Cada vez más adolescentes van a parar al Hospital por las drogas

Diversión moderna. Tienen entre 14 y 19 años. Tras el boliche, muchos terminan en Urgencias. Allí, entre 340 pacientes del fin de semana, el fuerte lo componen los accidentes, cólicos. Anécdotas y excesos con Viagra.
Sábado a la noche; la Sala de Urgencias del Hospital Antenor Álvarez obra como sensor de múltiples excesos alimenticios, de la imprudencia o secuelas del tránsito automotor y de aquellos mortales que paradójicamente luchan por imponer el fin a sus vidas.

Así es la vida en el principal nosocomio bandeño, desbordante por la irrupción de 150 pacientes. Los hay de todo tipo: con politraumatismos, abusos en la comida, alcohol, intoxicados con barbitúricos y un elevado caudal de suicidas.

Sólo desde una perspectiva cuantitativa es posible dimensionar el trajín de tres médicos y cuatro enfermeras: un viernes normal desfilan entre 80 y 90 personas; el sábado, va de 160 y 200; el domingo, fácilmente es superado el centenar de víctimas.

Ayer, la tarea recaló en el doctor Muratore Montesinos, a quien acompañaron las enfermeras Blanca Díaz, Olga Rojas y Carmen Sandez.

Entre las 9 y 10 de la mañana tuvieron que asistir -a la vez- a cuatro pacientes: una señora de Tabla Redonda arribó con golpes, tras caer de su bicicleta. Un vecino de Clodomira llegó con intoxicaciones por pastillas. Un motociclista que cayó en la autopista también se unió al pelotón de enfermos, anhelantes de primeros auxilios.

Traumatismos, a full

En los últimos meses se acrecentó la cantidad de accidentados. "El sábado asistimos a más de 20 accidentados; el 90 % por choques con motos", señaló Montesinos.

En total, fueron 340 casos. Por cólicos y diarrea, cerca de 40; una docena de alcoholizados, etc…

"Hoy, muchos adolescentes entre 14 y 19 años ingieren en abundancia una elevada cantidad de barbitúricos mezclados con energizantes; eso está haciendo mucho daño a chicos de clase media-alta", ahondó Montesinos.

En cambio, los jóvenes de clase baja que recalan en el nosocomio, "es por abundancia de alcohol, o bien por los porros, o la fana".

Veamos, el fuerte de la tarea se acentúa entre la medianoche del sábado y el amanecer del domingo. Imagínense, uno, dos o tres médicos trabajando fuerte, embadurnados por olores penetrantes a pastillas, alcohol, marihuana y pegamento.

"Nuestro trabajo es muy importante. Pero, los fines de semana es increíble, mucho mayor la cantidad de gente a la que asistimos", afirmó ya a mitad de semana el doctor Ricardo Abdala, titular hospitalario.

Aunque no lo confirmen los médicos, se sabe que las pastillas más utilizadas por una corriente adolescente es Ribotril y Roipnol; sin embargo, vale aclarar que hay también sectores dependientes que apelan a las pastillas vencidas; consumidas con abundante alcohol o bien energizantes, en boliches.

Ellos recurren a verdaderos cócteles etílicos, no siempre con un final alucinatorio. Al estallar las consecuencias no deseadas, sí o sí terminan en el hospital.

Presurosos, a contra reloj, los médicos y enfermeras deben instrumentar mecanismos extremos para recuperarlos, sacarlos del trance; retornarlos de nuevo a la sobriedad y cordura.

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