Elisa Carrió no hace una buena elección, en junio dejará de ser la líder de la oposición no peronista, que migrará en masa hacia las huestes del vicepresidente, Julio Cobos. Convencidos de que el adelantamiento de las elecciones dejó a la Coalición Cívica "al borde del knock-out" y envalentonados por el viento de cola de los últimos tiempos, los radicales ya trabajan con el objetivo de reinstaurar el bipartidismo y colocarse ellos en el centro de un armado opositor que los lleve nuevamente al poder en 2011. "Si llegamos a perder la elección van a salir todos corriendo a buscarlo a Cobos", reconoció con crudeza un dirigente de la CC. Como muestra más acabada de ese proceso, el viernes le levantaron la expulsión "de por vida" que pesaba sobre el vicepresidente.

Guiados por el olfato y por encuestas de opinión, los radicales aseguran que habrá un giro en los liderazgos del espacio no peronista a partir del 29 de junio. "El horizonte del radicalismo ya mira más hacia Cobos que hacia Carrió", admitió a Página/12 un bonaerense de la CC. "Por ahí el liderazgo de Lilita ya se acabó", deslizan en el Comité Nacional. Así como los radicales consideran que la próxima elección servirá para definir la disputa entre el PJ disidente y el kirchnerismo de cara al 2011, creen que también servirán también para medir el poder hacia adentro del no peronismo.

Aunque hace unos meses los operadores políticos de las distintas fuerzas especulaban con la posibilidad de dirimir en una interna quién encabezaría el espacio no peronista en vistas a las presidenciales, la dinámica de la política argentina se encargó de resolver la cuestión: el homenaje por los 25 años de democracia, el creciente protagonismo del Congreso nacional, el fenómeno Cobos y la reivindicación de Raúl Alfonsín luego de su muerte, impulsaron una revitalización del partido radical, que buscará el próximo viernes y sábado dar por terminada su etapa de ostracismo.

En la Convención Nacional de Mar del Plata, los radicales intentarán enviar un mensaje de fuerte unidad partidaria, no sólo con la vuelta de Cobos y compañía, sino también por la presencia de algunos gobernadores de la UCR. Y aunque también se ratificarán las alianzas con el socialismo y la Coalición Cívica, aseguran que la recuperación del partido será, a la larga, motivo de enfrentamiento con Carrió.

La plana mayor de la UCR recuerda que tras el ocaso de la Alianza muchos pronosticaron su desaparición. Su punto más crítico llegó en el momento en que casi tocó fondo en dos distritos que, con sus diferencias, le fueron históricamente favorables: la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Fue precisamente en esas jurisdicciones donde surgieron sus últimos grandes líderes y con su caída cayó también la idea de un partido nacional. Como consecuencia, es allí donde la Coalición Cívica construyó su fuerza.

Sin embargo, el escenario podría modificarse definitivamente a partir de las próximas elecciones. En la ciudad, los porteños mantienen sus preferencias por el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, y su vicejefa, Gabriela Michetti, que iría como candidata a diputada nacional. Consciente de que una derrota con Michetti sería un golpe duro para sus aspiraciones presidenciales, la líder de la CC ratificó al economista Alfonso Prat Gay como cabeza de lista. "No se presenta en la Capital porque va a terminar perdiendo, y no con un presidenciable sino con su segunda", afirma un histórico dirigente radical. Es a raíz de esa caída que la UCR quiere recuperar al votante "independiente progre que se iba a la CC sin saber demasiado bien por qué".

En la provincia, en cambio, la creación del frente entre Francisco de Narváez, Felipe Solá y Macri desplazó al tercer lugar a la bonaerense Margarita Stolbizer, que en las elecciones a gobernador de 2007 salió segunda, por encima del empresario colombiano. "Margarita no cuenta, siempre fue beneficiaria de los votos que traccionaba Carrió. No tiene carisma y no tiene inserción", cuestiona un cacique bonaerense que confía en el "efecto Alfonsín" como motor de la recuperación radical en ese distrito. Con ese contexto, no sólo los radicales que se enfrentaron a Carrió cuando militaba en la UCR ven en Cobos una oportunidad para volver al poder.

Los que se quedaron después de la sangría y ahora conducen el partido mantienen desde entonces cierto sabor amargo, hoy edulcorado por las necedades políticas. Hace menos de dos años, en la campaña de 2007, esos dirigentes acusaban a Cobos de traidor y a Lilita de aprovechar la peor crisis del radicalismo para "recorrer el partido con la ambulancia" en busca de dirigentes que quieran pasarse a la Coalición Cívica. Aunque después hubo una reconciliación, el propio Raúl Alfonsín la había llamado "hipócrita" y calificado como "la enemiga número uno de la Unión Cívica Radical".

A pesar de ser quien encabezó la segunda diáspora, Cobos radical nunca renegó de su filiación partidaria, algo que con sus niveles de popularidad es valorado entre los correligionarios. Además, el vice corre con varias ventajas sobre Lilita: se sabe ganador en su provincia, Mendoza, donde armó un frente con la UCR; no está obligado a participar directamente en las elecciones y, aunque no cosechará muchos votos propios en otros distritos, todo será ganancia.

Como si fuera un resumen del modelo radical hacia el futuro, el titular del Comité Nacional, Gerardo Morales, repite una idea que le atribuye al último líder radical Raúl Alfonsín. "Tenemos una democracia de candidatos, que forman sus propios partidos. Cuando se termine esta etapa de personalismos, allí estarán el justicialismo y el radicalismo, junto al socialismo, para reconstruir el sistema político", asegura. Sus enemigos internos lo dicen de otra forma: "Vamos a volver al esquema Duhalde, con dos grandes partidos". En ninguno de los planteos aparece un lugar para la Coalición Cívica.

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