Los "buscavidas" esperan la cosecha de cada verano

Familias enteras buscan obtener un ingreso con la venta de productos o la prestaciónde servicios a los turistas / Alfredo Bricco vende pan casero y actúa en un espectáculo.
Villa Carlos Paz . Pasa todos los veranos y es un fenómeno que se incrementa por la necesidad de trabajo y de salir adelante que expresan muchos habitantes de esta ciudad serrana. Nadie quiere perderse los beneficios que puede otorgar el aluvión de turistas que pueblan las sierras en temporada alta. Por eso, los "buscavidas" afloran en los balnearios y se las ingenian para subsistir, generalmente a costa de mucho sacrificio.

Vendedores de pan casero, pasteleros y heladeros, se transforman en un ejército vociferante en los días de calor en las playas de ríos y lagos.

"Hay pan, hay pan", grita Alfredo Bricco (59) con su voz potente. A nadie le pasa inadvertida su sonora publicidad y tampoco el delicioso contenido de su canasto. Con su mujer Liliana (45), Alfredo comenzó un emprendimiento familiar hace seis años en su casa de barrio La Quinta.

Liliana es santiagueña y aprendió a los 7 años a amasar y hornear el pan. Siguió desde chica las enseñanzas de su padre sin saber que un día le servirían para ganarse la vida junto a su familia. El caso de Alfredo es bien diferente. Él es de Carlos Paz, fue imprentero y empresario turístico hasta que se quedó sin trabajo y no tuvo ningún problema en arremangarse para salir a vender el pan que cocina junto a su esposa.

Representan una historia, entre tantas posibles, para contar sobre los rebusques de verano en las ciudades turísticas.

Trabajo en familia. "En su momento fue una opción como una fuente de trabajo. La mano venía mal y nos pusimos a largar este emprendimiento, que además nos hace estar en familia mientras trabajamos", cuenta Alfredo.

Milagros (13), la mayor de los tres hijos del matrimonio, les ayuda en la elaboración del pan que se hace en una habitación de la casa acondicionada especialmente para eso.

"Nos levantamos a las 5.30 para hornear bien temprano y vendemos en los negocios de la ciudad y en los balnearios", relata Liliana.

Alfredo es el encargado del reparto y camina entre 6 y 8 kilómetros por día ofreciendo la mercadería. Además, es actor y durante la temporada estudiantil forma parte de un elenco que brinda un espectáculo para los contingentes en un conocido parque temático de Carlos Paz.

"Lo más lindo de esto es que trabajamos en familia. El pan es sagrado, bíblico, y ahora pensamos que nos está dando una mano el de arriba para que salgamos adelante", asegura Alfredo.

En el proceso de elaboración trabaja toda la familia. El matrimonio amasa y arma los panes y después, generalmente a la madrugada, se lleva todo al horno.

"Lo que cuesta vencer es la falsedad de alguna gente. Hubo muchos que dejaron de saludarme cuando me vieron vendiendo pan en la calle. Vencí eso y ya está", sostiene Alfredo.

Con un precio de venta al público de 5 pesos, la temporada pasada los Bricco vendieron alrededor de seis mil panes. Y este año están preparados para superar ese número y seguir avanzando en la pequeña empresa familiar que se pone en marcha cada verano, como varias otras de diverso rubro en cada ciudad donde el movimiento turístico no sólo genera oportunidades para hoteles, restaurantes y grandes sitios de diversión.

Este tipo de historias de vida se repiten cada verano en todos los centros turísticos de la provincia.

Más de los que parece

En Villa Carlos Paz hay barrios cuya mayoría de habitantes se dedican a tareas relacionadas con el turismo y que no son las más convencionales. El verano significa hacer una diferencia para avanzar un poco y es una ayuda para pasar el invierno.

Sin registro oficial

Si bien no hay un registro concreto de la cantidad de personas que se dedica en Carlos Paz a trabajos informales durante el verano, un paseo por los balnearios en plena siesta es un buen indicador para observar que el fenómeno es realmente importante.

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