Cada jugada es más arriesgada que la anterior

Cada jugada es más arriesgada que la anterior
Tras el imprevisto adelanto de las elecciones legislativas de octubre a junio, el ex presidente Néstor Kirchner volvió a sorprender esta semana a propios y extraños con su decisión de impulsar la candidatura del gobernador Daniel Scioli y de todos los intendentes del conurbano como cabezas de lista en sus distritos. Esto abrió un nuevo escenario y dejó en claro que el actual titular del PJ está dispuesto a ir a fondo para consolidar su poder.
Una vez más, Néstor Kirchner demuestra que es uno de los pocos políticos argentinos de esta época que está dispuesto a jugar a fondo, a forzar las reglas del juego hasta el límite de lo posible y a correr el riesgo de perderlo todo con tal de ganar algo. Lo que queda por develar es si en esta ocasión apeló a maniobras magistrales propias de un gran conductor, como sostiene el oficialismo, o a jugadas desesperadas ante el deterioro de su capital político, como denuncia la oposición.

Como quien busca recuperar el dinero perdido, Kirchner volvió a doblar la apuesta. Al comienzo de la discusión electoral, hace apenas dos meses –aunque parece que hubiese transcurrido un año-, el ex presidente analizaba si sería candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires.

Sonaba extraño. Poderoso ex presidente, líder del partido de gobierno, ex gobernador de Santa Cruz, parecía demasiado candidato para una diputación en una provincia extraña. "No va a bajar de diputado y menos por una provincia que no es la suya", razonaban desde la oposición.

Sin embargo, se supo, era el único candidato que prometía dar pelea en el principal distrito electoral de la Argentina, y así se confirmó su pretensión electoral.

No alcanzó, las encuestas daban mal, y a los pocos días volvió a sorprender cuando Mauricio Macri anunció la fecha de las elecciones porteñas. "No va a adelantar las elecciones. Tendría que mandar un proyecto de ley al Congreso y demostraría su debilidad", razonaban en privado desde la oposición.

Sin embargo, anunció un imprevisto adelantamiento electoral, con el que volvió a sorprender a sus adversarios, distraídos en su propio armado. Esa sí parecía la gran jugada para desarticular el crecimiento opositor y congelar la situación política a favor del gobierno. Una vez más, lo que la oposición creyó improbable se había hecho realidad.

De todos modos, tampoco alcanzó. Las encuestas siguieron siendo esquivas, y apareció esta última gran jugada: impulsar la candidatura de Daniel Scioli y de todos los intendentes del conurbano como cabezas de lista en sus distritos. Otra movida que sorprendió a la oposición.

Si la política es tener la iniciativa y sorprender al adversario, habrá que reconocer entonces que Kirchner es de los que mejor la ejercen.

Por el momento, no le queda a la oposición más que responder a las iniciativas de otro. Desde el peronismo disidente, por caso, deberán decidir si continúan con una estrategia que hasta ahora no les permitió anticipar las decisiones del rival ni los muestra con los reflejos suficientes para alistar sus acciones y sus candidaturas para la feroz batalla que se acerca.

El ex presidente deja en claro a cada paso que está dispuesto a ir a fondo para consolidar su poder, que se pone en juego mucho más que un puñado de legisladores y que la batalla entonces será encarnizada y sin cuartel, con los principales jefes de cada distrito jugándose el gobierno y su propia cabeza en la elección.

Deberá tomar nota entonces la oposición peronista que no le queda margen para especular con la posibilidad de ser arrastrados simplemente por el ventarrón del humor popular para ser depositados graciosamente en sus bancas y quedar instalados como nuevos referentes políticos.

La lucha será cruenta en el conurbano, madre de todas las batallas. Los buenos modales, si alguna vez los hubo en la política, dejarán paso a las formas más crudas de la pelea callejera, cuerpo a cuerpo. Para esa disputa deberá elegir sus candidatos el peronismo disidente, lo que implica dejar de lado la especulación mezquina, los viejos métodos –que se han demostrado inútiles para entender y anticipar a Kirchner -, y las pretensiones de menoscabar la política territorial del Gran Buenos Aires.

Un ejemplo: el impulso para la constitución de listas colectoras en los distritos, como pretenden algunos viejos dirigentes de ese espacio, podría diluir hasta la insignificancia la presencia opositora a nivel local y complicar la fiscalización y el control de la lista provincial en una elección que se anticipa dura y compleja.

Se podrá decir que una confrontación tan dura no terminará bien.

Es probable, tal vez eso pronostiquen el radicalismo y la Coalición Cívica, que seguramente buscarán quedar instalados ante la mirada de la sociedad, especialmente después de la muerte del ex presidente Raúl Alfonsín, como los garantes de la institucionalidad frente a la tensión que provocará la feroz disputa peronista, un lugar que supo aprovechar con inteligencia el fallecido ex presidente.

En cualquier caso, será la sociedad la que finalmente juzgue las conductas políticas de sus dirigentes con un veredicto implacable e inapelable, en el que habrá claramente ganadores y perdedores.

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