Con la ola de calor, crecen los casos de "insomnio ambiental"

Son producidos por exceso de ruido, de frío o de calor. El generado por altas temperaturas es más complejo de combatir. Así, el sueño es difícil de alcanzar y más fragmentado. Lo bueno: el cuerpo tiene un par de grados menos durante la noche.
Los que entienden en Medicina del Sueño coinciden en que la temperatura es un factor fundamental a la hora del buen dormir. El frío y el calor son variables, y de las más importantes, que determinan la calidad del sueño. Pero con el calor crecen los casos de "insomnio ambiental".

"Se llama insomnio ambiental al producido por exceso de ruido, frío, calor, cuando éstos provocan dificultades en la conciliación del sueño, con más etapas de sueño superficial que profundo", empieza Claudio Podestá, neurólogo del laboratorio del sueño del FLENI.

"Uno no duerme bien ni con mucho frío ni con mucho calor. Pero con frío uno se tapa con dos frazadas y listo. En verano no es tan fácil: tiene que ver con dietas, hábitos y la temperatura ambiente", dice la doctora Margarita Blanco (www.rems.com.ar).

¿Cómo funciona el organismo sometido a temperaturas altas? La palabra la tiene Mirta Averbuch, jefa de la Unidad Medicina del Sueño del Instituto de Neurociencia de la Fundación Favaloro. "El hombre es un animal homotérmico, un mamífero capaz de regular su temperatura corporal. Cuando sube la temperatura ambiental, el cuerpo la ajusta aumentando la pérdida y bajando la producción de calor. O sea, transpiramos".

Sigue: "Cuando baja, el cuerpo mantiene la temperatura. Aumenta la producción de calor y disminuye la pérdida a través de mecanismos físicos. La información de la temperatura ambiental se percibe con termoreceptores localizados en la piel y algunos músculos, y llega al cerebro a través de la sangre. En el hipotálamo está el termostato, por así decirlo".

Avervuch, directora también del Instituto Somnos y del portal www.dormirmejor.com, explica que el cuerpo humano mantiene la temperatura corporal entre 36,5° y 37,5°, independientemente de la que haya afuera. Pero el mecanismo de compensación no es igual según la edad. "Los recién nacidos tienen problemas en la regulación, al tener inmaduros los centros nerviosos. Los ancianos tienen la temperatura en 36°, no regulan tan bien y deben cuidarse más".

Además, la temperatura no es constante: varía según la hora del día. Blanco dice que tiene su pico y se mantiene arriba entre las 6 de la tarde y las 9 ó 10 de la noche, cuando comienza a bajar. Al punto más bajo, cerca de los 36°, llega a las 3 de la mañana. Y señala que la frecuencia de fallas en la lectura de instrumentos está relacionada de manera directa con la temperatura corporal. A más baja, más fallas. "Significa que no hay que pasar la noche en 'piloto automático', sino adaptarnos", comentó.

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