Buscan destruir partidos

Por: Carlos Zaffore.

Los partidos con escasa o nula representación en el Congreso no podrán defenderse. Por eso lo más tramposo de la reforma política no está en su letra sino en que ofrece al radicalismo el tentador fruto del árbol del bien y del mal.

No quiere decir que comerá la manzana prohibida, pero la tentación, además de la eliminación de competidores, es que el justicialismo podría llevar un candidato presidencial, Néstor Kirchner, que tiene una imagen negativa del 70%, dejando afuera a otros justicialistas con más sólidas posibilidades.

Pero dejemos el 2011 y vayamos a cuestiones permanentes. Las internas abiertas pueden ponerse y sacarse, pero la exigencia de mantener afiliaciones en el 5 por mil de electores en cinco distritos para que subsistan los partidos nacionales, incrementada año a año conforme se ensancha el padrón, destruye partidos que pueden aportar al debate de ideas y causa daño estructural al sistema político. Viola también el artículo 38 de la Constitución en cuanto "los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático" y "su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución". El proyecto restringe indebidamente esa libertad en "su creación" y en "el ejercicio de sus actividades".

Los afiliados son básicos a los partidos y es esencial garantizar sus derechos. Pero no debe ignorarse la realidad de afiliaciones que responden a clientelismo y prácticas viciosas más que a genuina participación cívica y, por tanto, el intervencionismo estatal es pernicioso. Esa causal de caducidad no sólo viola el artículo 38, sino también el 17 que protege derechos adquiridos. Tanto de partidos existentes como de ciudadanos que militaron toda su vida en un partido y no quieren hacerlo en otro.Si se sancionara el proyecto se verían privados de esa posibilidad y convertidos en una suerte de parias de la política.

Y no se trata sólo de derechos individuales. Un monopolio de grandes partidos empobrece la democracia, excluye perspectivas que pueden iluminar el debate y cercena posibilidades de cambio.

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