Buscan anular las leyes de los votos truchos en la Legislatura porteña

Los bloques habían llegado ayer a un acuerdo. Pero hay obstáculos técnicos.
La Legislatura de la Ciudad quedó ayer desbordada por el episodio de los votos truchos, que se difundió el fin de semana y que ayer dio lugar durante toda la tarde a reuniones nerviosas que no resolvieron nada, en medio de un escándalo que parece crecer en lugar de atenuarse.

Con la consigna de que el episodio no daña sólo a los legisladores directamente involucrados, y ni siquiera a los bloques del Pro y la Coalición Cívica en particular, sino a toda la Legislatura, los jefes de bancadas hicieron ayer una larga reunión para buscar una solución que redujera el costo político. Al cabo de más de tres horas, en la que hubo más coincidencias que reproches cruzados, se acordó anular las dos leyes cuestionadas, además de una serie de medidas con la que se buscaría dar señales a la sociedad de "transparencia institucional" en una Legislatura que todavía busca sacarse el estigma de la corrupción del viejo Concejo Deliberante, y que con este episodio no se ayudó a sí misma.

Cuando se estaba preparando una sesión especial para resolver el tema, llegaron al edificio funcionarios de la Procuración General, que nuclea a los abogados del Estado porteño. Ellos plantearon que la Legislatura no puede técnicamente anular sus propias leyes, aun cuando no estén promulgadas, como en este caso. Lo que habría que hacer es esperar que la ley entre en vigencia para que luego, sí, derogarla, por medio de otra ley. El planteo generó un debate que finalmente no pudo ser resuelto y que obligó a postergar para hoy a las 11 de la mañana la sesión que iba a realizarse anoche.

En el medio, la polémica creció con numerosas versiones de que habría más videos de sesiones en las que diputados aparecerían estirando sus brazos para votar en lugar de colegas que no estaban sentados en sus bancas. Eso fue lo que sucedió en la sesión del 4 de diciembre, cuando los diputados macristas Oscar Moscariello y Silvia Majdalani apretaron los botones en lugar de sus compañeros de bloque Cristian Ritondo y Daniel Amoroso, que estaban parados en otro sector del recinto.

Además de la anulación de las leyes, por la tarde había llegado a una serie de acuerdos, que seguirían vigentes. Entre ellos está la compra de sistema electrónico de votación que lea huellas dactilares, como el que se usa en el Congreso de la Nación, para evitar que una persona distinta del diputado que ocupa la banca pueda votar en su lugar, como pasó. Se consensuó, además, que la Junta de Etica de la Legislatura examinará si corresponde aplicarles una sanción a los cuatro diputados mencionados y a Guillermo Smith, de la Coalición Cívica, que no quiso expresarse en una votación pero tampoco quiso dejar constancia de su abstención. Por último, se resolvió que se ordenará la televisación de las sesiones por medio del canal estatal Ciudad Abierta, el mismo que Mauricio Macri había prometido cerrar.

La reunión de la tarde fue encabezada por el vicepresidente primero de la Legislatura, el macrista Diego Santilli. Sin embargo, las críticas de la oposición no fueron para él sino para la vicejefa de Gobierno, Gabriela Michetti, porque este año no cumplió prácticamente nunca su obligación de presidir las sesiones legislativas.

"Estamos todos sospechados", dijo la diputada de izquierda Patricia Walsh, quien invitó al jefe del bloque macrista, Moscariello, a que renuncie. No tuvo éxito. Muchos diputados intentaban minimizar el episodio de los dobles votos, asegurando que no es la primera vez que sucede. De hecho, el diputado Martín Hourest, vinculado a la CTA, sacó una copia de la versión taquigráfica de la sesión del 17 de abril de este año, en la que él señaló que se había registrado el voto del jefe del bloque Frente para la Victoria, Diego Kravetz, sin que él estuviera sentado en su banca.

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