Cambia la política: primarias abiertas, obligatorias y simultáneas para todos

Los que asumen en estos días son un paradigma de la política que se cae a pedazos: testimoniales, partidos y partiditos desgranados de los grandes, uno que llega por una lista y se va con otros, los candidatos a varias cosas que no asumieron ninguna. La reforma política no será perfecta, pero los dirigentes han demostrado que tienen una creatividad increíble para violar cualquier ley. Y en esto no hay ángeles ni excepciones.
Basta dar un vistazo al panorama del Concejo Deliberante de estas tierras para desechar cualquier intento de descalificar la reforma política que el viernes se aprobó en Diputados y volvió al Senado bonaerense. La atomización del sistema partidario en el país, a partir de crisis profundas que terminaron con la representatividad de estructuras y dirigentes, acabó en esta farsa circense en la que los que se quedan con un sello no pertenecen a ese partido, los que llegan con una lista se van al bloque vecino, los referentes terminan sepultados por los recién llegados y los que pierden se arman otro partido de apuro para nunca -jamás- quedar afuera. Cuando la política ha pasado a ser un ramillete de chicanas y un intercambio de insultos o frases grandilocuentes sin un mínimo contenido, no existe información clara acerca de lo que diputados y senadores están aprobando en la Nación y en la Provincia. Que es fundamental para la reconstrucción del sistema de partidos después de la hecatombe política y moral que arrasó las instituciones. Y que afecta, también, al tipo de información al que accede la ciudadanía, sesgada y fragmentada según quien la emita.

El proyecto de ley que el Senado volverá a revisar en estos días en la Legislatura prevé que para la crucial elección de 2011 -donde se renovarán todos los cargos ejecutivos- las reglas sean muy diferentes y bastante más claras que en 2009. No hay dudas que en este año de final de década se tocó fondo y se llegó a extremos bochornosos que, hoy por hoy, avergüenzan en la intimidad a sus propios protagonistas. Aunque no hay letra precisa en la nueva ley que prohíba las candidaturas testimoniales, difícilmente a alguien se le vuelva a ocurrir empujar a un José Eseverri intendente a encabezar dos listas legislativas sin asumir ningún cargo. O estafar a la gente ofreciéndole una ristra de diputados rutilante de la que no asumió prácticamente ninguno: Daniel Scioli, Alberto Balestrini, Sergio Massa, Nacha Guevara, etc.

La principal modificación impulsa la democratización de lo que queda de los partidos con elecciones internas que ya no se llamarán internas sino primarias. Un dirigente local consideró "muy importante empezar los cambios por las palabras" porque interna remite a rosca y primarias es la denominación del Primer Mundo.

Todos los partidos deberán hacer, el mismo día, "elecciones primarias, abiertas, obligatorias y simultáneas para todos los cargos públicos electivos" aunque se presente una sola lista. Todo será en una sola elección y para todas las candidaturas. El voto será obligatorio para todo el mundo.

La diputada Alicia Tabarés, autora de un proyecto similar y que votó en la Legislatura, consideró que "esta reforma es imprescindible porque termina con las listas espejo y las colectoras que confunden al ciudadano". Las colectoras fueron un instrumento usado y abusado en las últimas dos elecciones, cuando las internas no resueltas entre los dirigentes territoriales terminaban dividiendo en los municipios a los partidos en tres o cuatro segmentos irreconciliables con el mismo referente nacional o provincial. Se dirimían las internas en la general y los referentes pescaban votos de todos lados y se frotaban las manos. Después los titulares de las colectoras se mudaban a la oposición descaradamente cuando tenían una historia de boleta adherida al Gobernador o Presidente de turno veinte minutos antes. Una metodología impresentable que terminó de desilusionar y de generar una acidez ciudadana hacia la política profundamente peligrosa.

En 2003, después del derrumbe que terminó con De la Rúa e hizo desfilar a cinco presidentes en una semana, el país asomó del cementerio en que se había convertido para ir a elección presidencial. El peronismo dirimió ahí su propia interna, todavía inconclusa y ardiente: Menem, Kirchner y Rodríguez Saá se presentaron como candidatos. El radicalismo arrastró su propia desgracia con propios y exiliados: Carrió, López Murphy y el papelón de Moreau que apenas consiguió un 2 por ciento de los votos.

