Burros y repetidores

Es una suerte de karma feroz que cada intendente -Blas Aurelio Primo Aprile, Daniel Víctor Katz Jora y por supuesto Gustavo Arnaldo Pulti- repita hasta el cansancio el mismo modelo devastador para afrontar la realidad de Mar del Plata: someterse a los caprichos de Florencio Aldrey Iglesias.
Estamos a días de la elección de medio término y aún existen dudas sobre si GAP terminará su mandato. Él mismo reconoció que está ante una elección ajustada; el pasado 16 admitió ante los medios, en el contexto de una jornada de agobiante superficialidad política, que no está pensando en una elección cómoda, sino en una muy exigente. "No creo que Acción Marplatense pueda ganar por amplio margen", confesó.

Es que los números son crueles. GAP no logra remontar la indignación de su base electoral, que considera una traición su alianza con Néstor Kirchner; la comunicación que busca ocultar a Kirchner y sólo dejar en el centro de la escena el concepto Scioli - Pulti, no alcanza. En la calle, en los llamados a las radios, en los mensajes en las páginas web, la expresión de una traición no deja lugar a interpretaciones.

Por otra parte, basado en un sentimiento de difícil explicación, crece la adhesión a la figura de Vilma Baragiola, algo impensable hace unos meses. Detrás de ellos hay un "pelotón" -así lo definen los encuestadores- que reúne a Carlos Fernando Arroyo, Andrés Cordeu, Alfonso Basso, etc. Todos tienen una tarea increíble para llamar la atención del votante; difícil, en el caso de los seguidores de Margarita Stolbizer y Francisco de Narváez, que alcance con esperar que el arrastre los lleve a la banca en el Concejo.

En tanto este tiempo electoral transcurre, los temas irresueltos se acumulan. Nadie sabe nada de la rendición de cuentas de gastos para la realización de la final de la Copa Davis en el Polideportivo, menos aun de los resultados producidos por la comisión investigadora ad hoc por los eventos dañosos ocurridos con la bomba de Plaza Mitre. Y los problemas empiezan a sumarse unos a otros.

El verdadero jefe comunal, Florencio Aldrey Iglesias, teje y desteje. El hombre acusado de robarse hasta las cucharitas del Gran Hotel Provincial en su anterior paso como concesionario, sigue haciendo lo que sabe hacer como nadie: daño. El hotel, luego de una gran puesta en escena que contó incluso con la participación estelar de la Presidenta, está cerrado. ¿Por qué? Porque carece de sistemas adecuados de aire y calefacción. Es un gigante bobo que no tiene la infraestructura adecuada, que está mal planteado como negocio, mal gerenciado, y que además causa renovados inconvenientes a los vecinos de la zona.

Las barbaridades de Aldrey Iglesias, consentidas por éste y anteriores intendentes, han llevado, por ejemplo, al engaño de la ferroautomotora. El paso breve de Daniel Scioli por la ciudad para fotografiarse allí mostrando el "nosotros hacemos", permitió la foto consabida del intendente, los candidatos a concejales de AM, y la "runfla" mafiosa de los hermanos Trujillo rodeando como guardias de Corps al Gobernador. Lo que no pudieron mostrar fue una de las mentiras más torpes que se hayan conocido en Mar del Plata.

Horas antes de la llegada de Scioli, empujado por FAI, el intendente había puesto en marcha una operación que tenía por objeto demostrar avances en la marcha de las obras, al exhibir la partida de las personas que ocupan viviendas pertenecientes a Ferrocarriles hacia sus nuevos hogares. ¿Por qué no se hizo? Primó el sentido común de los ocupantes de las viviendas que, al advertir que serían usados en una maniobra electoral, se negaron, aun ante amenaza de participar en un fraude. La propuesta consistía en lo siguiente: los ocupantes de las viviendas ubicadas en los terrenos de la estación de trenes serían desplazados hacia sus nuevos hogares, aunque en realidad debían volver por la noche. Mis fuentes sostienen que por unas monedas se les requería que participaran en camiones que cargan muebles y efectos, con los medios allí, los diarios, etc. Y el agradecimiento a moco tendido a Scioli-GAP, obvio.

Las luminarias locales que imaginaron este dislate, junto al hombre que piensa y dirige Mar del Plata (Florencio Aldrey Iglesias), son de una catadura que deja a los patronos de "La Forestal" del Chaco a la altura de filósofos de alta jerarquía.

Lo dicho: burros y repetidores.

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