La calidad de la gestión vale tanto como la agenda

Por Hernán de Goñi

En estos primeros dos años de gestión, pero mucho más después del conflicto con el campo, el Gobierno nunca abrió la posibilidad de discutir sus acciones. Ni siquiera los ministros tenían esa chance, al punto de que muchos se enteraban del contenido completo de un anuncio mientras asistían como público al acto de lanzamiento de este.

El matrimonio presidencial era el originador casi excluyente de todas las iniciativas, que nacían y se discutían en la soledad de Olivos, y que eran puestas en marcha luego de intercambiar algún concepto y dar las instrucciones respectivas al principal funcionario involucrado. Así funcionó todo hasta ahora, con lo cual aquellos a los que estaba destinada una medida solo tenían dos posibilidades: aceptarla tal como salió o cuestionarla...

El proceso de diálogo abierto por la Presidenta promete cambiar este esquema de funcionamiento, un objetivo que no es para desdeñar. Los empresarios deberían entender que antes que tentarse con una extensa agenda de temas (que puede volverse en contra y transformar el debate en algo inoperante) les conviene asegurarse de que el puñado de temas que hoy mueven la aguja se transforme en un objetivo real, pero sobre todo que se instrumente con otra calidad de gestión.

Comentá la nota