Cabeza de León.

ESTUDIANTES 1 - GODOY CRUZ 0: ¡Qué fuerte de arriba que está el Pincha! Con un testazo de Boselli, venció al Tomba, aún sueña con la Sudamericana y llega con todo ante Defensor.
La lógica de los goleadores es tan injusta como brillante, engalanada, para festejar. Es, digamos, inversamente proporcional al esfuerzo de tantos. Chárlelo con su amigo arquero: diez tapadas no le sirven demasiado si al final lo ataca un insalvable error, su derrota impensada. Chárlelo, también, con su amigo Boselli, que había jugado mal, que no estaba movedizo, que acaso calificaba un cuatro en el boletín y ahora tenemos que andar palmeándole el ego. Una hora después de errarse un gol abajo del arco con Ibáñez vencido en el primer palo (se repite, así lo entendemos bien: errarse un gol abajo del arco), el delantero de Estudiantes desvió un buen centro de Enzo Pérez y decretó, así, como si nada, la victoria del Pincha. Lo explicó con el festejo, ideal: le hizo señas a la platea de Estudiantes para que lo criticara ahora, claro, después del 1-0. Fuerte de arriba, entonces, este León, con moral copera, con cabeza de fierro, un León que mientras espera por la Libertadores y el choque del jueves ante Defensor, también se metió en la lucha por la Sudamericana 09. Copame. Copate.

Estudiantes ganó con justicia, con justeza. Al comienzo le costó agarrarle la mano a un Godoy Cruz que hacía ancha la cancha con Aguirre y Figueroa, que tenía más aceleración que el mismo León, que jugaba como juegan los que lo hacen porque sí: sueltos, inconscientes, divertidos. Hasta Verón, de quien se creía que no iba a jugar luego del viaje a Quito con la Selección, tuvo que recostarse algunas veces sobre la derecha y terminar casi como un doble lateral derecho para meter, marcar. Diga usted que Albil sintió el fantasma de Andújar, o mejor lo aprovechó al fantasma del arquero de la Selección, porque el ex Independiente salvó esas pelotas que también salva Mariano, las que niegan que empiece otro partido. Entonces indemne, el equipo de Sabella supo que lo mejor era desenfuchar ese ritmo, el ida y vuelta feroz, hasta que finalmente pudo verse su fútbol unplugged. Mientras el visitante seguía con su rock al palo, el local empezó a cantar una bossa con Verón. Y fue en esa transición cuando Estudiantes empezó a ganar.

Más manso, acaso controlado, Godoy Cruz se salvó en el inicio del segundo tiempo (Ibáñez le tapó un mano a mano a Boselli y Sigali lo trabó a Salgueiro, quien entraba para romper el arco) y luego, directamente, se adormeció. Mientras el Tomba no resolvía las contras con decisión, Estudiantes se hundió con su idea. Preciso, la bola siempre al pie, como se quería, ahora le faltaba aceleración, punch. Hasta que Enzo Pérez se calzó los guantes. Y se mandó. Y apareció Boselli. Y grito yo, Mauro. Y todo el Pincha grita, también, con él.

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