Cabeza de novio

SAN LORENZO 1 - CENTRAL 0: San Lorenzo gana y tiene a su Romeo, con quien vive su historia de amor en la punta. El romance y los sueños crecen, aunque al momento alcanza para ir paso a paso: Central mereció empatar.
La gente de San Lorenzo se está enamorando cada vez más de su equipo, aunque su equipo, hay que reconocer, tampoco es un canto a la belleza. Pero tiene pasión, es fogoso, está entregándose por completo a una relación que los hinchas saben apreciar. Al fin y al cabo, no todo es pura estética, ¿o no? Ojo: no es "contigo pan y cebolla", porque esa docena de partidos consecutivos sin perder tiene mucho que ver en la relación. Indica riqueza en resultados, buena racha, tentación de punta, sueños de un futuro próspero. Y las flores se potencian en la particularización, donde se multiplican los versos románticos cuando se mira al centro del ataque y está Bernardo, el Romeo del Ciclón, el único -a ser sincero- que aun en la pobreza siempre encuentra un mimo contenedor, un plato caliente sobre la mesa. Si Romeo no pasa hambre en época de vacas flacas mucho menos ahora, cuando la abundancia domina la escena como hacía rato no se veía por estos barrios.

No sobra la poesía tampoco, porque en definitiva al equipo no le sobra esa sensibilidad, aunque le alcanza para llegar a fin de mes. Se respalda, como ayer, en la figura de su arquero y en el oportunismo de su 9 que no mete el 100% de las que tiene, aunque es el principal responsable de gestionar el 90%. Y, se sabe, siempre es mejor un delantero que puede desaprovechar las que tiene, que uno que no logra aprovechar nada simplemente porque no genera ninguna. Romeo se mueve, gira y prepara un hueco para que algún compañero se la tire justo ahí, para poner a prueba su olfato de gol, su perseverancia de goleador.

Hilando fino el partido, hay que decir que el gol de Bernie fue un hombro en offside, y ya no tan fino que Central tuvo dos jugadas de penal a favor no cobradas por Lunati (San Lorenzo también tuvo una); y que más allá de la participación del árbitro y sus decisiones, los rosarinos se le fueron al humo con pomposa sencillez y bien podrían haber empatado sin que eso dejara pasmado a nadie. Incluso si Migliore no hubiese estado mucho más atento que sus compañeros, Central podría haberse puesto en ventaja a los dos minutos de juego, y tal vez otra hubiese sido la historia. Pero el arquero está para atajar y en eso anduvo el del Ciclón, sobrio, impecable e impenetrable.

San Lorenzo disfruta del momento, pueden tocarle el hombro que, sin registrarlo, seguirá mirando al horizonte. Cabecita de novio, dirían las abuelas, sabias en esos menesteres, descriptivos aunque no tan vinculados al fútbol. El idilio existe y es real, pero tiene un sustento todavía limitado que necesita de un paso seguro tras otro. Todavía no está como para creer en el amor eterno.

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