Por la caída de precios, los granos aportarán $ 4.100 millones menos

Si bien se mantendrá el área sembrada, bajará el valor agregado por hectárea, según la Fundación Mediterránea.
Si la baja en los precios internacionales de los granos se confirma, el aporte económico directo que generará la producción agrícola en la provincia descenderá significativamente en relación con la campaña anterior. El alerta la emitió ayer el economista del Ieral Juan Manuel Garzón, durante el último almuerzo de trabajo del año realizado por la Fundación Mediterránea, y que contó con la participación del gobernador Juan Schiaretti.

“Se estima que el ajuste puede llegar, a precios constantes de este año, a 4.100 millones de pesos, lo que representa aproximadamente cinco puntos del productor bruto geográfico de Córdoba”, precisó el economista.

Si bien la superficie sembrada con granos se mantendrá en el presente ciclo, la merma en el aporte económico estará dada por una caída en el valor agregado por cada hectárea trabajada. Su menor magnitud se verá afectada por la caída en los precios y la suba de los insumos. “El valor agregado incluye los salarios, los intereses financieros y las amortizaciones de maquinaria, el arrendamiento, los impuestos provinciales y el excedente de explotación”, indicó Garzón. También disertaron Carolina Farré (financiamiento para Pyme)y Marcelo Capello (escenario fiscal), en su reingreso como investigador del Ieral en reemplazo de Nadin Argañaraz, donde fue “bienvenido” por el presidente de la Fundación, Sergio Roggio.

Los que más van a sentir el impacto, debido a que percibirán una menor retribución, serán los propietarios de la tierra que la dan en alquiler, ya que 70 por ciento de la superficie trabajada es arrendada. Según el economista, debido a la caída en el valor de los granos y la suba de los costos (incluida la incidencia de los impuestos), la campaña agrícola actual será la peor de los últimos siete años.

Aliviar la presión. Ante este escenario, en el cual la soja acumula en el año una caída de más de 20 por ciento en el mercado internacional y los márgenes económicos parecen no encontrar piso, sólo el Gobierno nacional tendría herramientas para atenuar el impacto. “Podría ser a partir de una reducción de los derechos de exportación. Como mínimo, la retención de la soja debería volver al 27,5 por ciento y la de maíz y trigo al 20 por ciento”, aseguró el economista del Ieral.

Estos cambios en la estructura impositiva, además de recomponer la confianza de los productores de cara al futuro del negocio, contribuiría a recortar la caída en los aportes de la cosecha cordobesa de granos. “Si, por ejemplo, el Gobierno dispusiera reducir las retenciones al 27,5 por ciento (valor vigente hasta noviembre de 2007) y eliminar el impuesto en el resto de los granos, la caída en el valor agregado por hectárea sería de 1.578 millones de pesos, en vez de 4.100 millones”, comparó Garzón. Si se eliminaran todas las retenciones –“algo impensado en este Gobierno”, según el economista– no sólo se neutralizaría la caída en el valor agregado sino que su contribución crecería en alrededor de 700 millones de pesos.

A cambio de impuestos. El pedido que manifiestan los sectores productivos de contar con un alivio en la presión tributaria se contrapone con la necesidad del Gobierno de financiar el gasto. “Si tenemos en cuenta que el Gobierno tiene el año próximo obligaciones por refinanciar por un total de 15.853 millones de pesos y un superávit primario presupuestado de 10.533 millones, tendrá una necesidad neta de financiamiento de 5.320 millones de pesos”, sostuvo Capello.

De acuerdo con su diagnósticos, los problemas fiscales que tiene la economía tienen tres fuentes de generación: los vencimientos de la deuda, que el Gobierno debe afrontar el año próximo; un federalismo que agoniza, a partir de la caída que muestra la participación de las provincias en la recaudación consolidada; y la presión tributaria, que está entre las mayores del mundo.

Mientras esto ocurre, la devaluación de Brasil (más de 40 por ciento desde agosto) complicó aun más la competitividad de la industria y exige un esfuerzo fiscal para compensar sus efectos. Para Capello, una opción sería tomar a cuenta de Ganancias retenciones y el Impuesto al Cheque, y de IVA la seguridad social.

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