Qué busca Duhalde con su advertencia presidencialista

Jamás hace un movimiento sin ana-lizar minuciosamente las variables positivas y negativas derivadas de su acción. Cada aparición suya tiene rápida repercusión, más si no descarta la intención de ser Presidente otra vez.
Sabe que entrar periódicamente al ruedo le garantiza estar, pertenecer y mantenerse. Fundamentalmente, porque sus pasos generan una singular inquietud en los demás actores, sean peronistas o no. El "no descarto nada" de Eduardo Duhalde cuando se le preguntó si intentaría volver a ser Presidente pesó más en las letras de molde que el "ojalá que no (me toque)" disparado casi a continuación.

¿Está de vuelta y quiere regresar a la Rosada? ¿Busca reposicionarse para quedar al mando del PJ y desde allí retomar el mando de la lapicera? ¿O, simplemente, amaga para despabilar a los demás anti-kirchneristas? Sobre estas hipótesis giran las posibilidades, y los análisis que La Tecla solicitó a diferentes consultores políticos. En tanto, el entorno del ex Presidente da señales contrapuestas y mensajes que van en cualquiera de los sentidos antes señalados.

Los más acérrimos ya lo imaginan cruzando Plaza de Mayo, en diciembre de 2011, en busca del bastón presidencial. "Es el único que puede derrotar a los K", "no hay dudas de que estará dispuesto, y nosotros vamos a trabajar dos años para que no quede alternativa", se les escucha.

Tanto optimismo choca con una realidad incontrastable: Duhalde ya no es el dueño de esa máquina política que es el PJ, fundamentalmente el PJ bonaerense. Quizá por eso la mayor coincidencia entre los operadores duhaldistas es la "necesidad de reorganizar el partido, y la mejor garantía es tenerlo a él al frente". Esa pelea carece de sencillez. El PJ bonaerense está legalmente constituido, y penetrarlo hasta el cambio total de autoridades demandaría una titánica tarea por afuera. Nada imposible, pero difícil, sobre todo si no se cuenta con todo el peronismo anti K alineado. ¿Acompañarían Felipe Solá o Francisco de Narváez un proyecto que, de concretarse, podría marginarlos de sus deseos?

Un paso claro en busca del objetivo es el lanzamiento de la Confederación de Agrupaciones Peronistas, con un nombre superior en contundencia al tibio Movimiento Productivo Argentino -la pata ya creada y en funcionamiento que sirve para concentrar voluntades de intelectuales y acercar dirigentes extrapartidarios- y con la idea de convertirse en un PJ paralelo.

La bomba disparada por Duhalde (para algunos, pirotecnia de ensayo) movilizó a la clase política. Y varios apuraron llamados a Lomas de Zamora. La respuesta fue diferente de la repetida infinidad de veces desde 2003, cuando le entregó el mando a Néstor Kirchner. "Ya no nos dice que no quiere volver, nos dice que trabajemos", confía una dirigente cercana. En sentido opuesto, Chiche Duhalde minimiza las chances de su marido y vuelve a proponer a Carlos Reutemann.

Del puñado de hombres que se mueven con él a diario, uno destaca: "Su intención es encarnar un proceso de unión nacional que nos permita encontrar un rumbo de país; él habla de un pacto como el de la Moncloa, que haya dos fórmulas que representen el bipartidismo, que se pongan de acuerdo antes en las políticas fundamentales y tanto quien gane como quien pierda respete ese pacto, que esas políticas sean acompañadas por todos hasta que se salga de esta situación". E insiste en que "si bien es la primera vez que no descarta volver a ser Presidente, sólo lo sería si no hay ninguno que pueda expresar esa idea".

Hay quienes sostienen que en la cabeza de Duhalde hay dos nombres para encarnar cada una de esas dos fórmulas con las que sueña: Reutemann y Cobos. Con ambos tiene buen diálogo. Con ambos, el pacto previo le garantizaría ser un actor más importante que en la actualidad.

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