Las cámaras en semáforos bajaron las infracciones en un 54 por ciento

Está claro que en materia de tránsito la conciencia vial se agudiza cuando va acompañada por la posibilidad de recibir una sanción.
Así lo demuestra el dato que maneja la Dirección de Ingeniería de Tránsito: desde marzo último, cuando empezaron a probarse los llamados radares urbanos, cada cámara instalada en un semáforo para detectar cruces en rojo o en verde con exceso de velocidad pasó de registrar 75 infracciones diarias a 34, lo que indica que las faltas cayeron a menos de la mitad.

El descenso fue progresivo e ininterrumpido. Según detalló ayer el subdirector de Ingeniería de Tránsito, Gerardo Vignolo, las cámaras no sólo fueron efectivas para controlar las faltas, sino también para “investigar y llevar estadísticas” sobre el comportamiento de los conductores rosarinos.

Los números hablan. Cuando se pusieron a prueba (en ese momento sin labrar actas, pero ya tomando fotografías digitales) en marzo pasado, cada cámara arrancó detectando un promedio de 75 infracciones diarias.

En ese lapso, que duró un mes, mientras se desarrollaban fuertes campañas de concientización y la población empezaba a familiarizarse con la presencia y la señalización de los radares, las faltas bajaron a 65 por cámara por día.

Hacia junio el promedio de infracciones volvió a caer a 52, lo que indicaba un descenso acumulado del 30 por ciento.

Y ahora, entre fines de julio y primeros días de agosto, la cantidad de faltas diarias registradas por cada cinemómetro pasó a 34. Eso indica un descenso del 54 por ciento, porcentaje que desde la repartición evalúan como un signo inequívoco de que los dispositivos desempeñan un papel más que eficaz para controlar el tránsito.

Las fotografías digitales que toman las cámaras cuando detectan un cruce en rojo o un cruce en verde con exceso de velocidad plasman, entre otros datos, la imagen del vehículo transgresor, su patente, la fecha y hora de la falta, la velocidad a que se desplazaba y la máxima permitida en ese lugar.

Al respecto, Vignolo aclaró que los conductores que cruzan a velocidad permitida no deben alarmarse si a su lado otro vehículo supera la máxima y la cámara les saca la foto.

“El sistema está diseñado para registrar velocidades en todos los carriles en forma simultánea”, dijo, por lo que instó a “no asustarse” si se ve el flash pero se circula en regla.

Los que sí pueden asustarse, y con razón, son los transgresores, ya que las multas por alguna de esas faltas van de 350 a 960 pesos, con el agravante de que si se cometen dos al mismo tiempo y en el mismo cruce se pueden acumular.

Eso ocurre, por ejemplo, cuando un vehículo cruza en rojo y encima lo hace a mayor velocidad de la autorizada. Más tarde, si el juez de faltas así lo resuelve, los montos punitivos pueden sumarse.

El esquema de instalación de las cámaras en los semáforos priorizó las avenidas y calles de la ciudad que detentan un mayor volumen de tránsito y alta incidencia de accidentes. La idea es que los radares se muden cada tanto, rotando entre las 60 esquinas que muestran la peor

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