Bush se enteró de que EE.UU. entró en recesión

Había preparado un discurso optimista sobre Medio Oriente, pero el anuncio oficial de la peor caída de empleos en un mes de los últimos 37 años lo obligó a cambiar el tono de su exposición.
El presidente estadounidense George Bush dio ayer la mala noticias que todos esperaban oír: la primera potencia del mundo entró en recesión. “Los datos de desempleo de hoy reflejan el hecho de que nuestra economía está en recesión”, aseguró el mandatario. Hacía apenas unas horas su gobierno había hecho públicas las cifras de noviembre. Más de 530 mil puestos de trabajo se perdieron ese mes, lo que eleva la tasa de desempleo a 6,7 por ciento, el nivel más alto en los últimos 15 años. Ante el avance cada vez más veloz de la crisis, Bush reclamó que el Congreso apruebe la semana próxima el salvataje a las automotrices. “Mi administración está comprometida en asegurar que nuestra economía tenga éxito”, señaló a poco más de un mes de dejar la Casa Blanca. Aprovechando sus últimos días, Bush también defendió ayer su política exterior para Medio Oriente.

Según las cifras oficiales, en lo que va de la crisis financiera, al menos 2,7 millones de estadounidenses perdieron su trabajo. Uno de los sectores más afectados por la tormenta que se desató en el seno de las bolsas norteamericanas fue el automotriz. La dirección de Ford, junto con sus pares de General Motors y Chrysler, demandaron a principio de semana un rescate financiero de alrededor de 34 mil millones de dólares.

El Congreso norteamericano deberá analizar la semana próxima si apoya esta propuesta o si utiliza el fondo de ayuda de 25 mil millones de dólares que aprobó hace dos semanas, como sugirió Bush. “Es importante que el Congreso actúe y también es importante que estemos seguros de que el dinero de los contribuyentes será devuelto si se les presta a estas empresas”, reclamó ayer el mandatario.

Las cifras de desempleo del mes pasado superaron bastante las predicciones de las consultoras privadas, que auguraban el despido de no más de 325 mil personas. Según explicaban ayer los expertos, hace 34 años que no se pierden tantos puestos de trabajo, tan rápido. “Esto es terrible, casi indescriptible”, dijo Ian Shepherdson, economista jefe de High Frequency Economics. “En los últimos seis meses, Estados Unidos perdió 1,55 millones de empleos, casi tantos como en toda la recesión de 2001, que incluyó el 11 de setiembre y los dos meses posteriores. El ritmo de pérdida de empleos se está acelerando en forma alarmante”, agregó el analista.

Bush tuvo que salir a hablar sobre la economía porque la difusión de las cifras de desempleo lo obligó, pero la idea original era otra. El mandatario estadounidense se había preparado ayer para dar una mirada introspectiva de su política exterior en Medio Oriente. “El Medio Oriente de 2008 ofrece más libertad, esperanzas y promesas que en 2001”, fueron las primeras palabras que esbozó Bush ante un auditorio de funcionarios, diplomáticos y académicos en el Centro Saban para Estudios sobre Medio Oriente del Instituto Brookings en Washington. “Los cambios de los últimos ocho años anuncian el comienzo de algo histórico y nuevo”, agregó.

Entre los cambios de los últimos ocho años, Bush destacó que fue su administración la primera que defendió abiertamente la creación de un Estado palestino. “Nuestro objetivo fue ayudar a una región atribulada a dar los primeros pasos, difíciles, en el largo viaje hacia la libertad, la prosperidad y la esperanza”, explicó. El mandatario no mencionó en ningún momentos los esfuerzos del ex presidente Bill Clinton ni la firma de los Acuerdos de Oslo, donde sí aparecía como objetivo final la creación de un estado palestino.

Como adelantándose a las críticas, Bush entregó su opinión de por qué la Hoja de Ruta no funcionó en el conflicto israelí-palestino. “Nuestros esfuerzos no siempre han salido según lo planeado y en algunas áreas nos hemos quedado cortos con respecto a lo que esperábamos –dijo y agregó rápidamente– pero tomamos decisiones que no han sido populares porque la popularidad nunca fue nuestro objetivo.”

A pesar de los últimos intentos de la secretaria de Estado saliente, Condoleezza Rice, las autoridades israelíes y las palestinas se niegan a volver a sentarse a la mesa de diálogo. Israel sigue construyendo y vendido tierras en los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados, y las dos facciones palestinas, Al Fatah y Hamas, siguen enfrentadas y sin responsabilizarse por el constante lanzamiento de cohetes caseros de corta distancia del otro lado de la frontera con Israel. Tel Aviv mantiene sellada la Franja de Gaza a pesar de los pedidos desesperados de la ONU, las organizaciones de derechos humanos y la Unión Europea, que hace meses denuncian una crisis humanitaria.

Todo este escenario quedó fuera del discurso del mandatario estadounidense, que también le dedicó un lugar en su análisis a la “amenaza nuclear iraní”, el supuesto apoyo al terrorismo de Siria y a la guerra en Irak. En los tres casos Bush reconoce que el trabajo no terminó, pero se siente bastante contento con lo que logró hasta ahora. “Irán se enfrenta a una presión por parte de la comunidad internacional mayor que nunca, mientras que grupos terroristas como Al Qaida se enfrentan a un creciente rechazo ideológico en el mundo árabe”, opinó.

Concentrado en sus supuestos éxitos, Bush no le dedicó mucho tiempo a la guerra en Irak, excepto para decir que la decisión de invadir, en 2003, fue la correcta. “La joven democracia iraquí es uno de los avances que da esperanza a la región”, señaló. Eso sí, no todos fueron elogios. “La guerra terminó siendo más larga y costosa de lo previsto”, fue su autocrítica.

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