Cada vez que sube el cospel, Amaya viaja lejos y Cano promulga la norma

"Forma parte de mis funciones", dice el edil. El titular del Concejo afirmó que seguirá asumiendo los costos políticos que le correspondan. "Tengo en claro que estoy para las inauguraciones y para las cachetadas".
Forman un dúo que actúa de manera sincronizada, como una máquina bien aceitada. En la capital, cada vez que se decidió aumentar el precio del cospel, el intendente, Domingo Amaya, se ausentó de la provincia (por gestiones oficiales) para no asumir el costo político de poner su firma en una ordenanza antipopular. Todas esas veces, el presidente del Concejo Deliberante, Ramón Santiago Cano (PJ), asumió la responsabilidad del caso, a pesar de las críticas que pudiera recibir por parte de los vecinos y de los usuarios de colectivos.

Sistemáticamente, Amaya viajó a Buenos Aires cada vez que se trató una suba en el transporte urbano de pasajeros. Cano, en cambio, no sólo presidió la sesión, sino que votó a favor del aumento, firmó la comunicación oficial al Departamento Ejecutivo Municipal y, luego rubricó la promulgación de la ordenanza. Todo ese trámite siempre se hizo con unas pocas horas de diferencia, el mismo día.

Políticamente esta actitud del concejal Cano se interpretó como una decisión de "cubrirle las espaldas" al intendente. Mientras que Amaya prefirió eludir la carga que significa avalar un aumento que la sociedad rechaza por donde se lo mire. De hecho, el incremento incluyó la tarifa de taxis, como también sucedió en anteriores ocasiones (Ver "Las medidas...").

En el Concejo Deliberante, tanto oficialistas como opositores coinciden en que hay una suerte de acuerdo tácito: Amaya traspasa los límites de Tucumán y Cano pone su voto y su firma. Eso le permite al concejal mantenerse en el sillón de la presidencia del cuerpo. "De ese modo, ratifica su fidelidad hacia el intendente", admitió un edil oficialista.

En la FAM

Que Amaya viajara a Buenos Aires y que Cano asumiera interinamente en la intendencia fue una modalidad se puso en práctica durante la primera gestión del intendente y que, ahora, continúa en el actual mandato. Esta vez, Amaya viajó el jueves y regresó anoche. En la intendencia se detalló que el jefe municipal participó en una reunión de la Federación Argentina de Municipios (FAM).

Para justificar su actitud, Cano argumentó que se trataba de una cuestión de responsabilidad. "Esto forma parte de las funciones que tengo en el Concejo Deliberante y cada vez que me toca asumir provisoriamente en la intendencia", dijo ayer a LA GACETA. "Asumo el costo que tengo asumir, porque tengo en claro también que estoy para las inauguraciones y para las cachetadas", puntualizó.

En 2008, el tratamiento del proyecto de ordenanza para aumentar el precio del cospel también tuvo una llamativa celeridad: se aprobó por la mañana y se promulgó por la tarde. Cada uno cumplió su parte del trato: Cano dio la cara, mientras Amaya optó por el silencio y la ausencia hasta que se aplacaran las críticas de los ciudadanos.

Dentro de unos meses (probablemente en octubre), se elegirá la nueva mesa de conducción del Concejo Deliberante. En este sentido, Cano pretende mantener su puesto en la presidencia del cuerpo, por lo que contará con respaldo político de la intendencia para ejercer el cargo por un año más. Como dice un viejo adagio popular: "Hoy por ti, mañana por mí".

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