Es la caja, Cristina.

La recaudación se cae a pedazos por la menor actividad y la baja en el comercio exterior. Sin plata, el kirchnerismo tiene problemas para retener a gobernadores, intendentes y a los militantes. Schiaretti apoyó, pero exigió “consenso” en torno de un proyecto cuyo texto aún es un misterio.
“Gringo, se cayó la recaudación”, se sinceró días atrás Néstor Kirchner ante Juan Schiaretti mientras se estiraba, molesto, en los cómodos sillones de Olivos. El partido de “fútbol oficial” de los viernes en la residencia de los presidentes no le ha quitado al ex mandatario el estrés generado por una brutal crisis global, la fuerte oposición del campo y la diáspora peronista.

Además, el desconcierto reina en el equipo de Cristina Fernández: las versiones de renuncia de Sergio Massa, jefe de Gabinete, y de Graciela Ocaña, ministra de Salud, son moneda corriente. La Presidenta no puede exhibir un gabinete cohesionado para enfrentar la peor crisis económica desde la Gran Depresión (1929-1933).

Néstor Kirchner carece del carisma que exhibieron Raúl Alfonsín y Carlos Menem mientras ejercieron sus mandatos. Los saludos que recibe en los actos responden a la disciplina que impuso sobre gobernadores, intendentes y militantes mientras logró manejar una caja abultada en recursos. “Billetera mata galán”, solían explicar sus seguidores, en una adaptación de una frase popular, sobre cómo hacía el ex presidente para convocar multitudes.

Según estudios privados, el gasto público de la Nación, las provincias y los municipios llegó a 144 mil millones de dólares en 2008, 60 por ciento más que lo que se gastaba en la cuestionada década de la convertibilidad.

Gran parte los usó la administración nacional, o los repartió de manera arbitraria a partir de dos tributos clave –retenciones e impuesto al cheque– que no se coparticipan y quedan en la caja del poder central.

Pero todo esto es historia económica desde que el centenario banco estadounidense Lehman Brothers se desplomó el 15 de setiembre último y el pánico por la crisis de las hipotecas subprime se expandió en forma incontrolable. La recesión golpea hoy a Estados Unidos, Europa y Japón con datos inéditos en los últimos 25 años.

La economía argentina cayó 0,3 por ciento en el último trimestre de 2008 en relación con el tercero, y la pendiente se acentuó durante enero y febrero. La industria retrocedió 4,2 por ciento en el primer mes del año y la construcción cayó en enero –por tercer mes consecutivo– 1,1 por ciento. La producción de acero –un indicador clave– también bajó.

Así, la recaudación por el impuesto al Valor Agregado (IVA) y por Ingresos Brutos (el correlato en las provincias del tributo que grava la actividad) debe caer naturalmente, lo que causa pánico en los despachos oficiales.

Y la sangría continúa: el comercio exterior, que por retenciones aportaba más de 30 mil millones de pesos anuales, también retrocede por la crisis global. Las exportaciones bajaron 36 por ciento en enero. Si los países a los que le vende la Argentina están en recesión, las ventas seguirán disminuyendo.

En términos prácticos, en enero de 2008 el superávit comercial fue de 1.332 millones de dólares y en enero último, se redujo en casi 300 millones.

Sin plata en el Tesoro para mantener a los aliados políticos y con la fuerte presión del campo –que levanta las acciones de la oposición, que se prende a sus reclamos–, el Gobierno nacional se puso a estudiar cómo podía agrandar su caja si compraba la cosecha a los productores y la vendía luego al exterior. La diferencia, especularon sus pensadores, quedaría en la caja oficial antes que en las de los grandes operadores mundiales de granos.

El kirchnerismo dudaba anoche entre crear un organismo que intervenga en esas operaciones como un comprador o vendedor más para estabilizar los precios, o directamente estatizar toda la operatoria de granos en el país y del comercio exterior.

Esta iniciativa –que podría generar un escenario de conflicto peor al que se vivió durante la resolución 125– permitiría eliminar las retenciones y hacer caer las banderas del campo. Sin embargo, operadores y entidades del sector –incluidas Federación Agraria y Coninagro– advirtieron sobre “consecuencias impredecibles” si aquel ente se pone en marcha.

El hombre de campo perdería los estímulos para producir más (el precio lo va a fijar de modo arbitrario el Gobierno) y el comercio exterior reviviría la experiencia de 20 años atrás, cuando la Argentina tenía la calificación de “puertos sucios” operados por la burocracia estatal.

El gobernador Juan Schiaretti, que ha oscilado entre un apoyo abierto a los reclamos del campo y discursos “comprensivos” de la política económica Gobierno nacional, respaldó la iniciativa, aunque pidió imitar el organismo que crearon canadienses y australianos, con el “consenso” y la participación de los productores.

“En caso contrario, la pelea por la renta agraria será eterna y desgastante para el país”, aclaró Schiaretti.

Sin fondos en la caja nacional, el gobernador teme que las obras públicas prometidas para Córdoba no se hagan, que la coparticipación no alcance para pagar los sueldos y que el subsidio mensual para la Caja de Jubilaciones –59,3 millones mensuales– se interrumpa en forma definitiva.

Los chacareros cordobeses han reaccionado con zozobra ante el proyecto, luego que la sequía les quitara unos 2.300 millones de pesos de la producción primaria, según cálculos del economista Juan Manuel Garzón.

Los productores cordobeses aún tendrían en silos 1,5 millón de toneladas de soja, por un valor de unos 310 millones de dólares, agrega Garzón.

Para la Bolsa de Comercio de Rosario, el remanente en todo el país alcanzaría a unos seis millones de toneladas, muy alejado de los nueve millones que insinuó la ministra Débora Giorgi. Según la entidad, lo depositado en los silos supondría 1.952 millones de dólares a precios externos, que dejaría en las arcas del Gobierno 2.300 millones de pesos por las retenciones.

El conflicto con el campo –una instancia clave para la marcha de la economía– ingresó en una delicada etapa de definiciones. La pelea de fondo es por el manejo de los recursos que genera el campo, más allá de los discursos oficiales sobre la pobreza y el ingreso.

¿Es mejor el Estado en ese manejo, aunque sus políticas de los últimos cinco años no mejoraron a grandes trazos la educación, la salud ni la seguridad? ¿O lo es el campo, con su efecto multiplicador sobre las distintas actividades en pueblos, ciudades e industrias?

Por supuesto que en la respuesta oficial estará escondido el “clientelismo político” y en la de los privados, la codicia de los grandes grupos.

Marzo va camino a cumplir el augurio de ser el “mes bisagra” de 2009.

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