Una burbuja del gasto que puede dejar una herencia muy pesada

Por: Daniel Fernández Canedo

Néstor Kirchner hizo la cuenta rápido y sacó su conclusión: "Me sobran dólares para mantener el mercado cambiario bajo control, pero me faltan para garantizar el financiamiento de 2010".

El siguiente paso fue impulsar la decisión de tomar US$ 6.500 millones de las reservas del Banco Central para dejar en claro que el Gobierno quiere cumplir con los pagos de la deuda.

Los tenedores de bonos argentinos tienen más certeza de que cobrarán por su inversión.

Y los mercados empezaron a alinearse en el sentido de que la Argentina podrá tener en el futuro una tasa de interés menor.

Así, por la magia de la contabilidad, el Gobierno consiguió una línea de crédito adicional que despeja el corto plazo financiero. Pero que genera muchos interrogantes sobre lo que podrá venir después de 2011.

Una pregunta fundamental es si la decisión de cambiar el destino del 37% de las reservas disponibles del Banco Central es por única vez, o podrá repetirse.

El Gobierno ha dado sobradas muestras de que cuando necesita fondos los toma de donde pueda.

En el pasado, la suba de las retenciones a las exportaciones de granos y la estatización de los fondos de las AFJP fueron el inicio de un camino que ahora se consolida con el cambio de destino de una parte de las reservas.

En el corto plazo, también, esta decisión emite dos señales muy potentes.

Por un lado, es claro que el Gobierno decidió "coronar" el nivel del gasto público del año que viene.

Usar las reservas para conseguir financiamiento es buscar una vía para mantener las obras públicas, sin necesidad de conseguir dinero de otro lado.

También, supone evitar un ajuste en el gasto público que permita un retorno a una situación de superávit fiscal. Ese logro el Gobierno parece haberlo abandonado y sin remordimientos.

Uno de los pilares del modelo que comenzó en 2002 fue que al Tesoro entrase más de lo que saliese para generar una idea de robustez.

Hoy la política cambió y, al estar flotando la posibilidad de conseguir crédito, la prioridad oficial pasa por expandir el gasto público para impulsar el consumo en el mercado doméstico.

Eso también podría estar diciendo que Kirchner tomó la decisión de no llegar a un acuerdo con el FMI.

Mientras tanto, la apuesta a subir el consumo puede producir dos consecuencias a tener en cuenta.

Una de ellas es que se genere en los próximos dos años una "burbuja" de gasto público que le deje una herencia fiscal muy pesada al gobierno que venga.

Pero antes de eso, la inflación puede comenzar a jugar una mala pasada.

Para este mes, los estudios privados pronostican una suba del costo de vida superior a 1,5%.

Según esos cálculos, sólo por el aumento de la carne (el rubro explica 8% de la canasta minorista) la inflación de diciembre sería de 1%.

Si bien el INDEC sigue pregonando que la inflación anual es menor al 9%, el mundo de los negocios hace tiempo que se mueve con porcentajes del 15% al 20%.

Y esas cifras están marcadas a fuego en la cabeza de los gremialistas que comenzarán a discutir los aumentos salariales de 2010 a partir de febrero.

Más allá de lo que digan los políticos, siempre es bueno recordar que la inflación es el impuesto que más de lleno le pega a los pobres.

Y cuando el Estado da muestras de que está dispuesto a aumentar el gasto, los reclamos, muchos de ellos justos, no tardan en multiplicarse.

El punto a considerar es cómo atenderlos sin hipotecar el futuro. Pero eso no sería una prioridad para Kirchner.

El aquí y ahora se adueñó de las decisiones económicas y el viento de cola que viene del exterior va perfilando una reactivación para el verano.

Tanto es lo que viene de afuera que, a pesar del dólar quieto, la Argentina se prepara para lo que se cree será una invasión de turistas brasileños. Vendrían impulsados por lo barata que está la divisa en su país (1 dólar/ 1,75 reales) y optarían por gastarlas aquí. El verano llega con reactivación, pero, vale la pena insistir, para el crecimiento todavía falta un tramo largo.

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