Sin cámaras ni ovación

El paso de Cobos por Jesús María cosechó otra perla en su rosario de roces con los Kirchner. Por Rubén Curto.
No generó la convulsión política que muchos intuían, ni se llevó la adhesión popular estruendosa que otros esperaban le tributaran las 20 mil almas que poblaron el viernes por la noche el anfiteatro de Jesús María. El entusiasmo y el cotillón que había preparado la Sociedad Rural local para agasajar (y agradecer) al ilustre visitante fueron mucho más lejos que el respetuoso aplauso que le prodigó la multitud.

La visita festivalera del vicepresidente Julio Cleto Cobos, el del recordado voto “no positivo” a las retenciones, registró un perfil bajo, en parte atribuible a su modo de ser personal, pero potenciado al máximo por su sorpresiva desaparición de la transmisión televisiva, censura mediante, de parte del estatal Canal 7.

El paso del mendocino por Jesús María dejó como saldo más notorio otro desplante, esta vez grosero, del poder K hacia su investidura de vicepresidente. “Esto no es nada. Si ni siquiera cumplen la formalidad de traspasarme el mando cuando Cristina se va de viaje”, refunfuñó el vice ante los periodistas.

Quienes siguieron su incursión por televisión ni se enteraron de que tuvo un trato amable con el gobernador Juan Schiaretti, quien tampoco salía de su asombro al enterarse que sucesivas tandas publicitarias reemplazaron la aparición de ambos en cámara en la noche del viernes.

De cara a la interna radical cordobesa, Cobos fue previsible al pedir la vuelta de los echados del partido (por caso, el jesusmariense Marcelino Gatica) y volvió sobre sus pasos al no descartar una posible alianza con el juecismo, que había desestimado en otra reciente visita a Córdoba.

Cobos pasó por el Festival de Doma, como –anticipó– piensa hacerlo en otras celebraciones veraniegas por el resto del país. Paseó su talante de hombre campechano, sencillo, que en medio de tanta expectativa protocolar y política a su alrededor se permitió pedirles a sus anfitriones unos minutos más junto al campo de doma “para ver un par de jineteadas”. La madrugada del sábado lo encontró durmiendo en El Cortijo, una casona de estilo español en las afueras de Jesús María, y ayer a la tarde volvió a Buenos Aires, a seguir ejerciendo como vicepresidente, pero con facultades mínimas, acotadas por el poder K.

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