Calle Alem: entre el control y lo inevitable

Aunque los desmanes en la zona ya son escasos dada la fuerte presencia policial, el lugar amanece rodeado de basura, vasos, botellas y olores nauseabundos. El gran protagonista de la noche marplatense: el alcohol.
El corredor nocturno ubicado sobre la calle Alem se ha convertido en una de las zonas más conflictivas de la ciudad al evidenciarse la estrecha relación entre los jóvenes y los excesos.

Sin ir más lejos, a principios de este año un numeroso grupo de adolescentes atacó durante más de 40 minutos a los automovilistas que por allí intentaban transitar, golpeando puertas y techos de los vehículos y arrojándoles cestos enteros de basura. A un mes de este hecho la situación parece estar bajo control, aunque las quejas de los vecinos del lugar continúan siendo constantes y reales.

Ambas circunstancias fueron sondeadas por El Atlántico: el último viernes de enero no se destacó por ningún hecho relevante de descontrol juvenil, pero la gran actividad nocturna y afluencia de público, con sus consecuencias para el paisaje urbano y la tranquilidad vecinal, quedó de manifiesto al cierre de los bares y con la salida del sol matinal.

De todas formas, el dato proporcionado por el comisionado de la Policía bonaerense Osvaldo Castelli, Jefe Departamental de nuestra ciudad, no es menor: en lo que va del mes, sólo se registraron 20 contravenciones al Código de Faltas de la Provincia de Buenos Aires (Ley 8.031) por casos de ebriedad y desorden en jurisdicción de la comisaría 9º, cuya órbita comprende la zona de Alem, la rotonda de la bandera y el playón de Playa Grande.

La escena en las calles de Alem es conocida por los marplatenses y los turistas que año tras año llegan a la ciudad en la temporada. A los principiantes -muchos adolescentes de todo el país suelen vacacionar por primera vez sin supervisión adulta en Mar del Plata- tampoco les cuesta mucho aclimatarse a la noche local.

El primer punto de encuentro habitualmente es un pequeño departamento alquilado por grupos de 4 ó 5 chicos, donde comienza la ronda de cervezas, que luego prosigue en Alem. Así lo relataron a este medio los adolescentes de entre 18 y 21 años entrevistados. Esta franja de edad concurre mayoritariamente a los bares ubicados sobre la calle Alem propiamente dicha, mientras que los mayores prefieren instalarse en los locales de Bernardo de Irigoyen.

No obstante, una vez que los comercios dan por terminada la jornada, todos se mezclan en la calle principal del corredor y dentro de las pancherías que continúan abiertas hasta largas horas de la madrugada.

Puertas adentro de un conocido bar, tal como se repite en la mayoría, la consigna es una: beber alcohol. Todo se desarrolla como un juego cuando, micrófono en mano, el anfitrión anuncia que la primera ronda de "chupitos" de tequila y limón sin cargo, se la llevará un chico y una chica que celular encendido y en alto, consigan resaltar lo suficiente como para hacerse acreedores del premio, siguiendo la letra de un reggaeton que menciona constantemente la palabra "parabrisas". Dos jóvenes de un mismo grupo de amigos que bailaban cerca de la cabina del discjockey lo lograron y extasiados siguieron al anfitrión hasta una de las barras donde ingirieron el trago en un solo movimiento.

Vecinos molestos

Hace aproximadamente 7 años, el panorama era diferente. Los bares de Alem se constituían como la clásica "previa" -que hoy se realiza en domicilios particulares- y luego, la muchedumbre se trasladaba hacia los boliches de la avenida Constitución. En la actualidad, Alem ofrece la actividad completa, incluso careciendo de habilitación para hacerlo porque legislativamente, un bar no es lo mismo que un bailable. Las condiciones, regulaciones y obligaciones se encuentran bien diferenciadas.

Sin embargo, Alem se convirtió en el mayor centro de recreación nocturno de la ciudad, donde la oferta es variada y ya no concluye a las 2 de la mañana, sino unas cuantas horas después.

