En busca de una coalición de centroizquierda

La propuesta de unirse en la Capital y dejar de lado las diferencias respecto del gobierno nacional es analizada por sectores ligados a Heller, Ibarra, Cerruti, Fuks y Tumini. Filmus aspira a reeditar el apoyo que tuvo en el ballottage. Los condicionamientos.
La pregunta que se formulan muchos dirigentes del centroizquierda encierra una autocrítica y al mismo tiempo un desafío. ¿Cómo puede ser que las fuerzas progresistas de la ciudad, que supieron ser mayoría y gobernaron el distrito por varios mandatos consecutivos, hoy tengan dificultades para presentar una propuesta competitiva para enfrentar a la derecha? Para no quedarse en el llanto melancólico sobre el pasado, la respuesta que va ganando fuerza se resume en dos premisas básicas: no repetir viejos errores, y ampliar la base política y social del sector hasta reunir a todo el espacio en una fórmula unificada. Esta propuesta reúne cada vez más adeptos en el complejo mundo del progresismo porteño, donde abundan las desconfianzas y las rivalidades. Pero la idea de unir a todos contra Mauricio Macri primero debe superar un obstáculo: las diferencias que se derivan del posicionamiento de cada uno ante el gobierno nacional.

A pesar de las dificultades, la propuesta de unirse en el distrito y dejar en un segundo plano los alineamientos nacionales parece ir creciendo en adhesiones. En eso coinciden el titular del Banco Credicoop, Carlos Heller, el embajador de Cascos Blancos, Gabriel Fuks, los legisladores Aníbal Ibarra y Gabriela Cerruti (ver nota aparte) y el dirigente de Libres del Sur, Humberto Tumini. También el senador Daniel Filmus comienza a dar señales en la misma dirección. Cerca de Filmus sostienen que la estrategia para las legislativas de 2009 debería ser reeditar la coalición que lo acompañó el año pasado en el ballottage contra Macri. En aquella oportunidad, todo el arco progresista, la Central de Trabajadores Argentinos y hasta algunos partidos de izquierda, como el PC de Patricio Echegaray, terminaron apoyando la candidatura de Filmus en segunda vuelta.

Pero no siempre es fácil repetir experiencias. Esta vez, la búsqueda de reunir en una misma expresión electoral a sectores kirchneristas y no kirchneristas deberá lidiar con un dilema quizás insalvable: declaraciones públicas de ambos lados que pusieron condiciones a las posibles alianzas, o que contenían frases críticas que inevitablemente complicarían el tendido de puentes. Desde el kirchnerismo, la frontera se propuso establecerla el titular del gremio de encargados de edificios (Suterh), Víctor Santa María. “El límite es Ibarra”, advirtió. Esa definición no tuvo demasiada aceptación en otros dirigentes K: sobre todo entre quienes no revistan en el PJ porteño. “No puede ser que nuestro límite sea Ibarra. En todo caso debería ser Rico”, salió a contestar Cerruti.

La idea de intentar una aproximación con Ibarra, pero no sólo con él, fue defendida también por Fuks. “Para ganar es inexcusable una autoconvocatoria entre el Frente para la Victoria, el bloque del SI, los socialistas, el Partido Solidario, el Frente Grande y también el Frente Progresista y Popular”, señaló en una solicitada. El Frente Progresista y Popular es el nombre de la agrupación creada por Ibarra. La propuesta de sumar al destituido jefe de gobierno a un espacio unificado del centroizquierda cuenta con la aprobación de otros dirigentes. El caso más obvio es Heller, quien comparte con Ibarra el espacio Diálogo por Buenos Aires. Lo mismo piensa Tumini, pese a que nunca tuvo sintonía con el ex jefe de gobierno (de hecho, fue funcionario de la gestión de Jorge Telerman).

“Si el progresismo se une, y no hay dos o tres representaciones, no es descartable que tenga una performance del 25 o 30 por ciento de los votos. Tenemos que unir a todas las fuerzas populares de la ciudad: Pino Solanas, Ibarra, Lozano, Roy Cortina y las múltiples expresiones del kirchnerismo no justicialista”, argumentó Tumini en diálogo con Página/12. Cerruti también cree que Ibarra debería formar parte de una alternativa unificada de centroizquierda, donde no influya tanto la posición ante la Casa Rosada. Para complicar el panorama, Ibarra no pierde la ocasión de alimentar las resistencias del kirchnerismo. “Hay un fuerte ánimo de rechazo al gobierno de Cristina en la clase media”, declaró la semana pasada.

Pero la idea de construir una opción única del centroizquierda va más allá de la discusión sobre Ibarra. La iniciativa está impulsando negociaciones que en otros tiempos hubieran parecido imposibles. Una muestra son los llamados que está recibiendo Solanas. A pesar de su discurso opositor, el fundador de Proyecto Sur aceptó conversar con emisarios del kirchnerismo. También lo está sondeando Ibarra, con quien la relación está mucho más avanzada. “Con el espacio de Pino Solanas tenemos muy buena relación política en la Legislatura”, contó Ibarra a Página/12. Otros contactos están dirigidos a los ex ARI, al socialismo y a la CTA. Estos sectores tuvieron coincidencias con el kirchnerismo en la estatización de los fondos de las AFJP y la nacionalización de Aerolíneas. “El nuevo escenario permite que haya un marco político de acuerdo en la ciudad, sin que lo nacional sea un estorbo entre el kirchnerismo y el resto de las fuerzas progresistas”, dijo Fuks. El diagnóstico es compartido por muchos. Su concreción es incierta.

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