Callados, pobres y mendigos

Por Adrián Ventura

El Gobierno propone leyes y el Congreso las refrenda, sin chistar. Las provincias y sus legisladores ante el Congreso nacional se inmolan a los pies de un poder concentrado.

En la Argentina, nadie hace política para construir un país. Simplemente, los políticos hacen política, pero perdieron el sentido final de su misión.

Ocurrió con la ley de medios K. Flaqueó la defensa de la libertad de expresión y sobraron las críticas al periodismo. La mejor forma de no soportar críticas no es mejorar la gestión de gobierno sino suprimir las críticas.

Ahora, esta semana, volvió a ocurrir con la ley de presupuesto, la prórroga de impuestos coparticipables (aunque las provincias reciben cada vez menos de ese dinero) y la ley de responsabilidad fiscal. Ni los senadores ni diputados que debatieron aquella ley defendieron la libertad de expresión.

Esta semana, con la ley de presupuesto, los diputados oficialistas, entre ellos muchos representantes de las provincias, no defendieron la autonomía de sus distritos.

En efecto, los diputados permitieron que el Gobierno prorrogue impuestos, sin mejorar la coparticipación ni obtener mayores beneficios. Las provincias sí obtendrán una autorización para endeudarse -emitir bonos de empréstito-, para salir a reclamar préstamos al mercado que le permitan cubrir lo que el Estado les retacea por coparticipación.

Así, otra vez más la mejor forma de gobernar un país federal no es fomentar el federalismo, sino crear provincias mendigas, que dependan hasta la asfixia del gobierno central. Y, si necesitan dinero, que se endeuden, algo que las vuelve más pobres y dependientes.

En la Argentina no hay seguridad. No hay federalismo. No hay un presupuesto serio. No hay límites a los superpoderes. No hay gobernadores ni diputados ni senadores valientes capaces de plantarse frente al Gobierno central.

Sólo unos pocos gobernadores, el puntano Rodríguez Saa y el cordobés Juan Schiaretti, se animan a plantarse frente al Gobierno para reclamar, el primero, en contra de la ley de medios y el segundo, en contra de los recortes que hace la Anses al dinero que el Estado nacional debe remitir a Córdoba.

Schiaretti estuvo en la Corte y llevó un planteo serio. La Corte se puso en el medio del debate de la coparticipación. Pero, más allá de los efectos jurídicos que produzca el debate en el juicio, fue un debate políticamente estéril. Esta misma semana, a despecho de ese debate, el Congreso volvía a consagrar la prórroga, la eternización de todos los vicios del centralismo.

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