Cada vez más lejos de los Kirchner

Muchas veces en política los gestos son más importantes que las palabras. El último viernes Pablo Bruera participó de una reunión con intendentes y ediles que participaron del armado K como "transversales" -varios de ellos con origen en la UCR, como Ivoskus y el "Japonés" García-.

A orillas de las playas pinamarenses, se charló la posibilidad de generar un "Espacio Vecinalista", aparentemente debajo del paraguas kirchnerista, aunque los voceros del sector dejaron trascender un "por ahora", habida cuenta del veloz deterioro político institucional del matrimonio gobernante. Como en la película protagonizada por Leonardo Di Caprio, los primeros en llegar tendrán más probabilidades de salvarse, puesto que las chalupas no alcanzan para todos. Si se lo analiza con detenimiento, el desaire de los Kirchner -no le han enviado ni "un plato de lentejas" al intendente desde el Gobierno nacional- termina resultando funcional a su estrategia "post kirchnerista".

De todas maneras, las complicaciones a la gobernabilidad del Municipio no provendrán del Gobierno nacional ni provincial, sino del Concejo Deliberante. Y no serán generadas por la oposición, que se viene mostrando un tanto más "civilizada" que lo usual en estas pampas, sino desde su propio bloque, donde los conflictos internos paralizaron el funcionamiento del cuerpo durante todo el mes de diciembre del año que pasó. La reciente asunción de la ex presidenta de esa bancada, Susana Gordillo, como funcionaria del gabinete bruerista, fue presentada, entre otras cosas, como un intento de recomponer las relaciones al interior del Concejo, y con la oposición. Sobre esto, conviene ir por partes.

En primer lugar, el edil Fabián Lugli -esposo de Gordillo- fue uno de los oficialistas "rebeldes" que restó el quórum al momento de sesionar. La más cruda realpolitik indica que con el nombramiento de la novel funcionaria Bruera "atornilló" un concejal que, supuestamente, ya era propio. Una segunda lectura es que el intendente pretende reforzar con una alianza "pejotista pura" su poderío territorial en la populosa localidad de Los Hornos, donde Gordillo y Lugli son fuertes. El otorgamiento del manejo de cooperativas de trabajo no financiadas desde la Nación parece un mensaje indirecto para el funcionario municipal y referente K Santiago Martorelli. En la hipótesis del "divorcio", Bruera perdería la solidaridad de las dos ediles del Movimiento Evita, Lorena Riesgo y Silvana Soria. También del camionero "moyanista" Miguel Forte. Claro que estas son sólo hipótesis.

En lo concreto, sería interesante saber qué papel le tocaría desempeñar al presidente del Concejo Deliberante, Javier Pacharotti, si las relaciones del Ejecutivo con el deliberativo las manejara Gordillo. Otra intriga es conocer a cuenta de qué Bruera pagó el costo de una feroz sangría en su bloque para designar presidenta del mismo a Valeria Amendolara. Finalmente, un tercer interrogante: ¿la estrategia bruerista será la "seducción" de los opositores de cuna justicialista? A Gordillo no se le conocen demasiados vínculos, más allá de los formales, con la oposición "no peronista" (4 ediles del Acuerdo Cívico y Social y uno sabbatellista). Del resto, Tritten reafirmó su militancia con Felipe Solá al desmentir un rumor que la vinculaba con Proyecto Sur; Chávez tiene un vínculo familiar con Felipe; Irurueta se define como "PRO"; Arteaga es denarvaízta y los alakistas Teresa Urriza y Sebastián Tangorra ni piensan en negociar con Bruera.

En definitiva, lo que puede frenar la gestión del intendente no es la "ferocidad" de la oposición, sino la interna permanente en su bloque de concejales, que, más allá de las rencillas domésticas y las disputas por pequeñas ambiciones, se relaciona con la dificultad de pretender ser, simultáneamente, un intendente "independiente y municipalista", "progresista kirchnerista" y "ortodoxo justicialista".

Comentá la nota