Cambia, nada cambia

Por Jorge Fontevecchia

"Nadie es tan rico como para comprar su pasado", dijo alguna vez Nacha Guevara parafraseando a Oscar Wilde en un reportaje. Pensé lo mismo al ver su foto haciendo proselitismo para Duhalde caracterizada como Eva Perón cantando No llores por mí, Argentina en el estadio de River, para el acto de clausura de campaña de las elecciones de 1999.

¿Pero cómo? ¿No era Duhalde la derecha? ¿No es el padrino de la actual competencia: De Narváez/Solá? Nacha es una artista y no sería justo trasladarle a ella preguntas que correspondería formularle al matrimonio Kirchner, que finge ser tan distinto a sus predecesores cuando en realidad no es tan diferente, incluyendo a Menem, el padre de la famocracia, más viva y pujante que nunca, con Scioli, Reutemann y Macri.

Película vieja, me dije. También me pregunté si la acusación que enfrenta De Narváez porque desde un teléfono suyo se habrían hecho tres llamados al "rey de la efedrina" sería tan distinta a la que enfrentó en la anterior elección legislativa la mano derecha de Carrió, Enrique Olivera, por tener una cuenta corriente en el exterior que pasada la votación se comprobó que no existía. Pero el problema no es sólo del oficialismo, porque ¿en qué se diferencian De Narváez y Solá de los métodos kirchneristas si el PRO-peronismo también coloca tercera en la lista de diputados por la provincia de Buenos Aires (la posición de Nacha Guevara) a otra artista con nombre emblemático: Claudia Rucci, y será el partido con mayor cantidad de listas colectoras? Y para completar mi escepticismo, terminé preguntándome: ¿existirá el cambio en política?

El futuro dejado a sí mismo solamente repite el pasado, sostenía el gurú indio Nisargadatta (a quien seguramente Nacha Guevara habrá leído). Desde una perspectiva occidental conviven dos ideas sobre el cambio: el de orden mecánico como ciclo permanente que se repite infinitamente, un cambio evolutivo lineal-horizontal asociado a la continuidad, y una forma de acumulación superpuesta y automática, o sea el cambio cuantitativo que popularmente llamamos "más de lo mismo"; y el de cambio cualitativo que requiere disloque con lo previo, ruptura y discontinuidad con el orden preexistente, una transformación estructural o mínimamente una alteración apreciable de lo anterior.

Uno es un cambio circular. El otro, de sustancia. El cambio cuantitativo es el que habitualmente sucede, y está asociado a la idea de movimiento. Reduce el cambio al desplazamiento al que tanto nos tiene acostumbrados el peronismo. Pero Kirchner, De Narváez, Duhalde y Menem podrían apelar a la filosofía en defensa del peronismo y decir que a la idea de todo fluye (Heráclito) se confronta la de todo permanece (Parménides), que hay apenas "un desplazamiento de átomos (peronistas) en sí mismos invariables" porque ese incesante alumbrarse y extinguirse no es más que la comprobación de que el ser (peronista) es una entidad que subyace en todo cambio.

También dirían que "el General" apoyaría concebir el cambio, o el devenir, como "actualización de lo posible" (Aristóteles) asociado a la idea de potencia o potencialidad, lo que demostraría que "se es lo que se puede" (la evolución emergente) o, más popularmente, "es lo que hay".

Si "el ser es un proceso", lo que permanece es lo que está dentro de lo que deviene, y ese cambio sería un "ir siendo", ya sea Eva, Evita, Nacha, o Menem, Duhalde Kirchner, u Ortega, Reutemann, Scioli.

Quizá este análisis sea injusto con el peronismo y convenga preguntarse: ¿existe algo que no haya existido previamente?, ingresando en el terreno de las diferencias entre creación y producción. Perón habría creado y, por el contrario, Kirchner, Duhalde y Menem habrían simplemente producido.

Lo que tenemos en política no son novedades absolutas sino novedades relativas, combinaciones en distintas proporciones de los mismos elementos. Volvemos nuevamente a la diferencia entre cambio cuantitativo y cualitativo: en la producción hay cambios de grado, mientras que en la creación hay cambios de naturaleza.

Quizá este análisis sea injusto ya no con el peronismo sino con la política en su conjunto, porque en todos los ámbitos el concepto de nuevo se redujo a "recién hecho" y no a "diferente de lo que antes había". Comenzando por el periodismo, porque noticia viene de "nuevo". Quizá, simplemente, el peronismo se esté poniendo viejo y repetitivo. El famoso poeta norteamericano Ogden Nash decía que la edad adulta "es cuando te has encontrado con tanta gente que cada nueva persona te recuerda a otra".

Posdata: tiene razón Cristina Kirchner en acusar de destituyente el vergonzoso diálogo entre Mariano Grondona y Hugo Biolcati por Canal 26. Otro desagradable ejemplo de lo puramente aparencial que es la idea de cambio en política.

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