A esto hizo referencia Carlos Carricart, presidente de la asociación vecinal Lenadro N. Alem de Playa Grande, entidad que desde hace tiempo brega por la "recuperación" del barrio.

Entre otras cuestiones, los vecinos denuncian la existencia de ruidos molestos, asistentes alcoholizados e intoxicados, perdidas patrimoniales de los ciudadanos, violaciones a las normas de transito, impactos ambientales, deposiciones humanas en la vía publica, perdida de identidad barrial y problemas de seguridad, a causa de la concentración de locales destinados al esparcimiento nocturno en la zona.

"Todos estos excesos provocan un gran malestar, una molestia permanente no solamente para los residentes que vivimos todo el año, sino también para los turistas que tienen sus casas de veraneo y vienen a descansar a nuestros barrios", aseguró Carricart.

Desde su óptica, los inconvenientes son consecuencia de "los incumplimientos de una serie de normativas" que según argumentó, son básicamente dos: el baile y la violación de los factores de ocupación.

"La gente viene atraída por estas actividades no contempladas en las habilitaciones. Igual los chicos no tienen porqué saber cuales son las cosas permitidas que tienen estos lugares o no", aclaró.

Consultado por las situaciones que se dan en el sector y la efectividad de los controles, Carricart afirmó que las molestias se suceden "a pesar de que las autoridades insistan, colaboren y estén presentes". Mencionó que hasta se ha visto a grupos de jóvenes arrancando árboles y tirando cestos de basura a la calle.

El vecinalista comparó el caudal de público que asiste a Alem con la salida de un estadio de fútbol y describió el estado de los adolescentes como "trasnochados y excitados después de una noche de fiesta, luego de haber estado varias horas sin dormir y consumiendo alcohol".

Por otra parte, recalcó que por las mañanas los olores son imposibles de soportar, en especial durante el verano, producto de "la constante de de hacer las necesidades en la calle y los vómitos".

De todas formas, Carricart entendió que se demonizaba la diversión pero dentro de los parámetros normales de convivencia. "Esta cantidad de gente tan desmesurada dentro de un barrio nos preocupa como sociedad, más allá de cómo nos vemos afectados en nuestros derechos", sentenció.

Bajo control

Tras los incidentes registrados durante la madrugada de Año Nuevo, los operativos de seguridad encomendados a la zona de Alem cambiaron su metodología. Para esa fecha, al igual que para los festejos de Navidad, se habían dispuesto una serie de vallados y efectivos en las inmediaciones del sector. Luego varió el sistema de seguridad y en lugar de vallarse lo que se hizo fue volcar la presencia policial que estaba un poco alejada del centro de Alem, sobre el sector. Así es que actualmente se puede observar en la noche marplatense un móvil por cada esquina con efectivos que recorren la zona a pie.

"Lo que nosotros fundamentamos principalmente es que no exista un exceso de alcohol y que eso lleve a que los chicos, una vez en la calle, terminen en problemas", dictaminó el Jefe Departamental, quien a su vez sostuvo que "se trabaja fuertemente para que ninguna persona esté circulando con botellas o vasos de bebidas alcohólicas".

Castelli destacó que en tales casos y según la circunstancia, "se lo invita a desistir de la actitud o juntamente con personal municipal, se infracciona a la persona como también al comercio que ha permitido la salida de esa botella o vaso a la calle".

"Consideramos que cuando las personas comienzan a beber desde temprano, a las 5 ó 6 de la mañana, se ve reflejado en actos violentos. Por suerte, salvo raras excepciones, no hemos tenido mayores problemas", resaltó.

En detalle, Castelli informó que por infracción a la ley 8031, en más de 2300 inspecciones de nocturnidad, "se han hecho 20 contravenciones por casos de ebriedad y desorden en lo que va de este mes de enero".

"Es una cifra relativamente menor teniendo en cuenta la cantidad de gente que hoy por hoy tiene Mar del Plata. Fueron 20 personas que causaron desorden, sin llegar a cometer delitos", concluyó.

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