En busca de una reforma del FMI más profunda

Por: Marcelo Bonelli

El Gobierno no cumpliría los nuevos criterios que promueve el Grupo de los 7 para el otorgamiento de créditos. Por eso, Argentina intenta sumar fuerzas contra esa propuesta.

Este fin de semana, la Argentina irá a buscar aliados para intentar un acuerdo político que propicie una reforma profunda del Fondo Monetario.

Martín Redrado, del Banco Central y Carlos Fernández, del Palacio de Hacienda viajan hoy al encuentro del Banco Interamericano con la difícil misión de tratar de torcer la decisión del G-7 de instrumentar una reforma sólo "cosmética" en el FMI.

El encuentro del BID será clave, porque es la última cumbre financiera antes de la reunión en Londres del G-20 que liderará Barack Obama.

Un "memo" interno del Gobierno señala que "la reciente flexibilización de préstamos que anunció el FMI no satisface la postura argentina y de otros emergentes respecto de la reforma integral que necesita el organismo". El martes, el anuncio de Dominique Strauss-Khan generó decepción en la Quinta de Olivos. Hubo encuentros herméticos y los asesores escucharon dos frases terminantes de Néstor Kirchner. Sobre Strauss-Khan dijo que "quiere ver en crisis a los países emergentes". Después afirmó que "el plan de Obama es sólo para complacer a Wall Street".

Por eso la tarea de los funcionarios argentinos en Medellín será gigante, dado que las naciones industrializadas tienen una decisión casi tomada: en la inminente Cumbre del G-20 avalarían un cambio formal y no profundo del FMI. Las tres propuestas centrales del G-20 serían:

Anuncio de un megaplan de obras públicas a nivel internacional equivalente al 2% del producto de las naciones industrializadas.

Mayor flexibilidad monetaria y liquidez internacional.

Duplicación del capital del FMI para dar préstamos, pero con una reforma muy acotada.

Angela Merkel, la jefa del gobierno alemán, lidera la posición intransigente de Europa. Propicia un FMI con más dinero, pero con financiación atada al cumplimiento de severas pautas de política económica. Alemania, Francia, Italia e Inglaterra también admiten un mayor aporte de capital al FMI, pero sin perder el control político de ese organismo. EE.UU. acompañaría la posición de sus socios del G-7 , los cuales se enfrentarán a China, ya que el coloso asiático quiere colocar dinero en el FMI, pero sólo si obtiene una mayor cuota de poder en las decisiones.

La inicial dureza del G-7 se reflejará este fin de semana en Medellín. Según un informe secreto de la Secretaría de Finanzas, "los países desarrollados se muestran por el momento reacios a aportar capital para el Banco Mundial y el BID, como lo expresó el delegado de EE. UU." Este "memo" de Hernán Lorenzino advierte que "muchos países desarrollados insisten en que el FMI debe dar el visto bueno sobre la situación macroeconómica del país para acceder a financiación del BID o del Banco Mundial."

Martín Redrado utilizará sus aceitados contactos con los "caciques" de las finanzas mundiales para tener una evaluación real del conflicto. Carlos Fernández hablará con su colega de México, Gerardo Ruiz Mateos, y tiene un encuentro clave con la ministra de Francia Christine Lagarde.

Lagarde llevó a Colombia un delicado "dossier" sobre la economía Argentina. El trabajo técnico preparado en París habla de la paulatina desaparición de los superávit gemelos y denuncia que el BCRA estableció estrictas restricciones para girar divisas al exterior, para no perder reservas.

Pero el principal desafío será convencer a Brasil, porque sucede que en forma inesperada el gobierno de Lula avaló los anuncios sobre el nuevo criterio crediticio del FMI, en contradicción con Argentina. Según la Cancillería, Brasil estaría haciendo un doble discurso en torno al G-20. Un documento de inteligencia que llegó a la Casa Rosada ya había responsabilizado a un funcionario brasileño por el explosivo informe de la CIA contra la economía argentina. Ahora Lula se alínea en público con Argentina y otros emergentes, pero en privado negocia con Estados Unidos y el G-7. Brasilia quiere un lugar en la conducción del "nuevo FMI" y califica para los nuevos préstamos del FMI.

No es el caso de la Casa Rosada. La línea que anunció Strauss-Khan exige dos cláusulas que virtualmente excluyen a la Argentina. Primero, reclama un "test de integridad estadística", imposible de sortear para el actual INDEC. Pero, además, demanda la existencia de una "relación amigable con los mercados financieros", algo inviable mientras no se normalice la deuda con los bonistas. Así, el staff del Fondo le pasó viejas facturas políticas al kirchnerismo y ubicó por ahora a la Argentina junto al lote de Venezuela, Ecuador, Irak y China (sólo por el tema estadístico).

Esta cuestión se evalúa al máximo nivel empresarial local. Los hombres de negocios le dan mucha importancia, porque saben que después de las elecciones Argentina necesitaría dinero del FMI. Sostienen también que el Gobierno, aun triunfando, deberá entrar en una negociación con los gobernadores peronistas.

Juan Lascurain presentó en la Unión Industrial un informe sobre su viaje a la cumbre privada del G-20. El delicado diagnóstico coincide con el que expuso en una cumbre empresaria Rodolfo D'Onofrio. El ex titular de la Asociación de Compañías de Seguros estuvo en Europa y resumió así la situación: "La crisis es profunda y por ahora no tiene fin". Por eso, la influyente cúpula de la Asociación Empresaria Argentina fue convocada para la semana próxima. La gente de Luis Pagani está preocupada porque el fuerte deterioro económico que sufre la Argentina no es la prioridad de los políticos, ya exclusivamente abocados a la campaña electoral.

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