De ahí en más, el desangre de las estructuras, el drenaje constante de dirigentes, terminó en la creación de nuevos partidos sin base territorial, con armado exclusivamente mediático y huecos ideológicos enormes. Las ideas sucumbieron a la necesidad individual de poder y de brillo de ciertas personalidades, varias de ellas provenientes de ámbitos empresariales y de considerable señorío económico.

La desesperación kirchnerista por conservar el poder -desde el adelanto de las elecciones hasta el invento de las testimoniales- fue la cereza de un postre que ya dejó salmonellas en la digestión institucional.

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"No se puede ir a la cabeza y a los premios", definió el mismo dirigente. A partir de ahora, no habrá manera de ser candidato a intendente y concejal, una fórmula tan frecuente en la izquierda. O a concejal y senador, como ocurrió en Olavarría en junio: tanto Julián Abad como Silly Cura aspiraban a ambos cargos. El colmo extremo, sin dudas, fue José Eseverri: intendente, candidato a concejal y a senador y testimonial en ambas. La política rebajada a un cartón pintado sin valor. Sin ética ni estética.

Ahora las primarias serán un año antes que la general. Y quien se presente "como candidato para cualquier cargo en las elecciones primarias, sólo podrá hacerlo por un partido político, agrupación municipal, federación o alianza transitoria electoral y para un solo cargo electivo y en una sola categoría". Clarísimo.

Otra trampa bloqueada: "Quienes se presentaren como candidatos en las elecciones primarias y no resultaren electos no podrán postularse en la elección general". Lo que significa que, como dijo el mismo chispeante dirigente, "se acabaron las listas ambulancia". Es decir: si alguien pierde la interna o no le gustó el lugar que le impusieron en la nómina, se arma otro partido y se presenta. O bien busca abrigo en uno ya existente. Historias de éstas, en la ciudad, hay decenas. Especialmente protagonizadas por peronistas fastidiados con la conducción de turno y que creen que su propio nombre arrastra. El fracaso rotundo los deja en el camino definitivamente. El sistema actual deja espacios abiertos para agrupaciones como el Partido Vecinalista de Integración Ciudadana que nunca saca más de cien votos, pero está en todas las elecciones, con un referente desconocido y objetivos casi misteriosos.

"Para poder participar en la elección general, los partidos políticos, agrupaciones municipales, federaciones y alianzas transitorias electorales, deberán obtener como mínimo el uno y medio por ciento (1,5%) de los votos positivos válidamente emitidos, aun en el caso de lista única. Los candidatos electos en la elección primaria no podrán postularse por otras agrupaciones políticas en la elección general", dice la normativa.

Esto implica que quedan fuera de carrera partidos como el mencionado, la izquierda tradicional (Partido Obrero, MST) otros referenciados en dirigentes nacionales -como Nuevo Encuentro o Frente es Posible-, sin ningún tipo de base territorial. De los doce partidos que participaron en la elección de junio, cinco caen por falta de votos. El cernidor de la reforma deja a sólo siete en carrera.

Todos deberán pasar por interna abierta, simultánea y obligatoria: gobernador, diputados, senadores, intendente, concejales. Para los cuerpos legislativos se aplicará el sistema D'Hont -"que beneficia a las minorías", acotó Alicia Tabarés- "entre todas las listas partidarias que hubieren participado y obtenido, como mínimo, el diez por ciento (10%) de los votos positivos de la agrupación política correspondiente, en la respectiva categoría".

La previa y la sobremesa del 28 de junio dejó cuadros increíbles para la pared de la historia: Julián Abad con dos candidaturas pero con ninguna. Cuatro listas colectoras colgando de De Narváez, una sola de ellas genuina y con historia. Se cayeron tres. Quedó la que entró por la ventana a último momento. José Eseverri y Alicia Tabarés encabezaron la lista de concejales. Los que asumen realmente son absolutos desconocidos para aquellos que los votaron y a quienes, supuestamente, representarán. El Intendente fue doble testimonial. Sergio Milesi, que entró al Concejo gracias a Silly Cura y su estructura, inmediatamente se mudó al bloque de Marcelo Urlézaga.

Acaso una norma legal pueda rescatar medianamente la dignidad. Pero los dirigentes van a ser los mismos. Y ése es un problema.

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