La caja, siempre la caja

Por Jorge Oviedo

Néstor y Cristina Kirchner están convencidos de que nada los perjudicaría políticamente más que tener que hacer un ajuste, y por eso desde 2003 aumentaron el gasto a un ritmo frenético. Pero fue en el momento en que comenzaron a gastar lo que no tenían cuando su prestigio comenzó a caer y a poner en riesgo su poder. Es una paradoja. Seguros de que un ajuste los desgastaría, pagan ahora un altísimo costo por no hacerlo.

No fue por otra causa que la falta de recursos y su negativa a moderar la suba del gasto lo que hizo que los Kirchner se aventuraran en la políticamente catastrófica campaña para imponer la resolución 125 al campo. Por la misma falta de caja se estatizaron las jubilaciones y se confiscaron los ahorros en las AFJP. También se tomó financiación de los bancos estatales, incluido el Central, de la Anses, del PAMI, de las provincias y de cuanto organismo público tuviera dinero disponible.

La administración de los Kirchner perdió hace bastante el superávit fiscal y casi ha agotado la capacidad de financiar el déficit con recursos locales. El venezolano Hugo Chávez, afectado por su propia crisis, no puede ya comprar bonos argentinos y por eso la esperanza es ahora volver a los mercados voluntarios de crédito del exterior. Porque también por razones políticas se quiere evitar por todos los medios acudir al FMI.

Para recuperar la perdida confianza de los prestamistas del extranjero se imaginó el "blindaje" con las reservas del Banco Central, que en primer término permitirían no desatender otros gastos. Y si los prestamistas no recuperaban la confianza y no prestaban, entonces se usarían para pagar los vencimientos.

A los kirchneristas les gusta decir que lo que ellos llaman "derecha" ha estado anticipando catástrofes fiscales que no han ocurrido. Pero sin una catástrofe no habría hecho falta someterse a los altísimos intereses que cobró Chávez por los préstamos venezolanos ni habría que haber incurrido en los manotazos antes mencionados.

En ese contexto, la financiación del alocado déficit de Aerolíneas Argentinas o la carísima estatización de las transmisiones televisivas de fútbol han sido equivocaciones que empeoraron las cosas y que, para colmo, no han logrado, hasta ahora, el objetivo para el que fueron diseñadas: recuperar el apoyo popular mayoritario para el matrimonio Kirchner.

En la Argentina todas las crisis han tenido algún componente fiscal. Muchos gobiernos han caído en la misma tentación de los santacruceños de gastar en exceso.

Cuando el Estado no pudo más, la explosión ocurrió causando gran daño a la fuente de financiamiento. En tiempos de tasas internacionales bajas se recurrió a la deuda externa. Y la crisis trajo la cesación de pagos. Cuando se recurrió a la emisión descontrolada, se llegó a la hiperinflación. Y cuando se exprimió al sistema financiero local, se concluyó con un plan Bonex.

Viejos trucos

Cuando su estrella política brillaba, Néstor Kirchner logró, con gran habilidad, el respaldo de hasta aquellos a los que impuso sacrificios, como cuando licuó los ahorros de los aportantes a las AFJP al "renegociar" la deuda.

Con esa intención se presentó como una ventajosa operación al Fondo del Bicentenario, que esconde la admisión de una emergencia y riesgos de inflación y devaluación. Pero esta vez la estrategia no funciona como antes.

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