Un buque ballenero partió en dos una lancha ecologista

Ocurrió en la Antártida cuando la lancha intentaba evitar la caza ilegal de los cetáceos
Un ballenero japonés partió en dos a una embarcación de alta velocidad utilizada por un grupo de ecologistas que intentaba desarticular el trabajo de los cazadores de cetáceos.

El choque fue en el territorio antártico de Australia e incrementó la tensión en aguas del océano, aunque no hubo heridos. El accidente ocurrió en 64 grados y 3 minutos hacia el sur, y 143 grados y 9 minutos al este.

Los seis tripulantes de la lancha Ady Gil- cuatro de Nueva Zelanda, uno de Australia y uno de los Países Bajos, salieron ilesos, señaló la asociación de defensa de la vida marina Sea Shepherd.

Los ecologistas aseguraron que la colisión no fue provocada pero Japón acusó al grupo de "sumamente peligroso". "Parece que el Ady Gil se está hundiendo y las posibilidades de recuperarlo son muy escasas", informó ayer la asociación a través de un comunicado.

Según la entidad, el ataque fue filmado. "El Shonan Maru N° 2, el buque ballenero, se puso en movimiento de repente y embistió deliberadamente el Ady Gil, arrancándole ocho pies (2,4 metros) de la proa", agregó la asociación, según publica el diario Clarín.

El Ady Gil tenía como misión hostigar a los balleneros japoneses para entorpecer su avance. De hecho, la tripulación del Ady Gil ya había lanzado bombas fétidas contra el ballenero nipón.

La Agencia Pesquera Japonesa asegura que el Ady Gil se acercó demasiado al Shonan Maru y redujo bruscamente la velocidad cuando cruzaba por delante de él.

"Estos actos de sabotaje que amenazan a los barcos balleneros de nuestro país y a su tripulación son sumamente peligrosos", señaló el ballenero. "Es totalmente imperdonable", añadió.

En los videos divulgados, tanto por el buque japonés como por los activistas, se ve chocar a los dos barcos mientras el ballenero apunta con cañones de agua. "El extremismo de Sea Shepherd se asemeja más que nada a un comportamiento criminal", denunció en un comunicado el Instituto japonés de investigación de cetáceos.

Bajo el pretexto de investigación científica, Japón no respeta la moratoria internacional de caza de ballenas en vigor desde 1986, suscitando en particular la ira de Australia y de Nueva Zelanda.

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