Cacería: Kirchner lanza tribus para hostigar a jefes rebeldes

Néstor Kirchner usará a un antiguo díscolo para hostigar a uno nuevo: Julio Alak, ministro de Justicia por sugerencia de Julio De Vido, regresará a su viejo territorio, La Plata, para encarnar junto a otros referentes K una tribu destinada a presionar a Pablo Bruera.
El expediente Bruera, actual alcalde platense, debe testearse como una prueba piloto: mañana, en persona, el patagónico aparecerá por La Plata al frente de tropa amiga. De la lista de invitados, que se amplió en estas horas, está expresamente excluido el bruerismo.

No es otra cosa que un movimiento de intimidación. La misma receta que usó para encolumnar a Daniel Scioli al «pisarle» la caja y demorarle el envío de fondos para el pago de sueldos, a Bruera se lo aplica con las obras y, ahora, en el plano político.

Como caso testigo, Kirchner difunde un mensaje de advertencia genérico al cacicazgo bonaerense. Aquellos que no se acoplen, se pierdan en vaguedades sobre su plan 2011, o hagan maniobras de autonomía, correrán el riesgo de convertirse en un blanco móvil de Olivos.

El operativo hostigamiento opera por tres mecánicas paralelas, todas con un mismo objetivo: el desafío territorial a los caciques del PJ.

Con Bruera aplicará la vía institucional: un bloque de funcionarios nacionales, con base y pretensiones en La Plata. En este caso, la avanzada será con Alak, el viceministro de Desarrollo Social, Carlos Castagnetto, y el secretario de Ambiente, Homero Bibiloni.

A ese elenco se sumarán legisladores nacionales y provinciales como Nora César, Ariel Passini y Guido Carlotto. Hace tiempo, el grupo se reúne los jueves en el despacho de Bibiloni para proyectar el desembarco de La Plata con la bandera del hiperkirchnerismo.

En principio, la cita era cerrada en la Casa de Estudiantes de Santa Cruz. Pero Kirchner, que habilitó la presión sobre Bruera pero no está convencido de la conveniencia de expulsarlo, puso como condición montar un plenario tumultuoso y ser el único orador.

En Olivos, días atrás, el patagónico avaló una teoría que le sopló Alak para aceptar encabezar la cita en La Plata. «No se sabe con quién va a jugar», le clavó la espina y se perdió en elucubraciones sobre hipotéticos contactos con Felipe Solá y Francisco de Narváez.

Siempre alerta, Kirchner confirmó su presencia pero en paralelo ordenó sondeos sobre los movimientos del platense. El interlocutor con Bruera es el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Batallones

La maniobra sobre Bruera usa uno de los batallones K para arrinconar a disidentes. El bloque «ministros», en este caso comandado por Alak. Los otros dos son el que capitanea Hugo Moyano, con su corriente política sindical y la línea de Mario Ishii, alcalde con licencia de José C. Paz.

El camionero, según los cálculos del laboratorio de Olivos, puede ser útil para amagar con armados territoriales, con el soporte de Moyano, en los distritos del PJ que no se encolumnen detrás del proyecto Néstor 2011. Ishii, con su Encuentro Peronista Federal, sirve para el mismo fin.

¿Quiénes vienen después de Bruera? Sergio Massa, alguna vez jefe de Gabinete de Cristina de Kirchner, rankeaba con chances para ser el otro hostigado por Kirchner. Pero días atrás, el ex presidente y el intendente de Tigre retomaron el diálogo y, sin volver al romance de años pasados, hicieron las pases.

Kirchner especula que tras el episodio Scioli, a quien dejó sin «caja» durante una semana y amenazó con patrocinar a Alberto Balestrini como gerente operativo, y luego del desembarco en La Plata, reducirá al mínimo las desobediencias y los coqueteos.

Por lo pronto, Scioli tuvo que esforzarse por borrar todas las sospechas. Se mostró, casi excesivamente, junto a Balestrini y avisó, a través de varios portavoces, que no está en sus planes dejar la gobernación para asumir, en diciembre, como diputado nacional.

Entre líneas, sin embargo, el gobernador no desactiva la bomba sucia de los patacones. El ministro de Economía, Alejandro Arlía, afirmó que no se emitirán bonos, pero esa alternativa, al igual que un eventual separación de la elección bonaerense de la nacional, aparecen como recursos remotos pero no imposibles.

El realineamiento de Scioli con Kirchner se evidenció por boca de un tercer actor: Felipe Solá, uno de los interlocutores del gobernador que desató la furia de Olivos -los otros fueron Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna-, ayer castigó a su sucesor con una dureza inusitada.

«Scioli se puso un salvavidas de plomo» al abrazarse a Kirchner, pegó Solá y le recomendó «emitir» un bono para terminar con la dependencia de la Nación. Cuando lo dijo seguro recordó la sentencia de Carlos Ruckauf que antes de crear los patacones afirmó que «gobernador que saca bono, no termina la gestión»

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