Bush, Obama, Putin y Cristina

Por: Ricardo Kirschbaum

El Gobierno comparte la idea de que la salida de George W. Bush de la Casa Blanca es también el fin del unilateralismo.

Es decir que el mundo, desde el 20 de enero, se manejará de otra manera, sin una potencia hegemónica que dicte las reglas globales.Lo mismo piensan varios líderes europeos y, notoriamente, el gobierno ruso que acaba de darle hospitalidad a Cristina Kirchner. Por cierto, este protagonismo ruso apunta a ocupar un espacio internacional en el que falta un liderazgo claro. Y esta ofensiva inclusive regional –maniobras navales en el Caribe con Chávez, visita a Cuba, por ejemplo– en las puertas de EE.UU. es también una muestra de desagrado por el desembozado apoyo de Washington a Georgia.

El unilateralismo ha perdido credibilidad porque el empantanamiento militar en Irak y Afganistán, por un lado, y la tremenda crisis financiera que desató la obscena codicia en EE.UU., ha mostrado como pocas veces la brutal ineptitud del gobierno de Bush. Habrá que ver qué propone Barack Obama en el futuro. Lo que es seguro es que no resignará ningún protagonismo. Rusia ya no es la Unión Soviética, algo que hay que recordar a aquellos que siguen pensando el mundo como hace treinta años, pero tiene mucho gas, petróleo y ojivas nucleares.

Argentina ha comenzado a mostrar una decisión de abrir nuevos mercados y exhibir una política exterior más articulada. Habrá que discutir si existe en verdad esa política, si hay también reflejos tardíos de un tercerismo algo rancio, pero no se puede desconocer la legitimidad de buscar caminos propios, sobre todo de mercados propios, algunos que se han perdido por absurdas querellas internas.

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