Cajas de seguridad y Marx, en alza

Por el miedo a sufrir un corralito o directamente a perder su capital, ahorristas retiran depósitos para guardarlos en billetes o reconvertidos en oro en cofres de seguridad. También aumentaron las ventas de El Capital de Karl Marx. Por Eduardo Febbro

Dos objetos contradictorios han visto sus ventas propulsadas por la crisis financiera internacional: las cajas fuertes y la obra de Karl Marx. Asustados por la amenaza de ver sus depósitos bancarios tragados por la montaña artificial de las finanzas, muchos ahorristas sacaron sus ahorros de los bancos y los pusieron en cajas fuertes personales, sea en forma de dinero o de oro. Las cifras del sector de las cajas fuertes muestran un crecimiento de ventas concentrado en un mismo período, septiembre y octubre. Christophe Camus, gerente de un portal Internet (infosafe.fr) especializado en la venta de cajas fuertes, reconoce que “desde hace un mes, las ventas de cajas fuertes aumentaron considerablemente. Es una locura”. La misma curva ascendente levanta las ventas y el interés por la obra del principal teórico de la crítica del capitalismo. Desde hace poco más de un año el pensamiento de Marx viene suscitando un interés constante. En Francia, a partir de 2007, Marx fue objeto de numerosos ensayos y ediciones especiales de revistas de gran circulación, incluidos los semanarios económicos. Pero en estos meses de septiembre y octubre, Marx se consagró dos veces. La primera, cuando el ultraliberal ministro alemán de Finanzas, Peer Steinbrück, declaró al semanario alemán Der Spiegel que “algunas partes de la teoría de Marx no son falsas”, entre ellas aquella que habla “de un capitalismo que termina por autodestruirse a fuerza de avidez”. La segunda, cuando la editorial berlinesa Karl-Dietz-Verlag reveló que las ventas de la obra mayor de Marx, El Capital, “aumentaron considerablemente”. En 2008 se vendieron 1500 ejemplares del primer tomo de El Capital contra 500 de los años precedentes. Según el editor de la editorial, los nuevos lectores del pensador alemán pertenecen “a una joven generación de intelectuales que se enfrenta al derrumbe del neoliberalismo y al de los pilares del sistema capitalista”. Giro sorprendente de la historia: a finales de 1989 los países de Europa del Este pertenecientes al ex bloque comunista derrumbaban a golpes de hacha las estatuas de Karl Marx. La estrepitosa caída del comunismo dio lugar a una celebración universal de la economía de mercado y a un entierro no menos universal de Karl Marx. Casi veinte años después, los espantados por el capitalismo vuelven a colocarlo en el pedestal. Sus defensores actuales no son nostálgicos de la hoz y el martillo, sino pulcros representantes del desorden liberal. En diciembre pasado, el semanario económico francés Challenges le consagró a Marx una edición especial. Presentada bajo el título “un análisis siempre actual”, la edición incluía una entrevista con Pascal Lamy, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lamy decía: “En la actualidad, si se quiere analizar el capitalismo de mercado mundializado lo esencial de la caja de herramientas reside en lo que Marx y algunos de sus inspiradores escribieron”.

Dos “objetos” del pasado han aparecido así en una misma corriente de actualización. Las cajas fuertes, esos pesados mastodontes de acero de formas repetitivas y diseños antiquísimos, acompañan al autor de El Capital en la aventura contemporánea. Alain Minc, un ensayista francés de corte liberal, comenta que Marx “es el único en haber pensado al mismo tiempo la economía y la sociedad”. Justamente, la sociedad ha encontrado un refugio más seguro que los bancos para salvar sus economías. Un vendedor de cajas fuertes de un gran centro comercial parisiense reconoce que “jamás he visto una cosa así. Como nadie sabe lo que va a pasar, la gente prefiere sacar la plata de los bancos y protegerla en su casa”. Nicolas Rebaudengo, director de la empresa Coffers-Forts Salon, calcula el aumento de las ventas en un 30 por ciento. “Con medias palabras, la gente nos dice que tiene poca confianza en su banco y así anticipan un eventual problema.” En otro negocio del ramo, BS Protection, las ventas subieron un 20 por ciento impulsadas por una clientela “que no pertenece a la cultura de la caja fuerte pero quiere saber cuánto le cuesta protegerse”.

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