Las calles de Miramar siguen afectadas por afiches políticos

Tras los comicios del 28 de junio, ningún partido político quitó sus afiches de los sitios públicos, accionar que está prohibido por una ordenanza municipal. Columnas de luz y paredes reflejan una irresponsable pero evitable suciedad.

Las ciudades crecen a través de grandes compromisos y objetivos, no solamente gubernamentales sino por parte de la propia comunidad que lógicamente también juega un rol fundamental.

En tiempos proselitistas es común ver a personajes políticos trasladándose de un lado a otro de la ciudad con sus vehículos, llevando a los populares "pega carteles", quienes sin respetar nada colocan un afiche tras otro, sin importarle el prójimo o por lo menos quienes están en contra de estas acciones.

Si bien es cierto que hay otras situaciones más alarmantes, también las pequeñas cosas son las que identifican a un pueblo. Pese a que las elecciones se ganan en las urnas, parece que la mayoría sigue optando como estrategia la colocación de propaganda en cualquier parte, tapando los que ubicó previamente el rival político, y así sucesivamente.

Por ahí quienes, están ligados a la política desde hace mucho tiempo interpretan como decisivo este tipo de sistema, aunque sería reconfortante que el mismo énfasis a la hora de colocarlos, lo pusieran para quitarlos una vez culminado el acto democrático, ya que pasaron más de 2 meses y medio de los últimos comcios legislativos y la ciudad sigue empapelada de promesas y figuras partidarias.

Si bien prevalecen algunos sobre otros en cuanto a la cantidad, la realidad que hay para todos los gustos y en algunos casos, llamativamente todavía nos encontramos con paredones pintados con los candidatos a intendente para 2007.

Según está redactado en el artículo 1 de la ordenanza municipal Nº 091 del año 1993, "está prohibida la publicidad escrita sobre frentes y paredones por parte de los partidos políticos en sus campañas proselitistas". Además sigue detallando la imposibilidad de colocar pasacalles.

En otra parte, aduce que "toda violación a estas normas serán penadas por multas de dos (2) sueldos mínimos de empleados municipales, por frente o paredón de 10 m2". y en caso de superar esta superficie habrá un aumento proporcional en la multa.

Asimismo, en su anteúltimo artículo comunica que los partidos políticos serán responsables de dejar en condiciones de limpieza y pintura los frentes y paredones que hubiesen utilizado para su publicidad partidaria.

Sin duda, la ordenanza que sufrió una modificación en su artículo 3, pero sólo limitando la colocación de pasacalles (071/09), no se cumple por ninguna fuerza partidaria.

Las imágenes del desencanto y suciedad son evidentes, situación que se ve agravada aún más cuando observamos carteles en lugares sumamente peligrosos o tapando alguna señalización de tránsito. Un caso ejemplar es el portón de la subestación de la empresa que brinda el servicio de electricidad a la ciudad, donde inconscientemente todavía quedan vestigios de un par de afiches que hasta no hace mucho tapaban la leyenda de "Peligro Choque Eléctrico de Alta Tensión".

También en el acceso a la sede del Correo Argentino, se observan fotos y algunas gigantografías de candidatos sobre las paredes. Párrafo aparte para las luminarias, especialmente de la zona céntrica y barrios aledaños, donde cuyas columnas es fácil de apreciar un bombardeo propagandístico de dos o más afiches montados uno arriba del otro.

Si bien la responsabilidad de quitarlos no le compete directamente al municipio, la dependencia correspondiente debe exigir el respeto de la reglamentación vigente a quienes colocan esta enorme vidriera urbana de candidatos, quienes a su vez paradójicamente al menos tienen relación indirecta con quienes elaboran las correspondientes ordenanzas.

A pocos meses de la temporada estival, en medio de un panorama económico incierto y donde se están haciendo esfuerzos desde el ámbito oficial y privado para atraer turistas a Miramar, estos temas que fueron quizá relegados por diferentes circunstancias, deben transformarse también en prioridad, más cuando son acciones para nada imposibles de concretar.

Comentá la nota