La mujer de Ampliación de Yapeyú vive con custodia permanente desde octubre de 2010 por denunciar a narcos. Dice que no le dan alternativas para irse del barrio. Fue internada por una crisis psicológica.
El calvario de Mónica Torres parece no tener fin. “Estoy cansada, me da vergüenza tener que ir a todos lados con un policía, si yo no hice nada malo, ¿por qué entonces la que va con un policía soy yo?”, repetía en los últimos días la mujer de barrio Ampliación Yapeyú, de la ciudad de Córdoba.
Desde octubre de 2010, Mónica y su familia viven casi encarcelados, con custodia policial las 24 horas, luego de que ella fuera a la Comisaría 6ª y denunciara un robo que acababa de sufrir, una vez más, en su casa. Cuando le preguntaron si conocía a los delincuentes, advirtió que a metros de su casa había un “quiosco” de drogas y quienes le robaban era adictos que iban allí a comprar estupefacientes.
Días después, frente a su casa, los ladrones arrastraban a una mujer a la que le estaban arrebatando la cartera. Mónica salió a socorrerla. “Hice lo que tenía que hacer, le estaban pegando en el piso y le gatillaban con un arma, pero la bala no salía; la iban a matar”, recordó intentando encontrar el porqué a tanto ensañamiento.
Lo concreto es que a partir de estos dos episodios, su casa fue el blanco de una serie de ataques constantes.
Le balearon el frente, rompieron una puerta, arrojaron pintura y hasta mataron a uno de sus perros. Recién cuando el caso se hizo público en los medios de prensa, la Justicia decidió que una camioneta de la Guardia de Infantería custodiara las 24 horas frente a su casa. Pero esto no hizo cesar las agresiones contra ella y sus hijos, por lo que tiempo después se decidió que Protección de Testigos de la Policía la acompañara a todas partes.
Hoy, Mónica tiene que avisar a la Policía de cada uno de sus pasos. Va y vuelve del trabajo acompañada por efectivos.
Ilusiones rotas. El año pasado, ella pensaba que por fin lograba ponerle fin a su drama. Tras diferentes “negociaciones” con el Ministerio de Desarrollo Social, habían acordado que si lograba vender su casa la Provincia le iba a prestar la parte de dinero que necesitaba para mudarse a otro lado.
Antes, ella había desechado irse a vivir a un complejo de departamentos ubicado a pocas cuadras de Marqués Anexo. “Iba a ir de Guatemala a ‘guatepeor’”, señaló en aquella ocasión.
La paradoja era que el supuesto comprador era un traficante del mismo barrio. Lo que significa que quién tenía la llave para que ella pudiera salir de allí era uno de los que venden drogas en la zona.
Sin embargo, la venta se cayó. El supuesto comprador sufrió un “narcosecuestro” y decidió no hacer la transacción, según advirtió la propia Mónica. Este último caso es investigado por la fiscal federal Graciela López de Filoñuk.
Ante esto, Mónica continuó en el barrio, con custodia permanente. En los últimos días, le ganó el desánimo. Estaba triste, impotente. Se preguntaba por qué había denunciado. Por qué si hizo lo que correspondía (la denuncia) los únicos que sufrían eran ella y sus hijos.
El lunes, su hija llegó justo a tiempo, luego de que tomara varias pastillas tras una crisis nerviosa. No volvió al barrio. Le dijeron que, por su salud, no vaya a su casa. Su calvario parece no acabar más.
En detalle
El comienzo. Mónica Torres se animó a denunciar a sus vecinos por vender droga. Eso le costó que sufriese el acoso constante de los delincuentes. Tiene custodia permanente desde octubre de 2010, cuando su caso se publicó a través de los medios de prensa.
Frustrada. En los últimos días, presa de una crisis nerviosa, la mujer debió ser internada y le recomendaron no volver más a barrio Ampliación Yapeyú. Pero no tiene otro lugar dónde vivir.
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