En busca de la confianza perdida

Los especialistas aportan recomendaciones para recomponer la confianza y apuntalar la economía. Damill remarca la necesidad de poner fin a la "manipulación estadística". Heyn, en cambio, defiende la gestión oficial y sostiene que hay que comunicar mejor.
Recuperar el rumbo

Por Mario Damill *

¿Qué habría que hacer ahora con la economía, una vez dejadas atrás las elecciones legislativas? No pretendo diseñar aquí ninguna "receta", pero para reflexionar sobre ese tema, lo mejor es comenzar por reconocer dónde estamos parados. Esa es una tarea un tanto difícil. Yo creo que la gestión macroeconómica tuvo grandes aciertos entre 2002 (sí, desde antes de iniciada la gestión de Kirchner) y 2006. Y esos aciertos, especialmente el mantenimiento de un tipo de cambio alto y relativamente estable que dio un fuerte impulso a la actividad productiva interna y al empleo, produjeron muy buenos frutos en términos de crecimiento, ocupación, mejoras en indicadores sociales y en la distribución del ingreso, revirtiendo mucho del daño que había generado la convertibilidad y su crisis.

Pero desde 2006 el gobierno de Kirchner extravió el rumbo y el que le sucedió acentuó el problema, agravado además por las repercusiones locales de la crisis global. Frente a las dificultades económicas que fueron apareciendo, demasiadas veces las reacciones fueron improvisadas y en ocasiones francamente inapropiadas. Por ejemplo, frente a la suba de las tasas de inflación se prefirió, desde 2007, ocultar el problema en lugar de combatirlo mediante un programa coherente.

La manipulación estadística, que comenzó con el IPC, se ha extendido. Recientemente, se han hecho evidentes las distorsiones en la información estadística pública en otras áreas, y de allí las dificultades para trazar un panorama más o menos preciso de la situación presente. No sabemos exactamente qué sucede con la producción, con la ocupación, con la inflación, con la pobreza, con la indigencia. Son más de dos años de una marcha incesante hacia el desastre estadístico. Y paradójicamente, lo que la manipulación estadística parece estar logrando es que mucha gente, desconfiando justificadamente de los números oficiales, crea que la situación económica es más grave de lo que en verdad parece ser.

Es indudable que estamos en recesión y que se están perdiendo puestos de trabajo, a pesar del discurso gubernamental. Varias fuentes respetables lo confirman. La pobreza está seguramente aumentando y no declinando, y el IPC está subiendo a un ritmo que aproximadamente triplica al que difunde el Indec. Sin embargo, en materia de actividad productiva y ocupación, esa evolución negativa no es particularmente grave en comparación con lo que sucede en otras economías. Por otro lado, pese a lo que mucha gente cree, no hay riesgo de crisis financiera, es muy bajo el riesgo de default de la deuda pública en lo inmediato, las cuentas fiscales, en deterioro, se mantienen aún superavitarias y el balance del comercio con el resto del mundo también. Estos son puntos muy favorables, aunque se hayan logrado en parte mediante acciones cuanto menos "poco prolijas", como la súbita estatización del sistema previsional privado, en el caso del fisco, o mediante restricciones draconianas a las importaciones de bienes, en el caso del superávit comercial.

Contar con un stock de reservas en el Banco Central próximo a los 40 mil millones de dólares, con superávit fiscal y superávit del comercio son buenos puntos de partida para lo que sigue. Incluso el tipo de cambio, que se apreció un tanto en comparación con su nivel medio de 2003-2007, y que en mi opinión sería mejor que estuviese algo más alto, no parece requerir una corrección de envergadura. La inflación, relativamente alta, ha venido declinando. Además, los precios de commodities que el país exporta, como la soja, se han recuperado y prometen seguir haciéndolo. Todo esto indica que se cuenta con algún margen de maniobra, aunque estrecho, y no se requieren cambios dramáticos.

Lo esencial en la etapa que se abre es, en mi opinión, recuperar la confiabilidad de la acción gubernamental, que se ha perdido. Esto se debe en gran medida a la manipulación de las estadísticas económicas públicas, lo que constituye, para comenzar, un problema ético de primer orden. Como ciudadanos, es fuente de vergüenza; pero también genera serios problemas prácticos. No sólo es difícil casi cualquier cálculo económico y es problemática la propia definición de las políticas económicas, sino que se producen costos tremendos en materia de confiabilidad de la acción gubernamental. No hay macroeconomía que pueda funcionar si el gobierno no es confiable. La salida de capitales acumula más de 40 mil millones de dólares en dos años, y eso se explica en mayor medida por la incertidumbre de origen interno que por la crisis global.

Para lograr la recuperación de la confiabilidad en la acción gubernamental, lo que hay que hacer no es fácil pero es factible, aunque a la luz del pasado reciente da la impresión de tratarse de un salto enorme. Sin embargo, si se actuara decididamente en este sentido (empezando por recomponer el Indec), el efecto positivo sobre la economía y sobre la gestión podría ser rápido y muy intenso.

