Bush dejaría quebrar a las automotrices

La Casa Blanca admitió ayer que estudia la posibilidad de que se produzca una "bancarrota ordenada" de los gigantes del sector
WASHINGTON.- En un año en que casi todo lo que pudo salir mal le salió mal, el presidente George W. Bush podría enfrentar otra complicación en el final de su mandato.

Por lo menos dos de las tres gigantes de la industria automotriz norteamericana, General Motors y Chrysler (la tercera es Ford), se aprestan a declararse en bancarrota -lo que en la Argentina se conoce como concurso de acreedores-, una realidad impensada hace un año, pero que ahora podría definirse en semanas o días.

El gobierno de Bush reconoció esa posibilidad después de haber pedido del Congreso -y no haber obtenido- un rescate de 14.000 millones de dólares. Tras aquella derrota legislativa, analizó sacar fondos del programa de rescate financiero y dárselos a General Motors y Chrysler.

Pero ayer planteó que una bancarrota "ordenada" podría ser una opción, quizá la única, disponible.

"Hay una manera ordenada de caer en bancarrota que provee más que un aterrizaje suave", explicó la vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, al reconocer ayer lo que ya era un secreto a voces en esta capital. "En eso estamos pensando", reconoció.

Aunque previsible y en estudio, la mera posibilidad de que General Motors y Chrysler deban apelar al "capítulo 11" de la ley de quiebras norteamericana implicaría un hito en la orgullosa historia industrial de este país. Más aún, forzaría que todos los actores vinculados a sus operaciones deban replantear sus posiciones. De los sindicatos a sus proveedores, y de sus accionistas a los bancos de inversión.

Las declaraciones de bancarrota son una opción algo más común, por ejemplo, entre las aerolíneas, que vivieron durante las últimas décadas un proceso de desaparición de competidores y renegociación de sus reglas, costos y prácticas habituales. Pero resulta impensado entre las automotrices, que comienzan a ajustarse para lo peor.

En una clara señal de la magnitud de la crisis que afecta a la industria, Chrysler anunció en las últimas horas que cerrará sus 30 plantas en América del Norte durante un mes, por lo menos, mientras que General Motors bajará la persiana en 20 y contrató, entre otros, a Harvey Miller, un conocido abogado especializado en quiebras, al igual que a William Repko, en cuya cartera de clientes figura United Airlines, a la que asesoró en su reestructuración. Ford, en tanto, no requiere una inyección urgente de capital fresco como sus competidores. Pero cerrará nueve de sus 15 plantas y aclaró que podría sufrir un golpe letal si caen General Motors y Chrysler. También informó que esperará hasta conocer cuál será la posición de quienes se van del gobierno y quienes llegarán con Barack Obama.

Las opciones en danza dividen a la clase política norteamericana, más allá de las ideas republicanas y demócratas, algo que también sucede entre los economistas y expertos.

Están quienes consideran que la caída de los tres colosos podría convertir la recesión local en una recesión global, pero también quienes sostienen que la debacle es inevitable.

"Simplemente dejen que las leyes de mercado hagan lo suyo", argumentó, entre ellos, el decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Dartmouth, Matthew Slaughter.

"Si General Motors o alguna de las otras compañías se declara en bancarrota, ayuden a los trabajadores y comunidades que serían afectadas por esa decisión", propuso.

Esa opción no convence demasiado ni a Obama ni a Bush. De hecho, y a pesar de que admitió que una bancarrota "ordenada" podría ser la salida, el mandatario republicano aclaró que aún no tomó una decisión.

Sin embargo, dijo que quiere evitar que su sucesor enfrente en sus primeros días de gobierno lo que definió como una "catástrofe mayúscula".

"Bajo circunstancias normales, no hay duda de que una bancarrota judicial sería el mejor modo de mediar con el crédito, las deudas y la reestructuración", comentó ayer durante una charla en el Instituto Empresario Estadounidense (AEI, en inglés).

"Pero éstas no son circunstancias normales. Ese es el problema. Aún no tengo una decisión tomada", aclaró.

Esa misma reticencia explica por qué una de las opciones barajadas consiste en que Washington desembolse los fondos suficientes para que General Motors y Chrysler puedan funcionar mientras negocian una salida con sus acreedores y sindicatos, aun si esa negociación toma varios meses.

"Le diré esto: el presidente no permitirá un colapso desordenado de las compañías", subrayó Perino, ya que ese escenario significaría "algo muy caótico", que podría equipararse a "un shock del sistema".

Pero la vocera también aclaró que en cualquier escenario, incluso con una ayuda oficial, "todos los protagonistas van a tener que tomar decisiones duras".

Por su parte, la líder demócrata en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, instó ayer a la Casa Blanca a que actúe de forma inmediata para prevenir la "inminente insolvencia" de las tres grandes compañías automotrices de Detroit, que pondría en peligro 2 millones de puestos de trabajo.

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