El calendario electoral cierra como abrió: con malas señales para los K

Por: Eduardo Aulicino

Con un final cargado de sospechas, un suicidio y un patético cruce de denuncias, Corrientes cerró de hecho ayer con su balotaje el largo calendario de elecciones 2009. Hace una semana había sido el turno de Santa Fe y de Salta. Y en todos los casos, a pesar de las características locales, se dio un fenómeno similar: el kirchnerismo no pudo mostrar éxito alguno.

Las últimas entregas de las urnas pudieron haber constituido la antesala de las elecciones nacionales. No fue así porque, en su serie de maniobras para evitar lo que anticipaban los pronósticos, el Gobierno resolvió adelantar la votación de diputados y senadores. Fue en vano.

Aquella jugada, de todos modos, explica en buena parte una tensión central de la política de estos días. La elección del 28 de junio recién tendrá traducción parlamentaria en diciembre, cuando se produzca la renovación parcial de diputados y senadores. Pero Kirchner resolvió avanzar como si nada hubiese pasado: en el caso del Congreso, metió presión para imponer sin demoras sus proyectos --la ley de medios oficialista recorre el último tramo en el Senado-- y para tratar de salvar sus planes en el largo camino a 2011.

Ese desfasaje no sólo puede considerarse en relación con la derrota electoral del ex presidente en Buenos Aires y el retroceso más amplio del oficialismo. Se suman ahora los últimos comicios.

Corrientes dirimió ayer la despiadada pelea entre los Colombi, primos radicales, que reeditaron lo peor de las prácticas de la política provincial. Las chances para el peronismo se agotaron en la primera vuelta: quedó tercero, con el 30 por ciento. La fórmula fue encabezada por Fabián Ríos, senador kichnerista alineado con los proyectos del Gobierno, pero que tuvo algunos roces con Olivos. La única buena noticia para el oficialismo la aportó el medallista olímpico Carlos "Camau" Espínola, que ganó la intendencia de la capital provincial. Sólo tuvo el apoyo, personal y político, de Daniel Scioli. De manera tardía, Cristina Fernández de Kirchner lo convocó para felicitarlo. Eso fue todo.

Hace una semana el interés se mudó a Santa Fe. La disputa, por cargos comunales, se exhibió como un nuevo round entre Hermes Binner y Carlos Reutemann. Pero hubo más. Las internas previas habían entusiasmado al kirchnerismo, por el avance del sector que se referencia en Agustín Rossi.

El triunfo fue para el socialismo, aunque sufrió un notorio retroceso en Rosario. Allí se impuso por casi cinco puntos a la lista dominada por el sector de Rossi, con Héctor Cavallero a la cabeza. Binner pudo afirmar su festejo en el más contundente resultado de sus socios radicales en la ciudad de Santa Fe.

Pero la señal más cruda fue dada por la campaña. Binner y Reutemann utilizaron como arma más fuerte la acusación al otro sobre supuestos pactos con Kirchner. En otras palabras, los dos principales referentes de la provincia expresaron que cualquier cercanía con el ex presidente sólo podía restar votos.

El otro capítulo se escribió el mismo día en Salta, para renovar legisladores provinciales. También en este caso tomar distancia de la Casa Rosada fue un elemento saliente de la competencia. Juan Manuel Urtubey se aseguró el triunfo, aunque no por los márgenes que esperaba, y sus listas se impusieron incluso, en la capital provincial, sobre el sector del peronista disidente Juan Carlos Romero. Hace meses que el gobernador salteño viene tomando distancia de los planes K. Y una expresión de ese juego fue el diseño de una campaña netamente local.

Los últimos capítulos electorales exhibieron así una enorme diferencia con las épocas en que muchos dirigentes locales buscaban la foto con Néstor Kirchner y, después, con Cristina Fernández de Kirchner para hacer campaña en sus provincias. Ajeno a este fenómeno, como antes al resultado del 28 de junio, el ex presidente parece entender la política como un exclusivo juego de poder, desde donde imagina que podrá modificar la realidad. De lo contrario, se trata simplemente de desconocerla.

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