Cabra Corral va camino a convertirse en una cloaca a cielo abierto

Diferentes estudios revelan que la mayor reserva hídrica del norte argentino y su ecosistema están cada vez más degradados.

Quienes se detienen a observar la inmensidad de ese espejo, que cubre más de 11.000 hectáreas con unos 3.000 millones de metros cúbicos de agua allí embalsada, piensan que el Cabra Corral es un paraíso perpetuo, inmune a la mano del hombre, a sus peores costumbres, a cualquier forma de contaminación. Simplemente, indestructible. Así pensaban muchos de los que vieron zarpar al Titanic en su primer -y último- viaje.

En los 36 años transcurridos desde su inauguración, en julio de 1973, la gran presa salteña sirvió para generar energía hidroeléctrica, atenuar las crecientes del río Juramento y garantizar agua en calidad aceptable para riego, bebida animal y consumo humano. A la par, la principal reserva hídrica del norte argentino se convirtió en uno de los destinos turísticos más promocionados de la provincia y en una de las áreas del NOA de mayor atractivo para los aficionados de la pesca y la náutica.

Ni dentro ni fuera del extenso embalse existe suficiente conciencia acerca de la magnitud de su progresiva contaminación.

En todo este tiempo, sin embargo, el Cabra Corral fue usado también como una enorme alfombra bajo la cual se ocultaron descomunales volúmenes de residuos urbanos sólidos, desechos cloacales crudos, efluentes industriales no tratados y agroquímicos mal desechados. Como si todo esto fuese poco, líquidos lixiviados altamente nocivos se siguen filtrando desde viejos basurales sobre los ríos y se acumulan por horas, días, años, en la profundidad de las aguas.

Los efluentes contaminantes no sólo ingresan al embalse a través de los cursos de la alta cuenca, sino que caen al lecho hasta de los baños de los catamaranes que viven de los pescadores, más bien de los peces del Cabra Corral, que difícilmente perdurarán indemnes a tanta contaminación ininterrumpida.

Señales de alerta

Estudios desarrollados por investigadores de distintas cátedras de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) y de la Universidad Católica de Salta (UCASAL) revelan que la presa y los cursos de agua que en ella confluyen -comenzando por el Arenales en su paso por la ciudad de Salta- están cada año más enfermos.

Sin respuestas

Uno de los trabajos, sobre los cuales El Tribuno

ahondará en sucesivas notas, fue dirigido por Walter Luis Luna, especialista en ingeniería sanitaria que se desempeñó, entre otras funciones públicas, como titular de la desaparecida Administración General de Aguas de Salta (AGAS) y ex intendente capitalino en los años ochenta.

Hace exactamente un año atrás, Luna demandó a la Defensoría del Pueblo de la Nación que tome cartas para detener la alta contaminación del Cabra Corral.

Consultado sobre las respuestas a su presentación, lamentó que la intervención del ombudsman se haya limitado a requerir un informe oficial en el que se relativizó la degradación ambiental denunciada en la alta cuenca del Juramento. De todos modos, Luna subrayó que aún se puede torcer el indeseable destino del Cabra Corral, aunque para ello urge -ante todo-educar a la población y articular -sin más demoras- obras y medidas de saneamiento que se consideran indispensables, como dotar a Salta y otras poblaciones del Valle de Lerma de redes cloacales, plantas depuradoras y rellenos sanitarios más acordes con los tiempos actuales. En este sentido, el Plan Provincial de Gestión Integral de Residuos Sólidos propone un sustancial giro, como es la eliminación de los vertederos a cielo abierto emplazados sobre los cursos que desembocan en el Cabra Corral y la incorporación en los rellenos sanitarios de nuevas técnicas de recuperación, reutilización y reciclaje de la basura. Todo esto, no obstante, aún debe saltar del texto a la práctica.

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