Cada cual atiende su juego

El Conurbano bonaerense es el ámbito que mejor refleja los acontecimientos, acercamientos y alianzas fijadas por los máximos dirigentes en todo el país. Sin embargo, los intendentes parecen abstraerse de estas variantes.
Los jefes comunales mantienen inflexibles sus rutinas, cada localidad conserva su particularidad y las diferencias aparecen solamente cuando se habla de la antigüedad de cada dirigente.

Las realidades difieren según el momento en que hayan sido electos y las sociedades políticas que han sabido, o no, mantener. Regionalmente se pueden observar, sin embargo, marcadas diferencias entre las administraciones de la región Noroeste y la del Sur.

En la Primera Sección electoral, que integran las comunas que van desde Zárate hasta Mercedes, ningún intendente, más allá de su procedencia, tiene dificultades administrativas ni políticas; salvo San Miguel, donde Joaquín De la Torre ha quedado debilitado por la derrota sufrida en la interna del PJ.

En el Sur del Conurbano sí hay mucha discusión aunque es homogéneo el poder territorial peronista en la Tercera Sección. Es que en esta región hubo muchos cambios en las gestiones municipales y los nuevos tropiezan constantemente con los concejos deliberantes que mantienen las viejas mayorías. Quilmes y San Vicente sobresalen del resto en las controversias entre Ejecutivo y Deliberativo.

Tanto Francisco “Barba” Gutiérrez como Daniel Di Sabatatino lo saben mejor que nadie ya que desde esos ámbitos aparecen los mayores reparos y condicionamientos hacia sus gestiones. Hasta tienen en común las alianzas que se conformaron para “estudiar” cada proyecto que pasa por sus respectivos legislativos.

Antiguos aliados y posteriores enemigos se volvieron a juntar en los dos municipios. En el distrito cervecero, el derrotado ex intendente Sergio Villordo instruyó a sus concejales a oponerse a todo lo que plantee Gutiérrez, y para eso consiguió el acuerdo de su ex patrón y posterior rival, Aníbal Fernández, a quien el propio intendente acusó de impulsar el levantamiento de la “antigua corporación” política.

En los pagos de la Quinta de Juan Domingo Perón, la actualidad encuentra juntos a rivales de otrora, como son el ex hombre fuerte local, José Arcuri, y el controvertido concejal Julio Goya, destituido por los concejales del primero cuando su esposa era la intendenta. Ambos ahora confluyeron en una unidad táctica que le modificó sustancialmente el presupuesto enviado por el intendente Di Sabatino, y le exigieron que el grueso de la masa salarial fuese para los médicos municipales, privándolo de otra disposición de los recursos.

En el único lugar donde se observó una avanzada de parte del entonces poderoso Eduardo Duhalde es en Lomas de Zamora, donde el bloque se referencia con él a través de Francisco De Narváez o Felipe Solá. En esa comuna, Unión Lomense ya tiene seis concejales y pueden tener un séptimo dentro de poco.

En particular, muchos aducen que este crecimiento tiene un guiño del propio intendente, Jorge Rossi, quien nunca se sintió demasiado cómodo en el kirchnerismo y nunca dejó de expresar su gratitud con el vecino más famoso de su distrito.

Más tenue, habrá que ver como siguen las votaciones en Vicente López, General San Martín, Tres de Febrero y Hurlingham. En el primero de los casos, este fin de año Enrique García sufrió un duro traspié cuando quiso aprobar el nombramiento de Carlos Expósito como Defensor del Pueblo al quedar a un voto de los dos tercios necesarios.

Pero, más allá de esta votación en particular, son cada vez más importantes los esfuerzos que debe hacer el oficialismo para alcanzar una mayoría que lo tranquilice de cualquier defección. Menos grave pero con la pérdida de los dos tercios con los que siempre se manejó, Hugo Curto en Tres de Febrero tuvo que aceptar la nueva táctica diseñada por Agustín Ciorciari para aprobar todo lo que le piden desde el Ejecutivo.

Todo pasa por comisiones, ningún proyecto llega al recinto para ser aprobado sobre tablas como sucedía el año pasado. Aquí, la Coalición Cívica, Pro y Unión Celeste y Blanca se abroquelan en votaciones comunes y explotan cierto desgano que manifiestan a la hora de votar algunos concejales oficialistas.

Ricardo Ivoskus está mejor que en años anteriores pero la ruptura con la Coalición Cívica hace que constantemente tenga que aplacar sus deseos para conciliar con ellos la mayoría de los proyectos. Si hubiera mantenido la alianza de 2005, hoy tendría catorce concejales propios, dicen los que analizan la realidad con el diario del día después.

Juega a su favor, y nada hace suponer que cambie en el futuro, el espanto que le provoca a los seguidores de Elisa Carrió quedar pegados a un peronismo dominado hoy por Luis Barrionuevo o en su defecto por el kirchnerismo más furioso. Además, queda cada vez más claro que la unidad del peronismo, pretendida y defendida desde los discursos, es una quimera en San Martín.

Por su parte, en Hurlingham el intendente Luis Acuña retiene una mayoría muy precaria, que inclusive motivó la presión oficialista para que una concejal, Patricia Miño, no siguiera en su banca a través de una burda maniobra que quedó desestimada por la Justicia Federal.

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