La calificadora Fitch Ratings tampoco descartó un eventual default en la Argentina

El analista principal estimó desde Nueva York que el modelo se vuelve "más vulnerable" en el actual ambiente internacional; en diálogo con lanacion.com, advirtió por la inflación, la intervención oficial y la falta de confianza; pronostican una fuerte desaceleración
Tras la advertencia de Moody´s, que ayer revivió el fantasma del default en el país, Fitch Ratings, otra calificadora de riesgo internacional, corroboró que en el actual contexto global de crisis crecen las posibilidades de que la economía argentina entre en cesación de pagos.

Así lo afirmó desde Nueva York a lanacion.com, Erich Arispe, analista principal de la calificadora para el país. El experto puso bajo la lupa el fuerte incremento de la inflación en los últimos dos años, la intervención oficial en la economía -controles de precios, subsidios y controles cambiarios-, la situación del Indec, el erosionado superávit fiscal y el problema de confianza generado por el mismo Gobierno.

Antes de la crisis financiera mundial, la calificadora había pronosticado una fuerte desaceleración de la economía, pero las decisiones del kirchnerismo llevaron a rebajar esa misma previsión. El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) será de menos de un 3% para Fitch.

"El riesgo ha aumentado", sentencia Arispe cuando se lo consulta sobre un posible default en el país. Comenta luego que la nota para la deuda en pesos es baja (B) desde 2006 y que parte del pasivo nacional quedó como bajo la calificación de restricted default, más específicamente la deuda ligada a los holdouts (aquellos que quedaron fuera del canje de 2005).

"Se ha perdido la confianza en la habilidad del Gobierno para manejar la economía, especialmente en una época donde van a aumentar los desafíos. Hoy hay una economía en desaceleración y el nerviosismo está llevando a que la gente se pase al dólar y se lleve sus depósitos de los bancos", dijo.

Contexto. "Siempre fuimos de la opinión de que el modelo que arrancó en 2003 no era sostenible en el tiempo y que iba a ser más vulnerable en un ambiente internacional menos positivo", subrayó, y definió el actual contexto: crecimiento global bajo, caída de los precios de los commodities, y poca liquidez en el mundo.

Para Arispe, el modelo sufría de "debilidad estructural", por la dependencia a los precios de los commodities y por la "fuerte expansión fiscal" y el gasto creciente en el ciclo electoral que atenta contra el superávit fiscal. "Ahora hay una corrección y esto deja al modelo más vulnerable", dijo.

El economista criticó además la dependencia financiera del Gobierno de los fondos públicos -como los de la Anses- y de Venezuela. "Siempre supimos que el mercado externo estaba cerrado para la Argentina porque nunca resolvió el tema de los holdouts". Para el experto también, "hubo mucha improvisación en la decisión del pago al Club de París".

"Otra debilidad es, sin dudas, la política de intervención oficial en la economía, que comenzó con la manutención del congelamiento de tarifas [de los servicio públicos privatizados], los controles de precios y subsidios, que a la larga no llevan a un desarrollo sustentable y al crecimiento económico", aseguró.

La solución. Arispe señaló que lo que necesita el país son "señales concretas" de un verdadero cambio en la políticas. El economista habló de "expectativas defraudadas" en el gobierno de Cristina Kirchner debido a una "profundización del modelo" que implantó su esposo, Néstor Kirchner.

"Los precios de los commodities cambiaron, el consumo se ha desacelerado ya desde antes de la crisis global y la inflación de la primera mitad del año estuvo muy por arriba de lo reportado por el Indec. Esto incrementó el riesgo político en el país", indicó.

En analista advirtió además sobre las "malas señales" para el mercado que reflejan la decisión sobre las AFJP, "demasiado apresurada", y el actual control sobre el cambio que buscan imponer el Gobierno. "El mercado siempre encuentra el camino", dijo y advirtió sobre la aparición de un mercado negro de dólares como en Venezuela.

"Es evidente que ha aumentado el nerviosismo y la desconfianza en los agentes económicos y que la gente está dejando de consumir. Además existe una fuerte presión sobre el peso y una creciente fuga de capitales", indicó.

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