* Economista de la Iniciativa para la Transparencia Financiera, Cedes, Conicet, UBA.

Comunicar mejor

Por Iván Heyn *

El final de la campaña electoral devuelve cierta calma a los análisis económicos. En primer lugar es importante hacer un balance sobre cuál fue el impacto de la crisis internacional en nuestro país para poder, en segundo término, evaluar cuál es la perspectiva económica para la segunda mitad del año.

En septiembre de 2008 se desató una crisis financiera global, con epicentro en Estados Unidos, que arrastró a todas las economías a la recesión. Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea alcanzaron niveles de desempleo y caídas de la producción industrial así como de exportaciones e importaciones alarmantes. A nivel local, la actividad económica sufrió impactos en el primer semestre a través de dos canales: a) La demanda internacional de nuestros productos cayó fuerte, obligando a las empresas a acumular los excedentes de producción y a aumentar el volumen de los stocks, b) la gran incertidumbre que provocó la crisis financiera y la desaceleración de la economía mundial impactó sobre decisiones de inversión bastante avanzadas que se postergaron.

Sin embargo, nuestra economía no destruyó puestos de trabajo porque en primer lugar el Poder Ejecutivo tomó medidas de política económica que buscaron frenar los despidos preventivos a través de negociaciones directas con el sector privado y una política de subsidios para que las empresas más comprometidas por la caída de su actividad pudieran mantener los niveles de empleo. Frente a la caída de la demanda internacional se tomaron medidas buscando sustituirla vía ampliación del mercado interno. Las políticas fueron aumento y dinamización de la obra pública y administración de comercio para evitar que el consumo nacional se desviara a productos importados.

Estas políticas permiten que nuestro país pueda mostrar en el medio de la crisis más grave desde la década del 30 una situación en la que por ejemplo todos los fines de semana largos y la Semana Santa fueron record turístico en lo que va de 2009. Los niveles de consumo, si bien se desaceleraron, venían de niveles muy altos, es interesante citar el ejemplo de la industria automotriz que a fines del 2008 y en el ojo de la tormenta financiera estimaba una producción de 400 mil unidades para 2009 y a junio de 2009 lleva producidas y vendidas más de 275 mil unidades, lo que anualizado implica un mercado de 550 mil unidades para este año, sólo 65 mil unidades, menos que el record de 2008. A esto hay que agregarle que el Ministerio de Trabajo ha actuado consistentemente continuando con las políticas de negociación paritaria, lo que generó que los trabajadores hayan podido negociar subas salariales.

En las últimas semanas desde el contexto internacional empiezan a aparecer algunas señales favorables a nuestra economía, ya que rebotó vigorosamente el precio de la soja, se restableció la situación prevaleciente de demanda por parte de China y Brasil y la expectativa de inflación en dólares favorece a los activos financieros argentinos, hecho que trajo como consecuencia una caída en el riesgo soberano desde los 1823 puntos básicos en marzo a un promedio por debajo de 1000 en la actualidad. También mejoró el tipo de cambio real multilateral, gracias a la devaluación del dólar en el mundo, mostrando que el gradualismo cambiario no fue una política insensata.

Es entonces que podemos pasar al segundo aspecto a analizar, que tiene que ver con el escenario económico post-electoral. Es de suponer que una vez terminado el proceso electoral y con un escenario claro sobre el horizonte político de la Argentina la incertidumbre será menor. Esto permite que los datos favorables que se empiezan a observar en torno de la estabilización de la economía vuelvan a dar certeza a los distintos actores para recobrar el impulso y dinamizar los proyectos de inversión que aún tiene en carpeta.

Una vez más las expectativas de inversión serán impulsadas por tres aspectos de política económica que son centrales: 1) La orientación de defensa del mercado interno que se ha tomado y que se consolidará después de las elecciones, favoreciendo el crecimiento de los sectores ligados a la demanda local, sobre todo teniendo en cuenta que hoy a nivel internacional existen pocos mercados de consumo dinámicos. 2) El mantenimiento de los superávits gemelos se vuelve un muy buen indicador a la hora de decidir inversiones, ya que permite dar previsibilidad frente a la falta de escenarios rentables y seguros en el mundo. 3) La fuga de capitales empujada en gran medida por la incertidumbre electoral frente a buenas perspectivas de mediano plazo ha empezado a disminuir y es probable que esta disminución se consolide.

A modo de conclusión, la administración de los impactos en la crisis financiera desde la política económica ha sido acertada y estos aciertos se empiezan a reflejar en buenos resultados. Tal vez la principal crítica que deba hacerse es que falta trabajar bastante sobre la comunicación de estos aciertos para cambiar el actual escenario de incertidumbre.

* Economista de AEDA.

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