Cambia Obama su estrategia para la guerra en Afganistán

Reemplazó al comandante militar en ese país; quiere un enfoque menos convencional
WASHINGTON.- Con el fin de cambiar el rumbo de la estancada guerra en Afganistán, que ya lleva más de siete años, el gobierno de Barack Obama anunció ayer que reemplazará al principal responsable militar en ese conflictivo país, el general David McKiernan, menos de un año después de su asunción en el cargo.

El anuncio fue realizado por el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, quien, durante una conferencia de prensa en el Pentágono, declaró: "Nuestro presidente ha implementado una nueva política. Tenemos una nueva estrategia, una nueva misión y un nuevo embajador. Creo que también es necesario un nuevo liderazgo militar".

Según precisó Gates, McKiernan, a quien se le solicitó la renuncia, será reemplazado por el teniente general Stanley McChrystal, ex comandante de operaciones especiales y actual director del estado mayor conjunto.

La nueva designación deberá ser aprobada por el Senado, y hasta entonces McKiernan, al frente de las operaciones militares en Afganistán desde junio de 2008, continuará en el cargo. El cambio refleja la convicción dentro del gobierno de que la guerra en Afganistán se ha vuelto tan compleja que requiere un liderazgo militar menos convencional.

"Nuestra misión allí requiere un nuevo pensamiento y nuevos enfoques por parte de nuestros líderes militares. Este es el momento adecuado para realizar el cambio", afirmó Gates, que la semana pasada visitó Afganistán para evaluar in situ la situación en ese país y supervisar los preparativos para la puesta en práctica de la nueva estrategia de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo.

El cambio de mando tiene lugar en momentos en que unos 21.000 soldados adicionales están llegando a Afganistán para enfrentar a los talibanes, que en los últimos meses han recuperado su fuerza y capacidad de lucha.

El envío de más fuerzas de combate fue aprobado en marzo por Obama, que hizo de la guerra de Afganistán uno de los puntos centrales de su política exterior durante la campaña electoral del año pasado.

Gracias a ese refuerzo de tropas, se calcula que para fines de año Estados Unidos tendrá más de 68.000 soldados en ese país, lo que equivale aproximadamente al doble de los que había durante la presidencia de George W. Bush, pero mucho menos que los 130.000 que aún hay desplegados en Irak.

El secretario de Defensa, de hecho, admitió ayer que el ejército ha carecido durante mucho tiempo de personal y de recursos económicos en Afganistán debido a la mayor importancia que el gobierno anterior le dio, desde 2003, al conflicto en Irak.

El anuncio, además, ocurre a una semana del trágico bombardeo de tropas norteamericanas que dejó más de 100 civiles afganos muertos y que, por su magnitud, obligó a la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, a pedir disculpas públicamente.

Contra los talibanes

Ayer, de hecho, una investigación pedida por el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, aliado de las potencias occidentales, reveló que 140 civiles, incluidos decenas de niños, murieron a raíz de los ataques aéreos estadounidenses del 4 y 5 del actual, que se concentraron en la población de Farah, en el oeste del país.

Por otro lado, además de nombrar a McChrystal, Gates también designó ayer al teniente general David Rodriguez segundo comandante para las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

Con el fin de derrocar a los líderes talibanes que dieron refugio a los miembros de la red terrorista Al-Qaeda, responsables de los ataques del 11 de Septiembre, Estados Unidos invadió Afganistán en octubre de 2001. Pero tras años de guerra la violencia en el país asiático se ha elevado hasta alcanzar niveles récord desde el inicio de los enfrentamientos.

En otro frente de combate contra el terrorismo, mientras miles de paquistaníes continuaban ayer huyendo del valle de Swat, aviones del ejército de Paquistán bombardearon presuntas posiciones de milicianos islámicos en un enclave cercano a Islamabad, en el marco de una feroz ofensiva que, según el gobierno, ha provocado la muerte de 700 insurgentes en los últimos cuatro días.

La dura respuesta militar del gobierno paquistaní contra los talibanes ha sido elogiada por Estados Unidos, que exige el desalojo de la insurgencia islámica de santuarios donde se cree que planean ataques contra las fuerzas norteamericanas y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la vecina Afganistán.

La ofensiva lanzada la semana pasada por las fuerzas militares de Paquistán contra los fundamentalistas islámicos es "una lucha por la supervivencia" del país, proclamó ayer, por su parte, el primer ministro paquistaní, Yusuf Raza Gilani.

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